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domingo, 27 de abril de 2008

Diccionario Traductor Teísmo - Ateísmo.


Existen palabras en el habla castellana que forman parte de la vida cotidiana de millones de personas. Muchas veces nos referimos a una cuestión en particular, e independientemente de nuestra ideología, utilizamos para ello palabras que implican conceptos irracionales. Es obvio que muchas veces las utilizamos a sabiendas de su significación popular, pero ya se nos ha hecho tan cotidiano, que simplemente las mantenemos en nuestro vocabulario. A continuación enumeraré algunas de esas palabras y mencionaré su significado teísta y su contraparte atea.

Alma:
Significado teísta: Porción exclusiva del cuerpo humano, de naturaleza inmaterial, divina, incognoscible. Contiene el “yo”, es decir, los sentimientos, la personalidad, etc. Es inmortal.
Significado ateo: Resultado muy complejo de la actividad cerebral humana, debido a procesos fisiológicos, bioquímicos y fisicoquímicos de la materia. Engloba el conjunto de características humanas cuya naturaleza no es bien comprendida por el común de la gente y que, por ello, se les considera como divinas o inexplicables por medios científicos materialistas.

Amén:
Significado teísta:
Para la totalidad de creyentes, significa “así sea”, término proveniente del hebreo. Con esta palabra se concluye cualquier oración, con lo cual se encomienda todo a la voluntad de Dios.
Significado ateo: Amón o Amén, dios egipcio, fue considerado en determinada época como el dios supremo, el cual englobaba a todos los demás dioses de Egipto. Los hebreos, que tuvieron mucha influencia egipcia (demasiada, diría yo), heredaron los vestigios del culto al dios Amón, con la utilización de esta palabra. Así, el término amén no constituye más que un remanente de la ascendencia egipcia del pueblo hebreo.

Cielo:
Significado teísta:
Región invisible en donde se encuentra Dios y todas las almas en descanso. Se ubica más allá de la atmósfera terrestre (en verdad, no sé donde suponen que se encuentra).
Significado ateo: Denominación subjetiva que se le da a todo lo que nuestros ojos pueden ver al dirigir nuestras miradas hacia arriba. El “cielo” en verdad no es un lugar específico, sino que todo lo que vemos como cielo son componentes del Universo: galaxias, estrellas, gases atmosféricos (que por su espesor de varios kilómetros y, a causa de ello, la alteración de las ondas electromagnéticas provenientes del Sol, producen un color celeste), etc.

Corazón:
Significado teísta: Órgano donde se albergan los sentimientos humanos (ojo: sólo humanos).
Significado ateo: órgano del cuerpo humano que se encarga de bombear sangre a todo el cuerpo. No alberga en absoluto, ni es responsable de sentimientos de ninguna índole.

Dios:
Significado teísta: Ser omnipotente, omnisapiente y omnipresente que rige la totalidad de los sucesos del Universo. Conocido por su infinita bondad y comprensión hacia los humanos exclusivamente. Creador del ser humano y la naturaleza.
Significado ateo: Ser mitológico imaginario al que se le asignan numerosas cualidades humanas, tanto buenas como malas. Además, es una hipótesis muy difundida y defendida como real en el mundo actual. Creación del ser humano.

Ojalá:
Significado teísta: Se utiliza cuando se desea que suceda algo. Por ejemplo: “ojalá que te vaya bien”. Esta palabra proviene del término musulmán law sha’a Allah, que significa “si Dios quisiera”. Por lo tanto, cuando se menciona esta palabra, se deposita todo el futuro y el destino en la voluntad de Dios. Si uno dice “ojalá que no se muera”, por lo general se refiere a: “que no se muera si Dios quiere”.
Significado ateo: Simplemente el ateo sabe el origen de la palabra, y la utiliza por costumbre, pero dándole una connotación diferente. Por ejemplo: “ojalá que te vaya bien” quiere decir “espero que te vaya bien”; es decir, un deseo personal, que no trasciende a la realidad, pero que se dice como manera de alentar a la persona y de hacerla sentir bien y tranquila.

Moral:
Significado teísta: Conjunto de actos y formas de pensar que eviten afectar de forma negativa a los seres humanos, y que se encuentran regidas por alguna ley divina absoluta y universal. La idea es que la moral proviene de Dios, y por lo tanto, sin Dios no hay moral.
Significado ateo: Conjunto de códigos regulados por la interacción entre los seres humanos y la naturaleza y que buscan el bienestar general. Todo se rige en la máxima “no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan”. La naturaleza es amoral; ni moral, ni inmoral. Pero, los seres humanos, gracias a nuestra capacidad de raciocino y a nuestra conciencia, hemos sido capaces de tejer una serie de códigos de conducta generales a lo largo de nuestra evolución. Dicho código lo llamamos moral, y no tiene nada que ver con la idea de Dios. No se necesita ser creyente en Dios para ser una persona moral.

miércoles, 23 de abril de 2008

Ateismo o Agnosticismo, ¿Cual es más correcto?

Hay dos formas de llegar a dejar de creer en dios(es). Una de ellas, afortunadamente no muy común, es la desilusión personal. Esta desilusión puede deberse a factores diversos, pero entre los más comunes están la muerte prematura de un familiar, el abuso sufrido por otras personas, y en general, todo tipo de experiencias que puedan resultar dolorosas tanto física como emocionalmente. Muchas personas que experimentan algunas o varias de las cosas anteriormente mencionadas, llegan a un estado de resentimiento y desilusión hacia Dios, por “haber permitido que sucedan cosas malas”; es ahí cuando estas personas dicen ser ateas, es decir, que no creen en Dios. A primera impresión, y sin mayor análisis, se puede pensar que dicha persona realmente se considera atea, pero lo más probable es que no haya dejado de creer en Dios, sino que está profundamente enojada con Dios, hasta el punto que lo niegan tajantemente.
Esto me hace recordar un capítulo de la serie de televisión Dr. House, en la cual una monja le dice a House:

Uno no puede no creer en Dios y estar molesto con él al mismo tiempo”.

Y tiene mucha razón. En el caso de las personas que sufren una profunda desilusión, no es que no crean en Dios, sino que lo niegan por resentimiento y odio.
La segunda vía (y, en realidad, la única correcta) es el pensamiento racionalista y escéptico. Se requiere de algo de tiempo para despojarse de los velos religiosos que cubren nuestros ojos, para poder ver que las ideas religiosas y todo lo que ellas implican, como la existencia de Dios, la existencia del alma, etc., son sólo una ilusión; una “delusión” o un “espejismo” como las llamaría el biólogo evolucionista Richard Dawkins.
Un escrutinio escéptico y racional de la naturaleza en general, nos lleva a eliminar muchas de las hipótesis (como la hipótesis de Dios) que nos han acompañado durante todas nuestras vidas desde que tenemos uso de razón. Es así que analizando por nuestra cuenta con mucho sentido común, y a la vez leyendo y culturizándonos cada vez más, llegamos a la conclusión de que Dios no existe. Él fue creado por los hombres, y no los hombres por Él, como muchas personas argumentan. Muchas evidencias de tipo biológico, paleontológico, físico, astronómico, filosófico, arqueológico, entre otras, nos gritan a voz en cuello algo totalmente diferente a lo que las religiones nos han enseñado siempre: que el proceso evolutivo es el responsable de la totalidad de la diversidad biológica actual y pasada; que el concepto “Dios” representa los vacíos de nuestro conocimiento y nuestros deseos más profundos; y que algo que se considere sobrenatural y por lo tanto, absolutamente inexplicable, es sólo algo natural a lo cual no se le ha encontrado alguna explicación aún. Además, a esto último habría que añadirle que desde el momento que podemos percibir algo “sobrenatural”, entonces podríamos también estudiarlo de alguna manera, ya que se encontraría al alcance de nuestros sentidos, y con mucha mayor razón, de los aparatos tecnológicos.
Ahora, cabe reformular la afirmación con la que inició este artículo: hay dos formas de llegar a dejar de creer en dios (es), de las cuales una de ellas es incredulidad superficial debida a sentimientos, y la otra es incredulidad honesta debida a razones de peso.
Pero, dentro del segundo grupo, hay quienes dicen ser agnósticos y otros quienes dicen ser ateos. ¿Cuál es la diferencia entre ambos grupos?
Un agnóstico es aquel quien dice no creer en dioses de ningún tipo, pero que no puede asegurar ni su existencia ni su inexistencia. En verdad, no se puede probar la “no existencia” de algo, así que filosóficamente, alguien que no cree en dioses ni demonios es un agnóstico, como lo eran correctamente Bertrand Russell o Albert Einstein.
Pero, entonces, ¿qué hay de los ateos?
Un ateo es aquel que niega por completo la existencia de dioses de cualquier tipo; es decir, no cree en ningún dios. Entonces, ¿cómo un ateo puede autodenominarse ateo si filosóficamente no se puede probar la inexistencia de ningún dios? Como dice Richard Dawkins, si bien es cierto que no puede probarse la inexistencia de algo, lo que sí puede hacerse es determinar las probabilidades de existencia y de inexistencia de, en este caso, cualquier dios o ente sobrenatural. Así, dadas las abrumadoras evidencias a favor de la hipótesis de que Dios no existe, versus las nulas evidencias de que Dios existe, se puede decir que la existencia de un dios o dioses es altamente improbable; tan improbable, que para casos prácticos es más adecuado autodenominarse ateo en lugar de agnóstico, aunque el término agnóstico se refiere al "conocimiento de", mientras que el término ateo se refiere a la "no creencia en".
Por esto, yo me considero filosóficamente agnóstico y prácticamente ateo.

lunes, 21 de abril de 2008

La Religión y sus notables desventajas

Uno de mis proyectos a mediano-largo plazo es la publicacion de un libro acerca de las religiones mas importantes del mundo, sus influencias en las sociedades y el analisis del origen de la concepcion de un dios o dioses en diferentes culturas. Además, desde mi punto de vista de biólogo, abordaré este tema en relacion a la evolucion biológica y de las culturas humanas, y haré un breve análisis de la Biblia y otros libros religiosos a la luz de las ciencias biológicas y las ciencias históricas principalmente. A continuación les pongo la introduccion del libro (que aun no tiene título), la cual de hecho debe ser mejorada antes de la publicacion final:
.........





El hombre es aceptado en la iglesia por sus creencias

y rechazado por sus conocimientos.”

― Mark Twain.


Recuerdo muchos pasajes de mi niñez. Algunos muy vívidos, otros no tanto. Y seguramente algunos de ellos serán falsos recuerdos. Pero de lo que sí me acuerdo perfectamente es de la intolerancia (de la cual fui testigo en muchas ocasiones) que las religiones tienen hacia las ideas que desafían o contradicen sus dogmas.
Toda mi educación primaria, y parte de la secundaria, estudié en un colegio católico, administrado por curas y monjas de la orden de las Carmelitas. Debo decir que era un colegio muy bueno, en el cual predominaba gente del nivel socioeconómico medio-alto. En él aprendí muchas cosas que, lamentablemente para la mayoría de los escolares del país, no se brindaban en años inferiores, sino en los superiores; e incluso en muchos colegios, no se trataban nunca. Mi punto fuerte siempre fue el idioma inglés; lo aprendí sin mucho esfuerzo, a diferencia de otros temas como la física, por ejemplo. También era bueno en ciencias naturales y en cursos como matemáticas, aunque tenía también otras falencias como cualquier otro alumno.
Pero algo que en ese entonces no tenía muy en cuenta (y ahora sí), era el hecho de que, debido a que el colegio era administrado por una orden religiosa y, en su mayor parte curas y monjas estadounidenses, todo estaba basado en dos cosas: la religión católica y el patriotismo estadounidense[1]. Recuerdo que festejábamos todas las fechas especiales según el calendario católico: Semana Santa, el día de la Virgen María, y todas las festividades que se relacionaban con Dios, Jesús, la Virgen María y los santos. Por otro lado, recuerdo también que cada 4 de julio, ¡celebrábamos el día de la independencia de EE.UU.! Confeccionábamos banderitas de los EE.UU., y teníamos juegos y actuaciones todo ese día. Es justo mencionar, que obviamente, también hacíamos lo propio el 28 de Julio, día en que se celebra el día de la Independencia del Perú.
Haciendo un paréntesis, hay un detalle importante, que afectó mucho (para bien) mi forma de ver a las sectas y religiones, y sus dogmas[2]. En mi familia siempre se ha podido ver una diversidad religiosa no tan común entre las familias peruanas. Por el lado de la familia de mi madre, todos eran Católicos, mientras que por el lado de mi padre eran Adventistas del Séptimo Día. Ambas sectas pertenecen al Cristianismo, aunque, difieren en algunos detalles, importantes para ellos, pero intrascendentes según mi punto de vista. Por ejemplo, los católicos oran y brindan culto a los santos y a la Virgen María (además de a Dios y Jesús), y tienen como día de guardar el Domingo. Por su parte, los adventistas sólo adoran a Dios y a Jesús, y además guardan el Sábado.
Esta última diferencia, fue motivo de un acontecimiento anecdótico, sucedido en mi pubertad. Un día, casi a comienzos de 1994, cuando, si mal no recuerdo, yo cursaba el primer año de secundaria, nos tocaba la clase de Religión, materia que había llevado desde que inicié mi etapa escolar en 1988. La profesora de turno, era (como se acostumbraba en el colegio) una monja, aunque no vestía la indumentaria clásica de las monjas, sino que llevaba siempre un vestido diferente. Supongo que sería una novicia o algo así. Ese día, le comenté a la profesora frente a toda la clase, que en la Biblia decía que el día de guardar era el Sábado (tal y como lo hacían los adventistas), y que, por el contrario, no decía nada del Domingo, que era el día de guardar según los católicos. La verdad que a mí nunca me pareció trascendente esa diferencia, sino que la consideraba una simple variación que en nada afectaba al objetivo común. Pero, la profesora de Religión me respondió, de una manera totalmente inesperada para mi mente de 12 años (y aún ahora resulta así, para mi mente de veintitantos):

“¿Cómo dices eso? ¿Es que acaso no te ha enseñado el catolicismo que el día de guardar es el Domingo? No malinterpretes lo que lees, sin antes preguntarlo a algún entendido. ¡Mañana quiero a tus padres aquí! Tengo que hablar con ellos.”

No tengo que decir, que, en parte me quedé helado con esa respuesta, y en parte tranquilo porque sabía que mis padres no eran el tipo de personas que me amonestarían por hacer una pregunta con el objetivo de saciar mi curiosidad, siempre y cuando la haga respetuosamente. Obviamente el fundamentalismo de la profesora hizo que se sintiera ofendida con la tremenda “herejía” que había yo expresado. Esto me hizo pensar y decirme a mi mismo que una discusión de ese tipo es de lo más intrascendente que pueda haber. Que si el Sábado, el Domingo, el Lunes, o el día que sea haya sido elegido para adorar a Dios, ¿Qué importancia tenía eso? En mi mente de niño, me decía que en vez de elegir un solo día para alabar a Dios, podríamos utilizar los siete días de la semana para hacerlo, mediante acciones buenas y mediante muestras de cariño y respeto a mi prójimo.
Al día siguiente, mis padres fueron a hablar con la profesora. Y, tal y como yo esperaba, ellos se molestaron con ella por tratar de abolir mi curiosidad innata y mi ansia por eliminar el desconcierto ante tal contradicción. Pero lo único que pudo haber generado la actitud fundamentalista y extremista de aquella profesora, quizás haya sido una mayor confusión entre mis compañeros. Afortunadamente, mi pregunta era sólo para saber su opinión y para tratar de aclarar ese tema desde el punto de vista de un adventista con el de un católico, y no me afectó de manera negativa, sino que aprendí que hablar acerca de los dogmas de una fe diferente, a una persona que profese alguna fe en especial, puede ser en ocasiones ofensivo y objeto de profundo desconcierto.
Actitudes como estas fueron desfilando ante mí con el pasar de los años. De niño pude ver el fundamentalismo muy de cerca, como casi todas las personas, pero con la diferencia (enriquecedora para mí) de tener en mi entorno personas que pertenecían a diferentes sectas. En mi niñez, eran los adventistas y los católicos y hace pocos años, se unió a la lista el mormonismo. Debo decir que el fundamentalismo dogmático no se manifiesta en todas las personas, pero las ideas básicas de una u otra secta sí que lo manifiestan.
Este hecho, me proporcionó los diferentes puntos de vista de cada una de ellas, lo cual me fue sirviendo para comparar y tratar de sacar lo mejor de ello. En aquel entonces, creía en un Dios que respondía a nuestras oraciones, que realizaba milagros (en cierta medida, restringidos por y en la naturaleza, por algún motivo desconocido y desconcertante para mí), y que nos cuidaba de cualquier mal. A pesar de estas creencias, siempre fui muy escéptico con todo esto. En ocasiones mi fe crecía, quizás debido a motivos de tristeza o impotencia, pero por lo general, cuestionaba (en mi mente) las creencias que la religión en general profesaba. Posteriormente, cuando ya contaba con veinticinco años, llegó el momento de aventurarme a cuestionar de lleno dichas ideas e investigar y pensar de manera racional y en congruencia con los hechos naturales, llegando después de un tiempo, a darme cuenta de que el concepto de un dios o dioses, son producto de la imaginación y de la necesidad humana.
He comentado estos hechos y dilemas de mi niñez para entrar de lleno al tema de este libro: la religión[3] como factor influyente en la mente humana de dogmas etiquetados como sagrados e inmutables, y por otro lado, el tema de la existencia (o mejor dicho, la no existencia de Dios).
Es evidente que las religiones juegan un papel importante en las mentes creyentes, ya que las condicionan a creer y tener fe, es decir, a creer en algo a ciegas y en ausencia de evidencia alguna (e incluso, a pesar de las evidencias).
El tema principal de este libro, como ya dije, pretende ser el análisis racional de los hechos naturales y de los eventos sociales, de los cuales se desprende la conclusión de la inexistencia de Dios o de cualquier entidad sobrenatural, ya sean dioses, demonios, ángeles o fantasmas. Como tema secundario, pero no menos importante, discutiré el aporte negativo de las religiones del Mundo a la humanidad y su influencia sobre la gran mayoría de personas en la concepción de un Dios omnipresente, omnisapiente y omnipotente. Además destejeré algunas partes de la Biblia con objeto de mostrar su verdadera esencia: la violencia y la dominación de los más débiles por parte de otros grupos reducidos y “favorecidos” por Dios. Una cosa importante, es que el hecho de que la Biblia haya sido escrita por hombres y que ella misma constituya evidencia de su origen humano, no quiere decir per se que no exista Dios. Sin embargo, sí constituye un punto de partida interesante, ya que todas las religiones basan sus creencias y hasta la misma existencia de Dios en algún libro sagrado; en el caso de los cristianos y los judíos, la Biblia.
Desde mi punto de vista de biólogo, trataré de enfocar el tema de acuerdo al punto de vista científico y a las implicancias biológicas que incompatibilizan con la idea de un Dios personal.
Espero que este libro sea de ayuda para el lector y que le ayude a distinguir la ciencia, de la pseudociencia y la fantasía; nuestros deseos, de los hechos naturales; y por último, la ilusión de diseño biológico, de la explicación de la existencia y complejidad de todos los seres vivos lograda a través del proceso evolutivo.
Para concluir esta breve introducción, creo conveniente parafrasear al gran astrónomo y divulgador norteamericano, ya fallecido, Carl Sagan: “Afirmaciones extraordinarias, requieren de pruebas extraordinarias”.
Esta frase expresa con precisión notable el deber moral de los mismos dogmáticos de probar sus creencias o sus afirmaciones ante los demás, y no esperar que los no creyentes lo hagan. Si un científico sostiene una idea, es justo y necesario que éste lo haga con una base fundamentada en evidencias de algún tipo. Entonces, ¿acaso no deberían hacer lo mismo los religiosos?
Sin embargo, ya que ningún religioso está dispuesto a poner a prueba sus dogmas, este libro tratará de reunir la mayor cantidad de evidencias de que tanto la fe, como la religión y el concepto de dios, son producto exclusivo de los diversos fenómenos sociales y culturales existentes en la sociedad humana.

[1] Cuestión un poco absurda, dado que el colegio se encontraba en Perú, y no en los EE.UU.
[2] De aquí en adelante, denominaré sectas a grupos como los católicos, adventistas, mormones, evangélicos, etc.; y religiones a los grupos más grandes como los Cristianos, Musulmanes, etc. Las sectas, a mi parecer, sólo constituyen porciones divergentes de las religiones principales. Todas las sectas pertenecientes a una misma religión tienen muchas ideologías en común, y difieren entre sí solo en detalles.
[3] Al referirme a “la religión”, lo hago en alusión a todas las religiones existentes, y no a una sola, como se podría pensar.

viernes, 18 de abril de 2008

El Racionalismo y Nuestro Mundo. Parte III

Ciencias Naturales:
Dado que me encuentro en el área de las ciencias biológicas (ya que estudio Biología), puedo argumentar muchas cuestiones de la naturaleza que son incompatibles con la existencia de alguna entidad sobrenatural.

Alma: La existencia del alma o espíritu, es algo que la gran mayoría da por sentado. Para muchas personas, es algo inconcebible que el ser humano carezca de un alma o una esencia espiritual, a pesar de que su existencia no haya sido probada nunca, por más esfuerzos que se hayan hecho. Pero esta es una muestra más de las explicaciones simplistas que se pretenden dar para que el concepto de un Dios tenga sentido. Sin embargo, la existencia del alma acarrea más problemas de los que trata de resolver.
Empecemos por el punto de partida para que una persona pueda existir: la fecundación. Para que se produzca la fecundación deben existir dos células iniciales: un espermatozoide y un óvulo. En este proceso, ambas células se unen y recombinan su material genético para formar una sola célula que contenga por primera vez la totalidad del genoma completo del futuro individuo. Esta célula se llama cigoto. Lo que sigue a continuación son divisiones sucesivas. El cigoto se divide en dos células; cada una de estas dos células se vuelve a dividir en dos, y así sucesivamente, con lo que se tiene un crecimiento exponencial: 2 --> 4 --> 8 --> 16 --> 32 --> 64 --> 128...... y así sucesivamente. Llegado un momento, se tiene una masa de células llamada mórula, la cual contiene miles de células aglomeradas e indiferenciadas. Posteriormente se forma una estructura llamada gástrula que dará lugar luego a la blástula. Ambas, gástrula y blástula, consisten en miles de células aglomeradas, aunque se diferencian de la mórula en que ya se empieza a notar una diferenciación celular [5], apareciendo tres capas, las cuales darán origen posteriormente a los diferentes tejidos que conforman el cuerpo ya formado en su totalidad.
Ahora, la pregunta fundamental sería: ¿en qué momento aparece el alma? Evidentemente en todas estas fases descritas, el conjunto de células formadas no tiene mayor diferencia e importancia inmediata con otras células del cuerpo. Es decir, forman parte de un ser humano, pero no son un ser humano aún. Este conjunto de células son un ser humano en potencia, pero la mayoría de las veces en que se produce la fecundación e incluso la formación de mórula, gástrula y blástula, se produce un aborto natural (debido a factores de incompatibilidad o de la presencia de defectos en dicho grupo celular) imperceptible en casi todos los casos por la madre. Entonces, ¿Cuándo aparece el alma? Vayamos un poco más adelante en las fases del desarrollo.
Cuando ya nos encontramos en la fase de embrión, en donde poseemos muchas características propias del ser humano, aún no puede decirse que tengamos todas las facultades presentes en un individuo ya nacido. Aún no respondemos al dolor, ni existe el razonamiento, ni muchas otras cosas que consideramos exclusivas del ser humano. Entonces, la pregunta aún queda en pie: ¿en qué momento aparece el alma? ¿en qué momento nos convertimos en seres humanos con todas las facultades que ello implica? Se sabe que incluso después del nacimiento, carecemos de muchas de las características mentales que usualmente utilizamos para definir a un ser humano.
Así que, la respuesta a esto, nos lleva a decir que en ningún momento sucede la aparición de lo que llamamos alma. Además existe un problema adicional. ¿Cómo el alma, siendo esencialmente energía (según las descripciones de ella), podría albergar y generar tanta complejidad en cuanto a la mente humana y sus alcances? ¿Acaso una acumulación de energía (alma) puede generar mas complejidad que una estructura física como el cerebro humano, espectacularmente complejo y estructurado, y además de todo, producto de millones de años de evolución?
Existen muchas implicancias acerca de este asunto, pero mencionarlas acá, demandaría muchísimo más espacio del que tengo previsto. Aún así, es justo decir que nuestro complejo cerebro (formado por procesos naturales) es capaz de darnos facultades maravillosas y complejas. Toda esta complejidad es explicable por procesos naturales normales, aunque el ser humano, en su búsqueda de conocimiento y entendimiento, siempre ha querido atribuir lo que no entiende a fenómenos sobrenaturales. Pero, el hecho de no entender algo no implica que lo atribuyamos al ámbito de lo sobrenatural. A estas alturas de existencia de nuestra civilización humana, nos sorprendemos de la superstición y misticismo de nuestros ancestros, sin darnos cuenta de que hoy aún sobreviven ideas poderosas y masivas como la las religiones y Dios.
Antes se atribuía a poderes divinos e inexplicables el funcionamiento de la maquinaria celular (aún cuando a duras penas se conocía lo que era una célula). Hoy en día dicha maquinaria se encuentra bien explicada mediante procesos naturales que tienen que ver con la química y la física.
A todo lo que ignoramos le ponemos la etiqueta Dios, y quizás ese es uno de los motivos por los que el ser humano ha detenido en tiempos anteriores y detiene hoy en día su búsqueda de lo que somos como parte de la naturaleza.

Evolución: En cuanto al proceso evolutivo, se sabe bien que es un hecho de la naturaleza, gracias a evidencias de diversa índole como la geología, la paleontología, los métodos radiométricos, la genética, la anatomía comparada y la biogeografía. Aunque aún faltan cosas por investigar y entender con precisión, la ciencia permite ir descubriendo paso a paso y develando misterios poco a poco. El proceso evolutivo explica perfectamente la aparición de la diversidad biológica en la Tierra y también explica cada una de las estructuras bacterianas, fúngicas, vegetales y animales existentes. Estructuras como nuestro cerebro son explicadas por la selección natural y la asociación celular compleja que se da en la formación de diversos órganos.
A diferencia de lo que piensa la mayoría de la gente (incluidos los defensores del creacionismo), la evolución no se debe al azar. Si sólo el azar formara parte del proceso evolutivo, sería estadísticamente imposible que todos los organismos actuales, con sus estructuras complejas, se hayan originado como consecuencia del proceso evolutivo. Sin embargo, La evolución consta de varios componentes. Algunos aleatorios (azarosos) y otros no aleatorios. De hecho, entre los mecanismos más importantes de la evolución, los componentes no aleatorios son los más importantes. Mencionaré brevemente ambos tipos de componentes: Los componentes aleatorios de la evolución están representados por las mutaciones (las cuales se producen por factores como la radiación y como los errores en alguna etapa de la lectura del ADN para construir proteínas), la deriva génica (la desviación del equilibrio alélico [6] en una población y la propagación de genes no necesariamente “útiles”), y la recombinación genética (en organismos sexuales, cuando se combinan los genes de la madre y el padre en un solo cigoto). Por otro lado, el componente no aleatorio (y el más poderoso e influyente de todos) es la selección natural, es decir, la preservación de los individuos adaptados a su entorno vs la eliminación de los que no se adapten. Esta explicación es muy general, ya que existen muchos factores en la naturaleza que influyen en la selección natural. Con esto vemos que la persona que diga “no creo que hayamos aparecido por pura casualidad”, están en un grave error conceptual. La evolución no es casualidad.
Según la religión, el ser humano está creado a imagen y semejanza de Dios. Pero, ¿qué imagen y qué semejanza? Además, el ser humano (y todos los organismos biológicos existentes) están llenos de imperfecciones de diseño. Si los seres vivos hubieran sido creados por un ser divino, entonces no esperaríamos ver tal cosa. Sin embargo, dichas imperfecciones son totalmente previsibles desde el punto de vista evolutivo. ¿Y por qué? Pues porque un organismo dado posee estructuras formadas en base a estructuras preexistentes en sus antecesores y porque la adaptación se da con respecto a un medio ambiente y condiciones relativas al ambiente o hábitat donde se encuentra. Ningún organismo puede ser perfecto debido a que el acondicionamiento es óptimo para su ambiente natural, pero si se cambiaran las condiciones, dichas adaptaciones no funcionarían. Además de estas implicancias, existen otras muy evidentes en el ser humano, las cuales están muy bien explicadas por la evolución. En el ser humano existen altas tasas de males debidos a factores nuevos (en términos evolutivos) como el bipedismo. En adición a esto, otros factores como las enfermedades bacterianas y fúngicas o los parásitos naturales, se encuentran presentes en todo organismo biológico.
Muchos creacionistas rechazan la evolución como proceso formador de biodiversidad. Esto debido a que se contradice con la creación bíblica. Pero este rechazo se basa en ninguna evidencia y mucha fe. Incluso, a pesar de la evidencia, existe una tendencia a obviarla descaradamente. La explicación del origen de la vida y la diversidad biológica mediante la Creación especial, genera muchos mas problemas que los que pretende resolver. El Diluvio Universal es absurdo por muchas razones y la creación en seis días como menciona la Biblia es aún más inverosímil.
En la naturaleza existen muchos animales que se alimentan de vegetación y muchos otros que se alimentan de otros animales. Pongamos el ejemplo de un león y una gacela, depredador y presa, respectivamente. El león está muy bien especializado en cazar presas, mientras que la gacela está muy bien especializada en huir de los depredadores. Pero, ¿de qué lado está Dios, del depredador o de la presa? Si hubiera habido una creación mediada por Dios, ¿por qué razón existiría una relación interespecífica como esta? Más bien, se esperarían relaciones naturales de diferente índole a las existentes.
Y como reflexión, puedo decir que la diversidad biológica actual (incluidos nosotros) existe de la manera en que la conocemos debido a los maravillosos procesos naturales existentes y a las complejas propiedades de la materia. La explicación de la vida, del origen de esta, del ser humano, de las relaciones entre especies, del funcionamiento del cerebro, etc., basada en la acción e intervención de Dios, es sólo una explicación metafórica que responde a la ignorancia de la mayoría de la gente en cuanto a estos procesos, y que se debe a que como seres pensantes y curiosos, siempre necesitamos una respuesta a todo, y muchas veces en la búsqueda de respuestas, aceptamos inconscientemente respuestas basadas en ninguna evidencia y pura fantasía. Todos los seres humanos debemos detenernos a pensar en la naturaleza de una forma profunda y objetiva, ya que es en ella en donde vivimos y donde seguiremos viviendo como especie hasta que nos extingamos. Si no entendemos nuestro mundo natural, entonces, ¿quien puede hacerlo?

Antropocentrismo: El antropocentrismo se refiere a la tendencia del ser humano a considerarse como ser especial y como el centro del Universo. En muchas personas este pensamiento es evidente, mientras que en otras no tanto; pero lo cierto es que todos tenemos arraigado en el subconsciente dicho concepto. Es gracias a esta idea, que nacen las religiones (todas antropocéntricas) imaginando dioses antropomorfos, los cuales hicieron de nuestra especie, una especie única y especial, dotada de la capacidad y el derecho de dominar sobre todo lo que hay en la Tierra. Pero este concepto trae como consecuencia, mas perjuicios que beneficios, tanto para nuestra especie, como para todas las demás especies de seres vivos existentes y para el estado inmediato de nuestro planeta. El concepto de Dios y del ser humano como la vedette del planeta, constituyen representaciones evidentes de la naturaleza antropocéntrica del ser humano. Pensemos solamente en que existimos como especie (Homo sapiens) desde hace aproximadamente 4 millones de años. Mientras que nuestro planeta tiene 4500 millones de años y la vida apareció hace unos 3500 millones de años. A ver, saquemos la cuenta..... Sólo existimos en este planeta el 0,089 % del tiempo que tiene la Tierra, y el 0,11 % del tiempo en que existe vida en la Tierra. ¿No sería necio y ególatra pensar que somos especiales? Somos una especie recién llegada al mundo.
Es cierto que somos una especie única en cuanto a nuestras características y en cuanto a nuestro poder de manipular la naturaleza, pero todo eso, lo poseemos debido al proceso evolutivo y a factores tan diversos como el ambiente, la interacción de nuestros antepasados con otras especies, el clima, etc. Además, es totalmente falso que seamos la cumbre de la evolución, ya que el proceso evolutivo aún continúa; en todos los seres vivos e incluso en nosotros mismos. Un gusano actual es tan evolucionado como un león o como el ser humano, ya que todos somos provenimos de antepasados comunes (si retrocedemos en el tiempo lo suficiente). Todos los organismos existentes hoy en día somos igualmente evolucionados, ninguno es superior al otro. Todos los seres vivos actuales, desde las bacterias hasta los mamíferos (incluidos nosotros), constituimos la cumbre evolutiva en el contexto temporal actual.


Conclusión:
Dados los argumentos que he presentado y la gran cantidad de otros argumentos que no he incluido en este artículo, debo concluir que cualquier entidad biológica, cualquier estructura, por más compleja que esta sea, y cualquier complejidad en cuanto a los sentimientos y pensamientos humanos, se deben exclusivamente a fenómenos naturales y propiedades químicas y físicas de la materia. Por lo que el concepto inicial de un Dios que interviene en los asuntos humanos, y en general en todos los asuntos de nuestro Universo, pasa a convertirse en un concepto de un Dios imaginario, creado por el hombre para satisfacer necesidades puntuales en respuesta al desconocimiento de nuestro mundo, y que además no cumple función alguna en la naturaleza, mas que como efecto placebo en lo que respecta a la oración y a ciertos aspectos de la fe. Lo que quedaría sería, en todo caso, la idea de un Dios sin labor, o de un Dios que también podría llamarse “leyes y procesos naturales”. Pero, esta idea es totalmente inverosímil y no explica nada. Lo mismo se puede decir de otras entidades como los ángeles, los demonios, íncubos, súcubos, e incluso el mismo Satanás. Todos ellos, producto de la mente humana y de sus necesidades más básicas y del afán de nuestros ancestros por explicar el mundo (de manera incorrecta). Además la idea de un Dios infinitamente bondadoso que permita que solo unos pocos se “salven” y otros queden “condenados” me parece de lo mas inverosímil, partiendo del hecho de que él ya lo habría sabido de antemano (incluso antes de la supuesta creación). En todo caso, la posibilidad más plausible de la existencia de algún Dios, sería la de uno malvado; que permita la maldad de la gente y que haya creado el universo, el planeta, y todo lo que hay en él, pero dándonos evidencia de otra cosa, y con ello creando confusión y odios. Pero esta es solo una especulación sin base alguna. La realidad es que no existen evidencias de nada “sobrenatural”.
En lo que respecta al aspecto personal, por el hecho de haber reflexionado profundamente (cosa que sigo haciendo y seguiré haciendo) y haber llegado a una conclusión, no afecta de manera negativa en mi manera de ver el mundo, pero sí lo hace de forma positiva. Considero que como esta es la única vida que tenemos, hay que aprovecharla al máximo, y no dejar pasar el tiempo en vano. Respetar a las demás personas y vivir en paz con los demás es mi objetivo. Respetar a la familia y cultivar el amor existente entre los seres queridos y mi novia. Además tratar de entender a fondo el funcionamiento del universo, sobretodo en el área biológica, que es donde me desenvolveré toda la vida, es uno de mis mayores anhelos.


[1] La diferenciación celular se refiere a la especialización de las células en funciones diferentes. Ej: células musculares, células óseas, etc.

[2] Un alelo es una variante de un gen. Ej: Un gen puede ser el que codifique el color de ojos. Alelos de este gen para color de ojos pueden ser: alelo para ojos marrones, alelo para ojos azules y alelo para ojos verdes.

El Racionalismo y Nuestro Mundo. Parte II

Religión:
En cuanto a los argumentos que tienen que ver exclusivamente con la religión, enumeraré y explicaré algunos de los más importantes según mi parecer.

La Biblia: Este libro es considerado como sagrado y como la palabra de Dios revelada para los humanos. Primero que nada (y esto lo pienso desde la infancia), ¿cómo es que confiamos en que todos los libros presentes en la Biblia en verdad constituyen revelaciones directas de Dios a los profetas? ¿Por qué la gente cree en este argumento? A mi me parece que la autoría de los libros bíblicos es puramente humana, sin ninguna intervención divina. Es más, si se indaga en archivos históricos, nos daremos con la sorpresa de que muchos de estos libros fueron escritos con motivos de dominación de un pueblo sobre otro, o de alguna elite sobre las masas, o incluso para levantar el ánimo a sus coterráneos, frente a épocas difíciles (guerras, persecuciones, etc.). Los evangelios, por ejemplo, no son sólo cuatro como todo el mundo conoce, sino que son aproximadamente diez. Cada uno de ellos fue escrito por personas muy ajenas al entorno de Jesús, tanto en una escala espacial como temporal, ya que los autores de dichos evangelios no son los apóstoles de Jesús (como tradicionalmente se dice), sino que fueron escritos a partir de los años 70 a 100 D.C, es decir, ¡casi un siglo después de la existencia de Jesús! La razón por la cual las autoridades religiosas decidieron incluir en la Biblia sólo cuatro, fue porque eran los que menos se contradecían entre ellos. Los evangelios eliminados, en consecuencia, son convenientemente llamados apócrifos. Existen evidencias históricas de que el primer evangelio escrito fue el de Marcos, cuyo autor creía en demonios y posesiones, lo que influenció notablemente en dicho evangelio. Los tres evangelios restantes fueron escritos tiempo después, basados en el evangelio de Marcos. A pesar de ello, contienen elementos contradictorios entre sí.
El libro del Génesis, por otro lado, nos habla de la creación del Universo en solo 6 días. Este hecho (y la totalidad de lo argumentado en el Génesis) es totalmente irracional cuando se contrasta con la naturaleza y la evidencia geológica, paleontológica, biológica y astronómica. Explicar todo eso demandaría más espacio del que quiero utilizar acá, pero, por fortuna, es fácilmente verificable.
Ahora, podríamos tocar el tema de la moralidad. Este tema podemos dividirlo en dos partes: la moralidad del Dios de la Biblia y la moralidad del ser humano.
En la Biblia, podemos ver a un Dios con muchas caras y facetas, y en la mayoría de ocasiones, con rasgos muy alejados de lo que usualmente creemos. Por ejemplo, podemos ver en ocasiones un dios amoroso y comprensivo, aunque en muchas otras ocasiones apreciamos a uno colérico, vengativo, vanidoso, misógino, esclavista, etc. Para no dejar sueltos estos adjetivos, pondré ejemplos de ellos, presentes en la misma Biblia:

Lamentaciones 2, 5: El Señor llegó a ser como enemigo, destruyó a Israel; Destruyó todos sus palacios, derribó sus fortalezas, Y multiplicó en la hija de Judá la tristeza y el lamento. (Carácter colérico)

Deuteronomio 1, 34-36: Y oyó Jehová la voz de vuestras palabras, y se enojó, y juró diciendo: No verá hombre alguno de estos, de esta mala generación, la buena tierra que juré que había de dar a vuestros padres, excepto Caleb hijo de Jefone; él la verá, y a él le daré la tierra que pisó, y a sus hijos; porque ha seguido fielmente a Jehová. (Carácter colérico y egocéntrico)

Isaías 10, 24-26: Por tanto el Señor, Jehová de los ejércitos, dice así: Pueblo mío, morador de Sion, no temas de Asiria. Con vara te herirá, y contra ti alzará su palo, a la manera de Egipto; mas de aquí a muy poco tiempo se acabará mi furor y mi enojo, para destrucción de ellos. Y levantará Jehová de los ejércitos azote contra él como la matanza de Madián en la peña de Oreb, y alzará su vara sobre el mar como hizo por la vía de Egipto. (Carácter vengativo y genocida)

Isaías 14, 1-2: Porque Jehová tendrá piedad de Jacob, y todavía escogerá a Israel, y lo hará reposar en su tierra; y a ellos se unirán extranjeros, y se juntarán a la familia de Jacob. Y los tomarán los pueblos, y los traerán a su lugar; y la casa de Israel los poseerá por siervos y criadas en la tierra de Jehová; y cautivarán a los que los cautivaron, y señorearán sobre los que los oprimieron. (Carácter esclavista y vengativo)

Éxodo 20, 8-10: Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. (Carácter esclavista)

Génesis 6, 5-7: Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón. Y dijo Jehová: Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo; pues me arrepiento de haberlos hecho. (Carácter voluble y destructivo, además de una evidente falta de omnisapiencia)

Números, todo el Cap. 31: Notamos que el carácter de Dios es vengativo, salvaje, machista y extremadamente sangriento y cruel.

Oseas 13, 15-16: Aunque él fructifique entre los hermanos, vendrá el solano, viento de Jehová; se levantará desde el desierto, y se secará su manantial, y se agotará su fuente; él saqueará el tesoro de todas sus preciosas alhajas. Samaria será asolada, porque se rebeló contra su Dios; caerán a espada; sus niños serán estrellados, y sus mujeres encintas serán abiertas. Súplica a Israel para que vuelva a Jehová. (Carácter sangriento, autoritario y genocida)

2 Reyes 2, 23-25: Después subió de allí a Bet-el; y subiendo por el camino, salieron unos muchachos de la ciudad, y se burlaban de él, diciendo: ¡Calvo, sube! ¡calvo, sube! Y mirando él atrás, los vio, y los maldijo en el nombre de Jehová. Y salieron dos osos del monte, y despedazaron de ellos a cuarenta y dos muchachos. De allí fue al monte Carmelo, y de allí volvió a Samaria. (Carácter intolerante, sangriento y cruel)

Levítico 21, 16-24: Y Jehová habló a Moisés, diciendo: Habla a Aarón y dile: Ninguno de tus descendientes por sus generaciones, que tenga algún defecto, se acercará para ofrecer el pan de su Dios. Porque ningún varón en el cual haya defecto se acercará; varón ciego, o cojo, o mutilado, o sobrado, o varón que tenga quebradura de pie o rotura de mano, o jorobado, o enano, o que tenga nube en el ojo, o que tenga sarna, o empeine, o testículo magullado. Ningún varón de la descendencia del sacerdote Aarón, en el cual haya defecto, se acercará para ofrecer las ofrendas encendidas para Jehová. Hay defecto en él; no se acercará a ofrecer el pan de su Dios. Del pan de su Dios, de lo muy santo y de las cosas santificadas, podrá comer. Pero no se acercará tras el velo, ni se acercará al altar, por cuanto hay defecto en él; para que no profane mi santuario, porque yo Jehová soy el que los santifico. Y Moisés habló esto a Aarón, y a sus hijos, y a todos los hijos de Israel. (Carácter cruel, discriminatorio y engreído)

Génesis 22, 1-12: Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo. Al tercer día alzó Abraham sus ojos, y vio el lugar de lejos. Entonces dijo Abraham a sus siervos: Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros. Y tomó Abraham la leña del holocausto, y la puso sobre Isaac su hijo, y él tomó en su mano el fuego y el cuchillo; y fueron ambos juntos. Entonces habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto? Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos. Y cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató a Isaac su hijo, y lo puso en el altar sobre la leña. Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. Entonces el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único. (Carácter irracional y egocéntrico)

Sobre este último pasaje bíblico, me gustaría hacer un comentario. Evidentemente este relato constituye una leyenda creada por seres humanos, la cual pretende mostrar valores como el sacrificio personal por Dios y la obediencia hacia él. Pero analicemos un poco más en profundidad. Si en verdad hubiera tenido lugar este hecho, ¿acaso no sería un acto de bestialidad psicológica? Pongámonos a pensar en el pobre Isaac. Qué trauma psicológico tan grande para él hubiera sido que su propio padre haya pretendido entregarlo en sacrificio a un Dios con sed de sangre (como el que nos muestra gran parte de la Biblia). Aún considerando que al final del relato, Dios le dijo a Abraham que desista de su labor, el inocente Isaac ya habría sufrido tremendo daño psicológico. La única posibilidad de que Isaac lo hubiera tomado de buena manera, es que desde su primera infancia haya sido adoctrinado para morir por su Dios a cualquier precio. Aparentemente, y para el grueso de la gente creyente, sería lo correcto: morir por su Dios. Pero, ¿acaso no es eso lo que vemos día a día en el mundo musulmán actual? Sólo pensemos objetiva y profundamente sobre estos temas.
Volviendo al tema de la Biblia en sí, cabe remarcar que los libros en los que Dios es presentado como un Dios colérico, sangriento y vengativo en extremo (incluso más que en el resto de libros), son los libros de Levítico y Deuteronomio. Claro que, convenientemente las diferentes religiones cristianas aplican la famosa “ley del hielo” a muchos pasajes de estos libros con respecto a la moralidad humana.
Evidentemente, la moralidad humana no se basa en lo absoluto en la idea de un Dios y mucho menos en la Biblia. Supuestamente la moral y la ética que se practica hoy en el mundo occidental se encuentran basadas en la palabra de Dios, presente para los creyentes en los escritos bíblicos. Pero si analizamos estos escritos, nos damos con la sorpresa de que existen muchos pasajes como lo que he descrito anteriormente. Entonces, ¿en base a qué discernimos lo que es ético y moral vs. lo que no? Pues, se encuentra en nuestra naturaleza. Es evidente que poseemos algún mecanismo para distinguir lo bueno de lo malo, y dicho mecanismo se encuentra en nuestra naturaleza pensante y racional. La moralidad puede explicarse según tres razones favorecidas por el proceso evolutivo: 1. Las relaciones de parentesco genético, 2. La reciprocidad (dar algo a cambio de otra cosa), y 3. El beneficio de adquirir una reputación de generosidad. La estructura de nuestro cerebro es producto de procesos naturales como la evolución (entre otros). Poseemos intrincadas redes neuronales las cuales nos permitieron adquirir una facultad nueva en el mundo natural: la inteligencia y el raciocinio. Pero, ¿a qué costo pudimos adquirir este conjunto de características? Pues no hace falta ser muy observador para darse cuenta de que con respecto a los demás animales, los seres humanos cuentan con una serie de desventajas (afortunadamente suplidas por las facultades que nos proporciona nuestro complejo cerebro). Y, ¿cuáles son esas desventajas? Sólo enumeraré algunas: fuerza muscular deficiente; velocidad de carrera deficiente; oído, gusto, tacto, olfato y vista deficientes; alta frecuencia de enfermedades de la columna (como consecuencia del bipedismo [3]), entre otras más. Algo que remarco es que estas características son útiles para nuestro estilo de vida, pero son deficientes con respecto a otros seres vivos. Recordemos que las adaptaciones biológicas son relativas y no absolutas, como a veces solemos pensar. Relativas al medio ambiente, a la interacción entre especies, al nicho ecológico [4] y a la misma interacción entre el conjunto de características morfológicas presentes en una misma especie.
En este punto, creo que ya me desvié de los argumentos relativos a la religión y me he adentrado en el siguiente grupo de argumentos: los que respectan a las ciencias naturales. De todos modos, cabe aclarar que el hecho de que la Biblia presente una historia conceptualmente diferente a lo que estamos acostumbrados, no necesariamente implica la no existencia de Dios. Simplemente propongo este argumento como evidencia de que es un libro escrito por hombres e inspirado por hombres (y básicamente por el poder político y económico, ansiados a lo largo de toda la historia de la humanidad).


[3] El bipedismo, o la facultad de desplazarse en dos extremidades, fue un factor clave en el desarrollo cerebral, ya que permitió que las manos adquieran el potencial de desarrollarse para cumplir funciones diversas que hubieran sido imposibles en animales cuadrúpedos. Este desarrollo de las manos (como el notable desarrollo del pulgar oponible), dio lugar a cambios en la estructura y funcionalidad físicas y a un aumento del potencial evolutivo del cerebro.

[4] El nicho ecológico es el conjunto de funciones de una especie dada, es decir, el papel de una especie en un hábitat determinado (hábitos alimenticios, lugar de refugio, interacción con otras especies, etc.)

El Racionalismo y Nuestro Mundo. Parte I

Escribí hace algún tiempo una especie de carta-artículo para comunicar a mis padres los motivos de mi ateismo. Siempre hemos tenido bastante confianza como para hablar de todo, pero como este es un tema "especial", decidí hablar con ellos y contarles mis ideas, pero me pareció que un escrito complementaría la labor. Los argumentos que presento en el articulo, el cual dividiré en dos partes, no son todos los argumentos que poseo en cuanto a la creencia en Dios, pero me parece que son una buena introducción al tema. Como puede notarse al principio, utilizo una frase de San Agustín, la cual utilicé posteriormente para escribir "Las Ideas Erróneas de San Agustín", que es el primer artículo publicado en el blog. Que lo disfruten.


Escribo este pequeño artículo principalmente para contarles acerca de algo importante en lo que atañe a mi ideología y a mi forma de ver el mundo.
Podría empezar definiendo tres conceptos: teísmo, deísmo y ateísmo.
El teísmo consiste en la creencia en algún ser divino (llámese Dios, Alá, Yahvé, Jehová, Zeus, Thor, etc.) como creador y diseñador de nuestro universo; un ser espiritual omnipotente, omnipresente y omnisapiente, el cual interviene directa e indirectamente en los acontecimientos diarios de todas las personas y que además escucha nuestras oraciones, lee nuestras mentes y satisface en ocasiones nuestros buenos deseos y/o anhelos.
El deísmo es conceptualmente similar al teísmo, con la diferencia de que se le da la denominación de “Dios” al conjunto de procesos y leyes naturales de nuestro Universo. La diferencia principal de este con el teísmo es que una persona deísta no cree en un Dios que escuche plegarias, ni que actúe directa y conscientemente en los acontecimientos del mundo, sino que simplemente, utiliza la etiqueta de Dios para llamar así a la naturaleza en general.
Por último, el ateísmo consiste en la no creencia en divinidad alguna. Generalmente, las personas que llegan a este punto, lo han hecho después de años de análisis racional, objetivo y escéptico de los fenómenos naturales en general.
Una cosa que se puede notar fácilmente es que las personas ateas han pasado por todas y cada una de estas tres fases en una escala secuencial de la siguiente forma: teísmo ® deísmo ® ateísmo.
El concepto de Dios se transmite de generación en generación y por lo general se nos inculca desde muy pequeños, llegando a ser, después de poco tiempo, parte inherente de nuestra forma de pensar y de ver el mundo. Por lo general, las personas no se cuestionan nunca ni se pregunta demasiado acerca de cuestiones religiosas, debido a que existe un temor al castigo divino.
Como dijo San Agustín:

Existe otra forma de tentación; aún más cargada de peligro. Esa es la enfermedad de la curiosidad. Es ella la que nos impulsa a tratar de descubrir los secretos de la naturaleza; esos secretos que están más allá de nuestro entendimiento, que no nos proporcionarán ninguna ventaja, y los cuales el hombre no debería desear aprender

Esta es una muestra del pensamiento autoritario y retrógrado de toda religión con respecto a la curiosidad humana (¡tremenda bendición!, por cierto).
En este punto se hace necesario hacerse la siguiente pregunta: ¿Por qué no le conviene a ninguna religión que uno despliegue su curiosidad al máximo? La respuesta es muy simple: Porque las doctrinas religiosas se basan en la creencia a ojos cerrados en diversos conceptos (fe) y lo más notable, sin existir evidencia alguna de nada de lo que alegan (e incluso, a pesar de las pruebas). Si uno se pone a pensar profundamente y a preguntarse cosas acerca de nuestra existencia y de las muchas contradicciones existentes entre el mundo real que vemos día a día y las doctrinas religiosas y el concepto de Dios, entonces saldrán a relucir muchos cuestionamientos ante esta situación. Cuestionamientos que muchas veces no surgen, debido a una auto-represión inconsciente para pensar en cuestiones profundas de índole existencial y natural.
Hasta ahora no he avanzado mucho en el tema, pero creo que ya se habrán dado cuenta por donde va la cosa.
Una cosa que debo remarcar es que mi forma de pensar actual no se debe a ningún tipo de desilusión ni decepción ni influencia externa. Nada de eso. Durante años he estado pensando de manera oscilante e intermitente en este tipo de cuestiones, aunque en los últimos meses de manera más profunda. Las razones que me han llevado a no creer en Dios son de índole puramente racional, y cabe decir que trato de mantener la objetividad en la medida de lo posible. Desde hace un buen tiempo (algunos años) mi forma de pensar ha sido esencialmente deísta, aunque quedaban remanentes en mí del pensamiento teísta. Como dije anteriormente, el concepto está tan arraigado en la mayoría de humanos que es difícil hasta cierto punto dejar el teísmo por completo.
Muchas son las razones, que me han llevado a la no creencia. En lo que sigue enumeraré sólo algunas, ya que si me explayo demasiado, podría escribir un libro acerca de esto (no es mala idea...)
Antes de pasar a mis argumentos, creo prudente decir que la religión en la que uno se cría es algo relativo al sitio de nacimiento. Yo he nacido en un país en el que predomina el cristianismo, por lo que la influencia a la que he sido sometido (no solo yo, sino todos los nacidos en estas latitudes) ha sido netamente cristiana. Pero ahora pensemos un poco y supongamos que en lugar de haber nacido en el Perú, haya nacido en Arabia Saudita, en donde sería musulmán; o en la Grecia Antigua, en donde sería adorador de Zeus; o en la India actual, en donde sería politeísta. Pero, ¿acaso la verdad absoluta se encuentra en sólo una de ellas? Me parece que cada religión está construida en diferentes realidades y de acuerdo a experiencias culturales muy disímiles entre ellas.
Ahora sí, me parece conveniente separar mis razones de acuerdo a tres ámbitos diferentes: Sociología, Filosofía y Epistemología [1]; Religión; y Ciencias naturales.

Sociología, Filosofía y Epistemología:
En esta parte expondré las razones humanísticas, epistemológicas y filosóficas que me llevan a pensar en la no existencia de divinidad alguna.

Sentirnos protegidos: El ser humano siente la necesidad de tener algún apoyo o protección divina. Desde tiempos remotos, se han realizado rituales y ceremonias honrando a los dioses para así obtener la gracia de estos por medio de recompensas de la naturaleza: lluvias, climas favorables, suelos fértiles, etc. Durante cientos de miles de años, se ha arraigado en nuestras mentes una necesidad de sentirnos protegidos por alguna entidad divina, llámese Dios, Sol, Luna, Madre Tierra, etc. Incluso la evolución y la selección natural favorecieron el desarrollo de esta característica cultural. Nuestros ancestros crearon desde hace milenios la idea de un Dios (o dioses) y la propagaron y transmitieron hasta nuestros días, valiéndose de leyendas y mitos locales, o incluso metáforas y cuentos populares para dicho fin. Así que ahora, quizás para muchas personas sea algo duro pensar siquiera en un mundo sin un Dios.

La voluntad de Dios: Las religiones nos han metido en la cabeza desde tiempos históricos que nuestro destino está ya dicho, y que por lo tanto, lo que sucede es a menudo voluntad de Dios. Ahora, a partir de este punto surgen varios problemas. El primero lo explicaré con un ejemplo: Una persona tiene un familiar muy enfermo y se ora todos los días por su salud. Dicho familiar es sometido a intervenciones médicas y tratamientos para restaurar su salud, pero después de cierto tiempo, fallece. Ahora, un creyente diría: Fue la voluntad de Dios. Pero si nos ponemos en un caso alternativo en el cual el familiar se recupera y sana, entonces el mismo creyente diría: Fue la voluntad de Dios.... ¿No es absurdo dicho razonamiento? Me parece que sí.
Otro problema de la voluntad de Dios, radica en que si en verdad las cosas sucedieran por su voluntad, existiría una paradoja (incongruencia) entre Su voluntad y el libre albedrío que supuestamente nos da. Pongámoslo así: La voluntad de Dios es que fallezca un familiar para que así nosotros templemos nuestro carácter o nos fortalezcamos y aprendamos cosas, pero a la vez, si tengo que decidir algo en mi vida, ya sea bueno o malo, Él nos lo deja a nuestro libre albedrío, es decir, no interviene para nada, por lo tanto, no se haría su voluntad, sino la mía (eso significa libre albedrío ¿no?). Con esto, se evidencia claramente que las situaciones de la vida se dan por cuestiones probabilísticas o circunstanciales y por decisiones personales, y no por la intervención divina (o la no intervención divina). Además, si es que Dios existiera, ¿no estaría acaso aplicando la famosa Ley del Talión [2] con todos nosotros? Si hacemos cosas malas, nos castiga; si hacemos cosas buenas, nos premia. Personalmente, eso me parecería absurdo proviniendo de un Dios todopoderoso y omnisapiente.

La oración: La mayoría de los humanos estamos acostumbrados a realizar plegarias periódicas en las cuales conversamos con Dios y le agradecemos y pedimos diversas cosas con respecto a nosotros o nuestros seres queridos. Si Dios respondiera a nuestras plegarias como muchos argumentan y aseguran muy convencidos, entonces esperaríamos ver una tendencia estadística hacia la efectividad de la oración. Sin embargo tal evidencia no existe en lo absoluto. Si bien es cierto, muchas veces se cumple lo que pedimos, lo cual corresponde simplemente a cuestiones de rachas estadísticas (Una racha estadística se define como una secuencia de ocurrencias idénticas precedida y seguida de diferentes ocurrencias o de ninguna en absoluto. Para visualizar y entender mejor esto, pongamos un ejemplo: Una moneda tiene una cara (C) y un sello (S); ahora, supongamos que lanzamos la moneda varias veces. Un resultado probable podría ser: C - S S - C C C C - S S S - C C - S - C - S S - C En esta secuencia se pueden ver 17 lanzadas de la moneda, de las cuales salieron 9 caras, 8 sellos y 9 rachas. Existe una prueba estadística para determinar si las rachas se deben al azar o si algún factor externo intervino. De hecho, se han realizado investigaciones acerca de este supuesto fenómeno, pero los resultados han sido negativos para la oración. Por otro lado, si hubiesen resultados positivos, ¿no sería una evidencia contundente para afirmar con pruebas la existencia de Dios?, sin embargo, por mas que muchos científicos creyentes han estado detrás de estos estudios, no se ha logrado probarlo). Si hemos pedido algo a Dios y luego las cosas nos salen como lo pedimos, automáticamente tendemos a decir: fue obra de Dios. Sin embargo, no tomamos en cuenta explicaciones reales y más simples como la estadística y las probabilidades, las cuales explican los fenómenos naturales de manera precisa y satisfactoria.
Lo que sí hay que admitir, es que en muchas ocasiones, la oración sirve como una terapia de auto-sugestión que da resultados únicamente en el caso de alguna enfermedad psicosomática.

Pruebas divinas: Muchas veces decimos que las cosas suceden porque Dios nos prueba. A primera impresión suena lógico, pero si ahondamos más en el tema, no tiene sentido alguno. Me explico: ¿Qué necesidad tiene Dios, una entidad omnisapiente y omnipotente, de probar a seres inferiores en relación a él, si, como entidad omnisapiente y omnipotente, ya sabría de antemano lo que va a suceder o lo que vamos a decidir? Simplemente no hay respuesta, ya que tal situación no tiene sentido.
Por otro lado, como entidad omnisapiente y omnipotente, ¿por qué tendría que cambiar de parecer en algo? (véase el arrepentimiento de haber creado a los hombres para luego mandar el Diluvio Universal en Génesis; y muchos otros ejemplos en la Biblia).

Juega a los dados?: A la luz de estas reflexiones, cabe analizar un poco mas lo siguiente: Si asumimos como cierta la existencia de Dios, entonces aceptamos que Él nos prueba día a día y que permite que haya vida en la Tierra y que se desarrolle de muchas formas; si esto es cierto, ¿querría decir entonces que Dios juega a los dados con nosotros?, es decir, ¿qué necesidad tendría él para probar o ver nuestras reacciones, si supuestamente ya las sabe de antemano? La única respuesta razonable que puedo formular después de lo anterior es que somos un experimento, una especie de pasatiempo para Dios (si es que asumimos que existe).

Vacíos: Una cuestión que el ser humano hace y ha hecho desde tiempos remotos es llenar los vacíos de nuestro conocimiento con la idea de un dios o de varios dioses. La religión en general utiliza dichos vacíos o misterios para explicar (de manera nada objetiva) la existencia e influencia de alguna divinidad en nuestro mundo natural y social. La ciencia, de manera antagónica, analiza la naturaleza lo más objetivamente posible y utiliza dichos misterios de nuestro conocimiento para profundizar e investigar en ellos, llegando a convertir un misterio en un proceso conocido y explicable mediante leyes naturales. Mientras las religiones necesitan la existencia de misterios inalterables para explicar sus doctrinas, la ciencia utiliza los mismos misterios para estudiarlos, analizarlos y quitarles la etiqueta de misterio. En otras palabras, las ideas religiosas basan sus doctrinas en la ignorancia de la naturaleza y sus mecanismos por parte de nosotros, mientras que la ciencia nos permite salir de dicha ignorancia y tratar de entender mejor nuestro mundo natural. A lo largo de la historia humana, han ido develándose muchos misterios (antes considerados como cosas inexplicables y atribuidas a cuestiones divinas), lo que nos ha servido para ampliar los conocimientos que de la naturaleza tiene el ser humano. Personalidades como Galileo galilei, Copérnico, Darwin, Newton, Mendel, entre otros, fueron considerados en su tiempo como herejes por sus ideas contrarias a las impuestas por la religión. Ideas estas, que, con el paso del tiempo, vemos claramente que son congruentes con las leyes que gobiernan este Universo. Para nada el método científico es perfecto, ni pretende dar verdades absolutas, sino que es una herramienta muy eficaz en analizar un fenómeno, verificar su correspondencia con la naturaleza y sacar conclusiones de la manera mas objetiva posible. Y ahí no queda la cosa, sino que una y otra vez se pueden revisar las teorías y realizar correcciones en ellas o descartarlas si es necesario. En el otro extremo, la religión posee numerosos dogmas y doctrinas y pretende mantenerlos inalterables e inmunes ante cualquier escrutinio escéptico, lo que únicamente preserva la ignorancia e impide el avance del conocimiento humano.


[1] La epistemología designa el área de la reflexión filosófica que pretende responder a la pregunta: ¿En qué podemos conocer si un conocimiento es verdadero...?

[2] Ley del Talión: Ojo por ojo, diente por diente

martes, 15 de abril de 2008

Las Ideas Erróneas de San Agustín: Machismo, "Androcentrismo" e Ignorancia.

La Iglesia Católica ha sido la religión occidental más importante en los últimos dos mil años, y además la más influyente en la política, la moral, y en general, en la totalidad de la vida privada de millones de personas. Muchos personajes cerrados de mente han pasado por las filas del catolicismo, impidiendo así el avance científico y la libertad plena a la que todos tenemos derecho, e imponiendo dogmas retrógrados a la fuerza (aunque estos se contradigan con la naturaleza y aún con su propio libro “sagrado”).
Muchos personajes de estos han existido, pero uno en especial merece la atención de este análisis: San Agustín de Hipona.
San Agustín, aquel personaje considerado por la Iglesia Católica como santo, utilizó estas palabras para referirse a la curiosidad:

Existe otra forma de tentación; aún más cargada de peligro. Esa es la enfermedad de la curiosidad. Es ella la que nos impulsa a tratar de descubrir los secretos de la naturaleza; esos secretos que están más allá de nuestro entendimiento, que no nos proporcionarán ninguna ventaja, y los cuales el hombre no debería desear aprender

Imagínense qué tipo de conversación habría resultado entre Ud. y el dichoso San Agustín; una conversación aburrida, autoritaria y sin admisión de preguntas libres. Discutir con él acerca de religión o de metafísica, habría sido imposible por dos razones: la primera tiene que ver con lo anteriormente dicho; la segunda responde al hecho de que en su tiempo, San Agustín dedicaba parte de su tiempo a condenar como herejes (y por lo tanto, condenar a muerte) a toda persona que creyera cosas diferentes (o no creyera en absoluto) a lo que mandaba la Iglesia Católica.
Imagínese el lector, ¡qué tipo de mente podía proponer la supresión de la curiosidad humana! Es decir, ¿San Agustín creía de verdad que la curiosidad no proporciona ninguna ventaja en la vida? ¿Lo hacía? ¿O solamente utilizaba estas palabras de acuerdo a sus conveniencias y a las conveniencias de las autoridades eclesiásticas?
Tal parece que es lo último lo que ha movido a todos los personajes que desfilaron por los pasillos del catolicismo. No se puede creer que una persona desee de verdad anular una virtud tan importante en la vida como la curiosidad. O me diría San Agustín que él nunca sintió curiosidad acerca del carácter y naturaleza de Dios, o curiosidad por lo que la gente pensaba o por qué lo pensaba, o curiosidad por conocer más de su mundo (aunque sea a la manera religiosa, es decir, subjetivamente).
Sin la curiosidad humana, no habría existido avances en ciencia ni en ninguna otra materia, ya que es la curiosidad misma lo que impulsa al humano a aprender cosas nuevas y a hacer de su vida personal algo interesante y enriquecedor. Por supuesto que no me refiero a la curiosidad por lo que hacen las personas en su vida privada, ya que ese tipo de curiosidad tiene un nombre especial: chisme. Con curiosidad me refiero a nuestra capacidad y necesidad de aprender cosas nuevas, a nuestra capacidad de asombrarnos ante alguna nueva experiencia e ir más allá para conocerla y entenderla mejor. Este tipo de curiosidad es lo que motiva las vidas de las personas: la búsqueda por conocerse y entenderse a si mismos, por un lado, y conocer y entender la naturaleza, por el otro.
Sin curiosidad no hay conocimiento nuevo, y por lo tanto se logra un estancamiento del conocimiento, justamente lo que sucedió por aproximadamente mil quinientos años gracias a la acción de la Iglesia Católica.
Pero San Agustín no solo hizo comentarios acerca de la curiosidad humana, sino que habló prácticamente de todo lo que tenía que ver con el ser humano, aunque de manera claramente ignorante y despótica (como el Dios de la Biblia).
Su idea acerca de las mujeres era sorprendente para la mayoría de personas de hoy en día:

Las mujeres no deben ser iluminadas ni educadas en forma alguna. De hecho, deberían ser segregadas, ya que son causa de insidiosas e involuntarias erecciones en los santos varones.”

Es decir, ¡qué machismo tan extremo el que se reflejaba en sus palabras! O sea, el buen San Agustín tenía la idea de que el hombre era el sabio, el iluminado, el que tenía derecho exclusivo a la educación y al conocimiento, y el gran inocente del espectáculo.
En otra de sus citas puede verse más de esta “ideología”:

Es Eva, la tentadora, de quien debemos cuidarnos en toda mujer... No alcanzo a ver qué utilidad puede servir la mujer para el hombre, si se excluye la función de concebir niños.”

Es decir, porque al “santo” de San Agustín (valga la redundancia), las mujeres le provocaban erecciones vergonzosas, se atrevía a menospreciarlas de esa manera tan machista e ignorante. Al parecer no se podía dar cuenta de que ninguna mujer se daba siquiera por enterada de sus erecciones, mientras le echaba la culpa a terceros ¡de un proceso fisiológico natural que acontecía en él mismo!
Por otro lado, el buen Agustín evidentemente no respetaba en lo más mínimo a las mujeres, a ninguna. No respetaba ni a su madre, ni a sus familiares mujeres, y en general, a ninguna mujer. ¡Decir que la mujer solo sirve para concebir hijos es un insulto no solo a las mujeres de su época, ni siquiera a las mujeres de todas las épocas, sino que es un insulto a toda la humanidad!
Pero yo me pregunto, ¿si las mujeres sólo servían para concebir hijos, entonces para que servía San Agustín? ¿Acaso le era permitido siquiera tener descendencia? Pues la respuesta es NO. Muy probablemente esta aversión explícita a las mujeres haya derivado de experiencias personales negativas, además de influencias y creencias comunes propias de la ignorancia de la época en cuanto a la naturaleza en general, en este caso, la humana.
Afortunadamente, nos encontramos en una época en la que el conocimiento que tenemos acerca de la naturaleza humana (aún imperfecto), nos ha permitido liberarnos de viejos y absurdos tabúes impuestos por las religiones, y nos brinda de manera notable un panorama diferente en cuanto a cuestiones morales y de nuestra propia naturaleza y nuestra posición en ella.
Ahora sabemos que tanto el hombre como la mujer pertenecemos a la misma especie: Homo sapiens, y llevamos una relación de horizontalidad mutua, a diferencia de la verticalidad dogmática idealizada por siglos principalmente alentada por la Iglesia Católica.
Según este concepto, no existe sexo débil ni inferior; únicamente existen algunas diferencias fisiológicas, morfológicas y anatómicas naturales, comunes a todos los seres vivos sexuales. Esto se denomina dimorfismo sexual. Así como los leones, los elefantes marinos, las arañas, el pavo real y otros animales, presentan diferencias de este tipo entre machos y hembras, el humano también las posee.
Ni el hombre es superior a la mujer, ni la mujer superior al hombre; cada uno tiene características y funciones propias. Así es como nos moldeó el proceso evolutivo. Por ello, nunca más debemos referirnos a la humanidad como “el hombre”, sino como “el ser humano”, que es una denominación más justa y más libre de prejuicios e ignorancia.
Pero obviamente San Agustín no sabía todas estas cosas que hemos aprendido mediante el conocimiento científico, por lo que debemos juzgar sus palabras e ideas según la forma de pensar de su época. Como dijo Stephen Jay Gould acerca de James Ussher, arzobispo irlandés, quien determinó que la Creación tuvo lugar el 23 de Octubre del año 4004 a.C.:

Me dispongo a defender la cronología establecida por Ussher en tanto que un esfuerzo encomiable para su tiempo; y a argumentar que su pretendida faceta ridícula es fruto tan sólo de una lamentable pobreza de miras, nacida de nuestro hábito malsano de de juzgar un pasado lejano y distinto a la luz de criterios actuales.”

Pero evidentemente, el proceder de Ussher para llegar a esa conclusión fue científico, aunque la premisa de la que partió no lo fuera; mientras que San Agustín sólo se circunscribió al ámbito irracional de la teología. Así que, de todos modos, un poco de sentido común y de pensamiento racional, hubiera impedido a San Agustín, y a otros tantos, decir tantas barbaridades acerca de las mujeres, del sexo, del ser humano como vedette de la creación, etc.
No existen superioridades entre sexos, ni existe superioridad del humano sobre los demás seres vivos. Todos los seres vivos presentes en este planeta somos igual de evolucionados, ninguno es más evolucionado que otro ni superior a otro. Lo único que sucede es que cada uno ha seguido un camino propio evolutivamente hablando.

En su libro La Ciudad de Dios, San Agustín trata de explicar cómo fue la selección divina de las criaturas que debían entrar en el arca de Noé:

De modo que no se crea que hubo allí los que carecen de sexo, porque estaba ordenado que fuesen macho y hembra; pues hay algunos animales que nacen de cualquiera cosa, sin haber unión de macho y hembra, y después se vienen a juntar y engendrar, como son las moscas, y otros en quienes no hay macho y hembra, como son las abejas.”

¿A qué se refiere San Agustín? A la generación espontánea. Como dije anteriormente, ¿para qué servía San Agustín? Dentro de la inspiración que Dios le daba, ¿no podía siquiera darle un poco de información nueva acerca de cosas elementales como que no existe generación espontánea? Resumiendo, si la mujer solo servía para tener hijos (según él), él no tuvo hijos. Mujeres 1 – San Agustín 0. Pero él servía para transmitirnos el mensaje de Dios ¿o no? Si existiese Dios, podría haberle dado información correcta y corregir sus errores y los de otros en cuanto a cuestiones naturales diversas. Pero, como lo que él llamó inspiración divina solo estaba dentro de su cabeza, entonces, podemos decir que no servía tampoco para tal tarea. Mujeres 2 – San Agustín 0. Aún bajo su propio pensamiento, las mujeres ganan.

Como podemos apreciar, muchos mitos y malinterpretaciones de la naturaleza han regido nuestra cultura durante siglos, pero está en nuestras manos liberarnos de ellos. Personajes como San Agustín han hecho gala de mucha ignorancia y poca curiosidad, hecho que ha tenido consecuencias terribles en cuanto al desarrollo científico y a los derechos humanos a lo largo de los últimos milenios.
Hoy podemos preguntarnos: ¿en verdad queremos seguir viviendo así? Confío en que la respuesta de la mayoría sería un NO rotundo.

Originalmente publicado en http://www.sindioses.org/

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