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domingo, 31 de mayo de 2009

Me Retracto: ¡Jesucristo regresó!

Si dentro del ámbito religioso existen personas y acciones increíblemente descaradas, pues todas ellas quedarán empequeñecidas por el caso que comentaré a continuación.
Hace unos cuantos de días mi padre me mostró un pequeño papel que le habían entregado cuando iba por la calle. Se trataba nada más y nada menos que de un pequeño, sorprendente e indignante volante religioso, en el que se leía lo siguiente:


Después de leerlo rápidamente, lo primero que me causó fue mucha risa, y al mismo tiempo me dije a mi mismo que el “Mesías” José Luis de Jesús Miranda es una de dos cosas: un loco fanático que cree sinceramente que él es Jesús y que ha sido enviado por Dios para completar el famoso plan divino, o un total inescrupuloso, movido únicamente por su afán de lucro que lo hace hacer y decir algo que él mismo no se cree pero que, al fin y al cabo, importa menos que la popularidad y el beneficio económico que obtiene al aprovecharse de la gente que sí cree firmemente en él y que es vilmente utilizada para una serie de fines funestos.
Es decir, “Jesucristo II”, podría ser un demente que se cree el Mesías reencarnado en persona. Pero si el solo hecho de creerse Jesucristo reencarnado ya es símbolo de demencia, pues la cuestión se agrava cuando vemos que el mundo sigue tan igual (o peor) que lo que era antes que él nazca. Entonces, ¿dónde quedarían esas alegaciones de que el pecado fue quitado, el diablo destruido, y la iglesia está perfecta para siempre? Primeramente, “Jesucristo II” habla del pecado como si fuera una cosa tangible y como si tuviera vida propia; también habla del diablo como un ente real (y que resulta que no es más real que Dios o Papá Noel); y lo más sorprendente es que se refiere a una “iglesia perfecta”. ¿¿¿En qué mundo vive nuestro “Jesucristo II”???
Algo que particularmente me llama la atención de esta propaganda es que enumera unas cuantas citas bíblicas como argumento y evidencia de sus alegatos. Habría que analizar primero la fiabilidad e inerrancia de la Biblia, las cuales están, obviamente, siempre ausentes.
La segunda posibilidad es que este sujeto sea un descarado aprovechador, que es la posibilidad por la que me inclino más. Si existe un ámbito social que ofrezca – de manera constante – nichos vacíos por explotar, ese es el ámbito religioso. Y con tanto espacio por explotar, es obvio que existen también miles de personas dispuestas a aprovechar, a cualquier precio, los beneficios que se pueden obtener de tales “oportunidades” sociales. Entre estos personajes ávidos por obtener el mayor beneficio con la menor inversión, sin importar cómo se logre esto, está nuestro Mesías “Jesucristo II”.
Con solo alegar algunas cosas fuera de lo común y tomar a la Biblia como evidencia y apoyo de lo que se dice, se pueden hacer millones. Dinero contante y sonante en poco tiempo y con poca inversión intelectual y económica. De esta forma el dinero viene sólo, porque las personas caen en la trampa.
Lo que hace este personaje es simplemente aprovechar la tendencia natural de las personas hacia la credulidad y hacia el fanatismo y canalizarla de forma tal que el gran beneficiado sea él. Por supuesto, él sabe que lo que dice es falso, pero también sabe que manteniendo esa mentira y utilizando algunos versículos bíblicos a su favor, obtendrá y mantendrá la lealtad de algunos cientos o miles de fieles, los cuales aportarán grandes sumas de dinero a su iglesia, o lo que vendría a ser lo mismo, a su bolsillo. Y, para remate, los alegatos/evidencias que aparecen en el volante y que hacen referencia a citas bíblicas, están groseramente exagerados y sacados de contexto (consecuencia de la virtud infinita que la Biblia siempre ha poseído: ser “descontextualizable” y extremadamente ambigua).
Pero al margen de la desfachatez de “Jesucristo II”, hay que ver que si personajes como él tienen éxito, es porque existen millones de personas en el mundo que están prestas a creer a ciegas, sin evidencias, y a pesar de las evidencias, cualquier cosa que se les diga, sobretodo si tienen en frente gente que sepa cómo manejarlos emocionalmente.
Líderes hay muchos, pero, lamentablemente un gran porcentaje de ellos aprovechan sus cualidades de manera funesta, inescrupulosa y centrada en la fórmula “hacer cualquier cosa, aún a costa de otros, con tal de beneficiarme”.
Por todo esto, me gustaría gritarle una sola palabra a “Jesucristo II” y a otros como él: ¡ESTAFADOR!

martes, 12 de mayo de 2009

Un Todopoderoso No Tan Poderoso.

Es un argumento bastante común de los fundamentalistas religiosos el hecho de mencionar dos cosas puntuales para sostener que Satanás obra en contra de Dios mediante los actos humanos: lo malo que sucede en el mundo (de origen antropogénico) y el surgimiento de nuevos descubrimientos científicos y reflexiones filosóficas que contradicen al núcleo mismo de los dogmas religiosos – debido al carácter inherentemente antinatural de estos últimos.
Ante cualquier suceso nefasto ocurrido en el planeta, inmediata y obviamente se culpa y critica al autor de tal acción; hasta aquí la indignación tiene una justificación racional. Sin embargo son muchos los que dirán cosas como:

Esa persona está poseída

o

Satanás ha obrado a través de él para sus fines oscuros”.

La segunda situación a la que muchos fundamentalistas atribuyen la intervención de Satanás, es cuando se habla de algún tema científico o filosófico que va en contra de algún precepto religioso – siendo estos últimos usualmente diseñados para ser perpetuamente inmutables. Ejemplos de temas “polémicos” como estos son: el debate evolución-creacionismo, la comparación de la historia y la arqueología vs las historias bíblicas, el debate de la existencia de Dios, la homosexualidad, el origen de la vida y del universo, etc. Una vez más, muchos fundamentalistas religiosos dirán al respecto algo como:

Satanás obra en la mente del ser humano y lo aleja de Dios, mediante ideas alocadas, paganas y rebeldes, aún sin que el propio hombre se de cuenta de que está siendo manipulado y puesto en contra de su Creador”.

Sin embargo, estas argumentaciones están llenas de situaciones ilógicas e inconsistentes entre sí. Primero habría que plantearse el hecho de que todas las religiones y religiosos dan por sentado que Dios es infinitamente bueno y todopoderoso. Aún así, estos supuestos atributos de Dios se contradicen profundamente con la suposición implícita de la existencia de Satanás.
Si Satanás existiera, sería evidencia per se de una de dos posibilidades: O Dios no es todopoderoso por verse impedido de controlarlo o eliminarlo, o Dios es malvado por permitir libremente que un ser malvado manipule y dañe a sus hijos preferidos. Y eso sin contar con que Dios es considerado como un ser omnisciente, lo que llevaría a pensar que él ya sabía de antemano (aún antes de crear el Universo) todo lo que iba a suceder, incluida la famosa rebelión de Satanás contra él y su también famosa labor anti-Dios.
Ante estas dos posibilidades, me inclino a pensar que ninguna persona que practique alguna religión monoteísta deseará adorar a un dios malvado, sino todo lo contrario, a uno bueno. Por lo tanto, la única opción que quedaría para escoger sería la de un dios con poderes limitados.
Aunque viéndolo bien, un dios con poderes limitados no es un dios; al menos no el dios del monoteísmo. Entonces, a menos que los religiosos monoteístas quieran convertirse al politeísmo al estilo hindú o griego antiguo (en los que el poder de cada dios se ve limitado por los poderes de los otros dioses), debo concluir que ellos adoran a un dios con poderes limitados; un dios imperfecto.
En resumen, adoran a un ser que, para existir, debería cumplir una serie de requisitos que no encajan entre sí. Ese dios conformado por ideas y atributos que colisionan internamente en su lógica, es el dios del monoteísmo: aquel todopoderoso no tan poderoso.

jueves, 7 de mayo de 2009

Si Dios Nos Hubiera Creado...

Mucha gente habla del mundo como si fuera “Creación de Dios”, es decir, como si todo lo que existe en el Universo no fuera el resultado de procesos naturales (como evidencia el conocimiento científico), sino un gran milagro cósmico: la creación a partir de la nada de todo lo que conocemos – o por lo menos, todo lo que conocemos desde hace 6 u 8 mil años – por parte de Dios.
Sin embargo, hay muchos datos provenientes de la naturaleza misma que nos cuentan una historia muy diferente a la de cualquier suceso de creación espontánea: que nuestro universo y la vida contenida en él se ven sometidos a procesos evolutivos continuos e incesantes. Nada demuestra la intervención de Dios en ningún momento de la historia del Universo, e incluso hay muchísimas cosas y características de los seres vivos y del mundo físico que demuestran la ausencia de tal ente Creador, todopoderoso y omnisciente.
Pero, ¿y si Dios nos hubiera creado? ¿Cómo explicaríamos los numerosos sucesos naturales si asumimos que un ente divino todopoderoso y omnisciente fue el autor de la totalidad del Universo? La respuesta a esto es que la mayoría de eventos y procesos naturales serían absurdos y no tendrían razón de ser si Dios existiera; sólo constituirían caprichos o errores (¿?) de Dios.
A continuación, circunscribiré el análisis a nuestro planeta y analizaré brevemente algunos de estos sucesos naturales:

· Desastres naturales: En nuestro planeta, la Tierra, existen desastres naturales a diario; todos ellos provocados ya sea por algún desbalance en los equilibrios hacia los que tiende la naturaleza, o como producto de la dinámica que caracteriza a los procesos geológicos, meteorológicos y climatológicos, e incluso biológicos. Así, tenemos que existen inundaciones, terremotos devastadores, incendios forestales, etc. Si Dios existiera y hubiera creado todo lo que hay en la Tierra, ¿acaso no sería de esperar que, dada su omnisciencia, haya previsto que estos desastres iban a darse de manera tan continua? ¿no hubiera pensado Dios que, de existir estos desastres naturales, las probabilidades de que un ser vivo cualquiera muera serían mucho más grandes de lo que serían de no existir tales desastres? Si Dios hubiera creado el Universo – y por consiguiente, la Tierra – podría haber tenido algún mecanismo para que estos procesos no sucedan nunca, ya que se supone que nada es imposible para un ser como él; a menos, claro está, que el evento de creación se le atribuya a un Dios malvado y caprichoso, en otras palabras, el equivalente a un titiritero o un cirquero despiadado.

· Necesidad de Alimentarse: Todo ser vivo necesita ingresar en su cuerpo algún tipo de sustancia(s) particular(es) que le permitirá(n) generar compuestos y nutrientes necesarios para la realización de las rutas metabólicas que caracterizan a su metabolismo. Existen diferentes tipos de generación de alimentos y nutrientes: está la fotosíntesis en plantas y algas, las cuales necesitan solo algunos elementos esenciales y simples para la construcción de moléculas más complejas, y como parte importante de la mayoría de seres vivos, está la alimentación depredadora, que consiste en ingerir algún tipo de ser viviente para así poder transformarlo en moléculas más pequeñas y asimilables por las rutas metabólicas del depredador. Ahora, la pregunta de rigor: si Dios hubiera creado ¿acaso no hubiera pensado que el hecho de crear organismos que necesiten comerse a otros hubiera generado una situación indeseable teniendo en cuenta que en un inicio su plan era, presumiblemente, absolutamente perfecto, estratégicamente planificado e infinitamente bueno?

· Parásitos: Todas las especies vivientes poseen algún tipo de parásito, ya sean virus, bacterias, hongos, e incluso plantas y animales. Así, muchas bacterias y hongos se ven parasitados o infectados por numerosos tipos de virus; y en el caso de plantas y animales, sus parásitos pueden ser tanto virus, bacterias, hongos, y hasta ciertas especies de plantas y animales. Con esto vemos que existen parásitos pertenecientes a los cinco reinos de la vida. Un parásito no es otra cosa más que un organismo que vive a expensas de otro, perjudicándolo ya sea a corto o largo plazo. En el caso de los humanos, existen parásitos atroces que los atacan, como muchos tipos de virus y bacterias que causan serios desordenes inmunitarios, neurológicos e histológicos, hongos que causan lesiones severas a la piel, insectos que pueden perjudicar gravemente a una persona, causándole incluso la muerte, etc. Si Dios hubiera creado a todos los seres vivos y, por consiguiente, a los seres humanos, ¿no habría pensado en todo esto?

· Caries: Las caries son causadas por bacterias que utilizan los restos de alimento como sustrato para obtener sus nutrientes. Estas bacterias secretan sustancias potentes que destruyen las capas superficiales de los dientes. Esta asociación entre las bacterias generadoras de caries y el ser humano, se ha ido arraigando en el tiempo mediante el proceso conocido como coevolución. Cualquier relación interespecífica es mediada por la coevolución, en la cual una de las especies forma parte del entorno que determina cambios y adaptaciones en la otra. Evidentemente, las caries no aportan nada positivo a un organismo, por lo que esta y todas las relaciones de parasitismo, como ya hemos visto, son incongruentes con la idea de un Dios creador infinitamente bondadoso y omnisciente. Una vez más surge la pregunta ¿si Dios nos hubiera creado, no habría pensado en esto?

· Malestares y deficiencias físicas en el humano: Todos sabemos que el dolor que sienten las mujeres cuando dan a luz es muy grande. Este dolor es producto de la disposición y el tamaño de los huesos de la región cervical y pélvica de la mujer, los cuales han adquirido tal conformación a medida que el ser humano fue adquiriendo la condición del bipedismo. Como cualquier “mejora” o adaptación evolutiva, ella supuso una serie de ventajas adaptativas, pero como subproductos, también supuso una serie de desventajas manifestadas en dolor e ineficacia relativa (con respecto a otros animales) de muchas otras funciones. Otros males producto de los cambios morfológicos debidos al proceso evolutivo son, por ejemplo: reumatismo (debido a la postura bípeda); fuerza muscular y velocidad de carrera deficientes (debido a la alta tasa de encefalización y desarrollo cerebral, lo cual dirige gran parte de la energía disponible hacia el cerebro); oído, tacto, gusto, vista y olfato muy por debajo de los niveles encontrados en otras especies afines (debido también a la redirección de la energía hacia los procesos que se dan en el cerebro). Evidentemente, todo esto es perfectamente explicable y entendible bajo una perspectiva evolutiva; sin embargo, ¿si Dios nos hubiera creado, habría querido que la cumbre de su creación posea todos estos males y desventajas?

· Complejidad biológica: Toda la compleja y extensa red de interrelaciones bioquímicas y fisiológicas existentes en todos los organismos vivientes, son evidencia de la relación de parentesco – en diferentes grados – entre todos los seres vivos. Nuevamente, bajo una perspectiva evolutiva, todo esto es perfectamente explicable y tiene mucho sentido; sin embargo, si Dios nos hubiera creado, toda esta compleja red no tendría sentido alguno, ya que, ¿por qué razón haría un Dios creador a todas sus criaturas con una falsa evidencia de parentesco gradual (tanto morfológica como genéticamente)? ¿Acaso se asume que a esta entidad creadora le gusta plantar evidencia falsa para que sus hijos, los humanos, tengan muchísima evidencia del proceso evolutivo y que a la par carezcan de evidencia de la existencia del mismo ser que les dio vida? En resumen, si Dios nos hubiera creado, y si Dios existiese, podríamos catalogarlo como un ente que conspira contra sí mismo.

Muchas personas argumentarán que todo lo mencionado anteriormente tiene su explicación en que, algún tiempo después de la creación, el ser humano instauró el pecado, causando la degeneración y aparición de todos estos males, por lo que todo sería culpa del pecado del humano y no del bondadoso Dios. Sin embargo, surge una pregunta más a este intento fallido de tapar el Sol con un solo dedo: ¿Acaso Dios no sabía ya de antemano TODO lo que iba a suceder, incluyendo que el humano iba a pecar y todas las demás cosas que argumentan los religiosos creacionistas? ¿O es que deberíamos asumir que Dios sí lo sabía pero simplemente no le importó en lo más mínimo?
Después de contemplar estos y otros muchos más casos en la naturaleza, queda evidenciado que la popular frase – usada como argumento por muchos religiosos y creacionistas – “la naturaleza misma es evidencia de la existencia de Dios” debería ser cambiada a “la naturaleza misma es evidencia de la inexistencia de Dios”.

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