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Contribuye con "Naturaleza y Racionalismo"

viernes, 5 de febrero de 2010

Análisis Evolutivo. La Naturaleza de la Selección Natural. Parte I

Empezaré una serie de artículos referidos a la Evolución y extraídos textualmente del gran libro Análisis Evolutivo (Evolutionary Analysis, 2004) de Scott Freeman y Jon C. Herron.
Existen varias razones por las cuales me he decidido a copiar textualmente algunos fragmentos de este libro. Entre las principales, la imposibilidad de encontrar el libro en Internet y, más importante aún, la forma clara, concisa y esclarecedora en que es presentado el libro. Constituye una contundente fuente de información acerca de la evolución y sus procesos; de qué es y qué no es la evolución. A lo largo de todo el libro se presentan casos particulares y datos provenientes de investigaciones exhaustivas realizadas por diferentes investigadores en todo el mundo, referidas a aspectos evolutivos y la comprobación de sus postulados.
Por primera vez en el blog, tendré una serie de artículos, todos titulados bajo el nombre de “Análisis Evolutivo”, que no contenga comentarios míos (salvo algunas probables excepciones que serían indicadas debidamente).
Aquí les dejo el primer artículo de la serie. Espero que les sea de utilidad y que se deleiten como yo lo he hecho a medida que he ido leyendo el libro.



Aunque la Teoría de la Evolución por selección natural se puede exponer de manera concisa, puede ser difícil comprobarla rigurosamente en las poblaciones naturales, validarla y comprenderla a fondo. Una de las razones es que es esencial un proceso estadístico: el cambio de la distribución de los caracteres en las poblaciones. El razonamiento estadístico no es fácil para mucha gente y hay un número de ideas ampliamente compartidas acerca de la selección natural que son incorrectas. En esta sección nuestro objetivo es tratar algunos puntos clave acerca de cómo la selección actúa y no actúa.


La selección natural actúa sobre los individuos, pero sus consecuencias son poblacionales.

Cuando se seleccionaron las cepas del VIH al exponerlas al AZT, o cuando se seleccionaron las poblaciones de pinzones por cambios en la disponibilidad de semillas (ambos casos tratados ampliamente en secciones anteriores), ninguno de los individuos seleccionados (virus o pinzones) cambió en lo absoluto. Simplemente uno sobrevivieron al efecto de la selección mientras que otros murieron, o se reprodujeron más que los virus o pinzones competidores. Lo que cambió después del proceso selectivo fueron las características de las poblaciones de virus o de pinzones, no los propios individuos afectados. Concretamente, un mayor porcentaje de virus VIH de la población fue capaz de replicar en presencia de AZT, y una mayor proporción de pinzones tenía los picos más altos.
Dicho de otra manera, el esfuerzo por romper las semillas de Tribulus no hizo que sus cuerpos fueran más grandes, y la necesidad de transcribir RNA en presencia de AZT no cambió la composición de aminoácidos del lugar activo de la transcriptasa inversa. Lo que ocurrió es que aumentó el tamaño promedio del pico y del cuerpo en la población de pinzones debido a que los pinzones más pequeños murieron con mayor probabilidad que los más grandes y la secuencia promedio del lugar activo de la transcriptasa inversa cambió debido a que ciertos mutantes tuvieron una mejor oportunidad de fabricar nuevos virus.


La selección natural actúa sobre los fenotipos, pero la evolución consiste en cambios en las frecuencias alélicas.

Los pinzones de tamaño grande y picos altos habrían sido favorecidos durante el periodo de sequía, incluso si toda la variación de la población hubiera sido ambiental en su origen – es decir, si la heredabilidad hubiera sido cero. (La heredabilidad es la proporción de variación observada en una población que se debe a la variación de los efectos de los genes. Ya que es una proporción, la variabilidad varía de 0 a 1). Pero no se habría dado evolución. La frecuencia de los fenotipos observados antes y después de la selección habría cambiado, pero en la generación siguiente la distribución de lo fenotipos tendría que volver a lo que fue antes de la selección.
Ya que la evolución es la respuesta a la selección, sólo se da cuando los caracteres seleccionados tienen una base genética. La variación en el fenotipo de los pinzones, sobre la que actuó la selección natural, tenía una base genética. Por ello, la distribución de los fenotipos cambió en la generación siguiente.


La selección natural se observa mirando hacia atrás, no hacia delante.

Cada generación es el producto de la selección por las condiciones ambientales que prevalecieron en la generación anterior. Los descendientes de los virus VIH y de los pinzones que sufrieron la selección natural están mejor adaptados al ambiente dominado por el AZT o por las condiciones de sequía, respectivamente, que lo que estuvo la generación paterna. Sin embargo, si el ambiente cambia de nuevo durante la vida de estos descendientes, no estarían necesariamente adaptados a las nuevas condiciones.
Un error corriente es pensar que lo organismos se pueden adaptar a condiciones futuras o que la selección puede mirar hacia delante en el sentido de anticiparse a los cambios ambientales en generaciones futuras. Esto es imposible. La evolución se da siempre una generación después de cualquier cambio en el ambiente.

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