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Contribuye con "Naturaleza y Racionalismo"

lunes, 22 de septiembre de 2008

Cultura Popular e Ignorancia.

Supongo que muchas personas estarán de acuerdo conmigo y compartirán mi vergüenza y mi lamento cuando vemos que una gran parte de personas en el Perú (aunque esto se puede aplicar para casi todo el Mundo) creen en cosas irracionales y en magia barata.
Hace algunas semanas, jugaban las selecciones de fútbol de Perú y Argentina, en un partido válido por los Clasificatorios (porque decir Eliminatorias me sabe a idiosincrasia perdedora) al Mundial de Sudáfrica 2010. Días previos al partido, vi en la televisión reportajes que trataban de la brujería y el poder de los adivinadores para predecir el resultado del partido. Cantidades de brujos y chamanes leían sus vaticinios en hojas de coca, en cartas de tarot, y en cualquier otro objeto que se les ocurriera. Una cosa es que tolere las creencias personales de la gente, y otra muy diferente que tolere la imposición y generalización de esas ideas cuando sólo perjudican y detienen el desarrollo humano, tanto en el aspecto personal como en el intelectual. Pero lo peor de todo este fenómeno es que las grandes televisoras se prestan para dar cabida a este tipo de gente que, utiliza cualquier tipo de superstición para ganar algo de fama y algo de dinero. Si los medios televisivos, que influyen a millones de personas, transmiten con frecuencia (y aprovechando cualquier evento deportivo o político) este tipo de cosas, no es de sorprender que mucha gente, sobretodo la gente de niveles culturales bajos, crea que estas cosas son reales y que funcionan en verdad.
Pero no solo son estas cuestiones las que se pueden encontrar en la colección de irracionalidades que se transmiten en los medios masivos de comunicación (televisión, revistas, periódicos, etc.), sino que cualquier cosa que genere rating y dinero para tales medios es bienvenida, así contribuya negativamente al desarrollo intelectual del país; eso no importa cuando de dinero se trata.
Temas como la astrología, los ovnis, la brujería, las posesiones demoníacas, entre otras cosas, son la comidilla para las masas, para el pueblo. Eso lo saben perfectamente los medios masivos de comunicación, así que es evidente que no pierden el tiempo (ni que decir de sus ingresos).
Todo el tiempo me pregunto qué sucedería si en lugar de tratar insistentemente estos temas, predominaran los temas culturales: más documentales, más divulgación de la ciencia, más incentivo hacia el desarrollo intelectual personal de la gente. Y la respuesta a la que llego es: a un mundo con mucha menos ignorancia y mucho más criterio para discernir entre lo real y lo irreal, un mundo más libre de prejuicios, segregación, odios gratuitos, actitudes irracionales, etc.
Pero es evidente que lo que le conviene –en el corto plazo- a la gente que tiene el poder es lo contrario a este ideal. Lo que les conviene es lo que vemos día a día; les conviene que la gente sea más ignorante y que no piensen por sí mismos. Si esto no fuera así, sería más difícil manejarlos. Recordemos cuando Napoleón dijo que un pueblo sin religión era muy difícil de gobernar; que la religión era lo que mantenía quieta a la gente. De esto, podemos generalizar y decir que la ignorancia popular (porque las ideas religiosas implican la ignorancia de muchas nociones naturales fundamentales) y las creencias populares carentes de base y fundamentos reales son medios muy efectivos para el beneficio de unos pocos. Claro está que este beneficio se refiere al corto plazo, porque si estuviéramos acostumbrados a pensar a mediano y largo plazo (cosa que no les interesa a la mayoría de políticos y administradores del poder) lo más conveniente, tanto para el pueblo como para los propios poderosos, sería el aumento de la cultura y el racionalismo en la mayoría de la gente.
Pero volviendo al tema inicial de los brujos y adivinadores, quiero decir que no los culpo directamente. Ellos solamente se limitan a explotar para su beneficio propio las facilidades que les dan las cadenas televisivas, los medios de comunicación escrita, y una gran parte del pueblo, los cuales están altamente dispuestos a creer sin evidencias y a formar parte de este sistema carente de pensamiento libre (porque pensar libremente significa analizar las cosas escépticamente y no dejar que cualquiera nos maneje de uno u otro modo en base a alguna doctrina o idea descabellada).
Mientras la gente esté acostumbrada a dejarse llevar por la corriente como si se trataran de plancton a la merced de las corrientes marinas, el progreso de la humanidad tendrá un importante factor limitante. Toda idea irracional y absurda va a ser absorbida sin problemas por todas estas personas, lo cual constituye un fenómeno harto peligroso y perjudicial para cualquier sociedad humana. De hecho, es ésta la semilla de la gran mayoría de males sociales existentes en la actualidad. Pero los principales actores en un cambio de esta índole deberían ser aquellos medios de comunicación masivos. Yo creo que a la larga, todos ganaríamos si se diera una situación como la que propongo.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Los Sentimientos y las Emociones: ¿Contradicen a la razón?

Desde hace un par de semanas, sostengo un debate por correo con un amigo teísta. Como todo debate de este tipo, uno expone sus argumentos con respecto a un tema en particular y el otro responde con sus propios argumentos según su punto de vista. Muchas cuestiones salen a la luz y son motivo de controversia entre ambos; él expone sus argumentos en base a su teísmo y a algo de filosofía, pero los conceptos que él tiene del ateísmo y de la forma de pensar atea racionalista son en ciertos aspectos, erróneos. En una de sus últimas cartas, me hace el siguiente cuestionamiento:

“Si un ateo le da sentido a su vida en base a emociones y sentimientos, entonces significa que se contradice, ya que la razón y la lógica son opuestas a los sentimientos y emociones. Así, tanto los teístas y los ateos se basan en las emociones como forma de ver el mundo.”

Este cuestionamiento surgió cuando en una conversación anterior, le dije que el sentido de la vida individual lo hace uno mismo con las acciones y decisiones que se toman a lo largo de la vida; la suma de todo eso va a determinar el sentido de la vida personal. Por eso, si una persona decide no estudiar ni trabajar ni hacer nada productivo, su vida va a ser caótica y carente de sentido en ciertos aspectos; por el contrario, si una persona decide realizar actividades productivas, va a generarse a sí mismo un ambiente y un quehacer diario mucho más rico tanto a nivel profesional e intelectual como a nivel personal y emocional.
Pero, ahora quiero tocar el tema de fondo: ¿los sentimientos y las emociones en la vida de una persona, en verdad contradicen la razón y la lógica?
Para responder a esto, primero debemos analizar cómo es que ha evolucionado nuestro comportamiento. En diversas especies, sobretodo en aves y mamíferos, es bien notorio el hecho de identificarse a un grupo en particular. Este importante factor, influye mucho en las relaciones sociales dentro del grupo y en las jerarquías construidas dentro del mismo. Pero además de esto, los lazos interpersonales se refuerzan mucho, de acuerdo a cómo se relacionan los individuos dentro del grupo. Al igual que lo que podemos ver en especies aún existentes, en las especies que nos antecedieron evolutivamente podríamos haber encontrado una secuencia muy relacionada a lo antes mencionado: una etapa de formación de grupos, luego una etapa siguiente en la que las jerarquías y los papeles se iban diferenciando entre los diferentes individuos, y posteriormente una etapa en la que los lazos afectivos relacionados al parentesco y/o cuestiones de pareja sexual fueron creciendo en complejidad.
Después de haber realizado este breve análisis, podemos ver que una serie de comportamientos y actitudes en nuestra especie son producto del proceso evolutivo. De la misma manera, la capacidad de analizar el mundo, de crear conceptualizaciones abstractas, de razonar y muchos otros factores que caracterizan a nuestra especie, también han surgido por procesos de evolución del comportamiento.
Entonces, ahora, una vez que una persona utiliza la razón para analizar fenómenos sociales y naturales, está en todo su derecho y facultad plena de hacerlo teniendo en cuenta cuestiones sentimentales y emocionales, en el sentido en que se les puede analizar como parte del comportamiento humano. De todos modos, creo conveniente aclarar que, si bien las emociones humanas juegan un papel fundamental en nuestras sociedades y en el concepto que tenemos de nuestras vidas individuales y de las personas que nos rodean, es importantísimo separar las emociones y los deseos, de la objetividad y el análisis de los fenómenos naturales. Es decir, el proceso racional de analizar la naturaleza y buscar explicaciones en base a hechos y evidencias debe tener en cuenta a los sentimientos y emociones humanas (como parte de la serie de características de nuestra especie), pero deben, a la vez, hacerlas a un lado en el momento de realizar este análisis, porque si no fuera así, las posibles respuestas obtenidas estarían fuertemente condicionadas a los deseos y emociones del investigador o del observador, lo cual no reflejaría la naturaleza como es, sino como quisiéramos que fuese.
Entonces, un ateo puede darle sentido a su vida basado en cuestiones de la vida diaria, como los lazos afectivos construidos con otras personas, el desarrollo personal a nivel intelectual y laboral, etc. Todo esto carecería de sentido si no existieran las emociones y los sentimientos. Sin embargo, son los sentimientos de amor, orgullo, competitividad, autoestima, y otros muchos los que construyen el mundo del individuo dentro de una sociedad. Dos cosas son ciertas en este punto: Primero, un individuo aislado por completo de la sociedad permitiría que el sentido de su vida desaparezca, ya que no tendría otras personas con las cuales compartir vivencias y no tendría punto de referencia alguna con respecto a la felicidad o a la tristeza; a la competitividad o al conformismo; a lo bueno o a lo malo; en resumen, sería un individuo amoral (ni moral ni inmoral) debido a que para ser moral o inmoral se deben tener patrones con los cuales comparar normas de comportamiento. La segunda situación correspondería a un individuo o una sociedad sin sentimientos, lo cual produciría que el sentido de la vida sea inexistente; es decir, sería el equivalente a un robot sin sentimientos y carente de valores, de emociones y de metas personales.
Con todo esto, queda evidenciado que el sentido de la vida, ya sea de un ateo como de un teísta, se construye en base a sentimientos y emociones, no por ello quedando eliminados el raciocinio y la lógica. Incluso podemos ver que es lógico y razonable entender el significado de la vida individual como una proyección de las emociones (factores naturales y reales) al mundo natural. Entonces, es evidente también que, es erróneo afirmar que un ateo racionalista se contradice al asignarle un sentido a su vida basado en cuestiones emocionales.
Lo único que debemos tener en cuenta al hablar de sentimientos es ser concientes de una situación en particular, y poder separar los análisis objetivos de las emociones personales. De no hacer esto último, caeríamos en el riesgo de obtener infinidad de “verdades personales” (según el punto de vista que cada persona tendría) en lugar de obtener hechos reales y conclusiones basadas en evidencias.
Y para concluir, me parece adecuado y preciso parafrasear al gran Carl Sagan:

“Y si el mundo no corresponde en todos los aspectos a nuestros deseos, ¿es culpa de la ciencia o de los que quieren imponer sus deseos en el mundo?”

viernes, 12 de septiembre de 2008

El Cristianismo y sus Implicancias Diarias

Hoy en día vemos que la sociedad en la que vivimos está regida de manera importante y determinante por una religión, por el culto a un Dios y a muchos símbolos y costumbres que ésta religión trae consigo. Hablamos del Cristianismo.
El cristianismo aparece en la primera mitad del siglo I a partir de grupos judíos que predicaban y enseñaban acerca de un gran profeta, el llamado Hijo de Dios: Jesucristo.
Este fenómeno fue creciendo poco a poco, convirtiéndose con el tiempo en una de las principales religiones de la historia. Muchas tribus y naciones adoptaron este conjunto de doctrinas como propias, mientras que a otras les fue impuesta a la fuerza. Como todo movimiento religioso importante, el cristianismo tuvo desde sus orígenes una serie de visos políticos y su objetivo principal era manejar y controlar masas de gente.
En el camino, fue creciendo y degenerando. Así, fue tumbándose otras culturas, otras formas de pensar, conocimientos adquiridos que contradecían sus propias doctrinas, grandes mentes las cuales fueron torturadas y obligadas a no seguir con sus ideas revolucionarias, etc. En resumen, una gran ola de oscurantismo y silenciamiento generalizado y pandémico apareció.
Hoy en día, subsisten aun algunas de estas características, aunque mezcladas y camufladas con el pensamiento actual y las formas de vida actuales. Sin embargo, existen muchos aspectos que influyen importantemente en el nivel cultural de la gente, sus costumbres y, en una cuestión mucho más importante aún: el uso pleno de la razón humana.
Como ejemplos de esto podemos mencionar a las controversias en cuanto al aborto, la discriminación de los homosexuales, la discriminación religiosa, entre otros.
Mucha gente piensa que la ciencia y la religión pueden convivir armoniosamente, pero lo que sucede en verdad es que ambas son totalmente opuestas. Sin embargo, la gran mayoría de gente en la actualidad vive en esta ambivalencia contradictoria.
Se acepta generalmente a la ciencia y los conceptos científicos básicos, e incluso a la tecnología actual lograda en base al conocimiento científico, pero una vez que este conocimiento científico se trata de aplicar a cuestiones como las ideas religiosas y a lo que se conoce como pseudociencias (que se parecen a las religiones en sus afirmaciones absolutistas sin evidencia alguna), los ánimos se alteran. Muchas personas creen en una variedad de cosas irracionales sin fundamento y lo peor de todo, contradictorias entre sí mismas. Y el cristianismo lo aprovecha bien; aprovecha tal tendencia a creer y la falta de análisis de la gente para entrar profundamente en las sociedades y enquistarse y lavar los cerebros de millones de personas.
Si bien es cierto que el proceso evolutivo favoreció en nuestro linaje un sentimiento místico y religioso, tal etapa ya ha debido ser superada hace tiempo, ya que el conocimiento de la naturaleza en general ha aumentado bastante en los últimos siglos, lo cual, en teoría, nos debería haber liberado de miles de supersticiones y cuentos fabulosos. En cambio, lo que se ve hoy en día (y lo que se ha visto durante los últimos dos milenios) es una eficiente manipulación de las masas de gente en base a las doctrinas cristianas. La gran Iglesia Católica es la dominante por excelencia dentro de todos los grupos cristianos existentes, y lo que nos muestra aún hoy es una alta politización que se evidencia sobretodo en sus altos representantes. Lo mismo sucede con otras denominaciones cristianas ya que, en menor grado, utilizan el poder que les dan esta serie de creencias y tradiciones para abonarse algunos centavos (aunque debería decir varios millones de dólares al año, libres de impuestos). El cristianismo es una religión, pero también es una institución política extremadamente eficiente y altamente generadora de divisas -claro está, para el beneficio de sus esferas internas.
Además, las doctrinas cristianas se podrían calificar de anticientíficas, antinaturales y promotoras de la ignorancia y el conformismo intelectual absoluto. Utilizan conceptos tautológicos por doquier, y atropellan cualquier tipo de conocimiento científico, a menos que la situación sea muy evidente, en cuyo caso aceptan a medias algunas evidencias científicas naturales.
La profunda ignorancia científica produce grandes problemas sociales, ya que el entendimiento errado de la naturaleza puede llevar a tomar decisiones erradas y actitudes antihumanas y en contra de los derechos humanos.
Hoy en día, una persona occidental moderadamente religiosa y perteneciente al cristianismo se podría describir a sí misma como sigue:

“Creo en Dios y en Jesús como su hijo que murió por nosotros para librarnos del pecado original y el pecado futuro. No creo que Adán y Eva hayan existido, sino que son parte de una especie de metáfora para explicar nuestros orígenes. Pienso que el proceso evolutivo es un proceso real, pero que es guiado por la mano de Dios, el cual hizo que a partir de organismos simples podamos evolucionar hasta llegar a ser seres humanos, a su imagen y semejanza. Creo que los valores y la moral se fundamentan firmemente en los preceptos cristianos y que ellos son vitales para mantener una sociedad libre y justa.”

Esta auto-descripción hipotética refleja las contradicciones mencionadas anteriormente. Y nótese que he simulado el pensamiento de una persona promedio moderadamente religiosa. Sólo habría que extrapolar e imaginarnos qué pensaría una persona extremadamente religiosa y veríamos que las consecuencias serían aún más marcadas y peligrosas. De todos modos, quiero mostrar cómo es que el pensamiento religioso cristiano se contradice con el conocimiento científico; sin embargo habría que tener en cuenta también el hecho de que una persona extremadamente religiosa no se contradice tanto en su ideología, a diferencia del religioso moderado que, por comodidad o aparente sensatez, resulta contradecirse más a sí mismo en su forma de ver el mundo. Pero quiero remarcar de todos modos que un religioso extremo cree en cuestiones que se contradicen con la realidad. Entonces, volviendo a lo anterior, ¿de qué consecuencias hablamos cuando tenemos en cuenta estas contradicciones? En la auto-descripción podemos notar que la persona cree en Dios y en que Jesús murió para resarcir el pecado original; además dice no creer en la existencia real de Adán y Eva. El problema con esto es que, si Adán y Eva no existieron, entonces tampoco lo hizo el pecado original; si no hubo pecado original, ¿entonces significa que Jesús murió por nada? ¿Jesús murió por un pecado inexistente? Evidentemente es altamente contradictorio; sin embargo, muchas personas creen de la misma manera en que lo hace el personaje hipotético.
Ahora, la evolución biológica contradice totalmente cualquier idea religiosa, por lo que afirmar que se cree en ambas cosas es algo absurdo. Por ejemplo, bajo la luz de la biología evolutiva, los conceptos con fundamento religioso como el alma, Dios, etc., quedan en el aire. No hay ninguna explicación satisfactoria real para estos conceptos y menos aún si se toman en cuenta los procesos evolutivos. Adicionalmente, el ser humano no es para nada el pináculo de la evolución; este proceso natural prosigue aún hoy en día, pero desde nuestra limitada perspectiva temporal, tenemos la ilusión de que los organismos actuales son la cumbre evolutiva. Una vida humana es tan corta comparada al tiempo geológico que no podríamos visualizar cambios evolutivos ni siquiera en varias generaciones; y con visualizar me refiero a rasgos que puedan verse físicamente, rasgos fenotípicos morfológicos notorios. Los cambios evolutivos se pueden evidenciar de una generación a la siguiente cuando se analizan los genomas de los individuos y de las poblaciones. Pero, volviendo al tema, la cuestión es que el proceso evolutivo no tiene un sentido predeterminado; no somos el objetivo trazado por el proceso evolutivo, solo somos una de las miles de millones de especies que han poblado este planeta y estamos solamente de paso por este planeta, al igual que todas las demás especies con las que compartimos la Tierra en la actualidad.
Finalmente, nuestro personaje hipotético afirma creer en que los valores y la moral residen en las doctrinas cristianas. Evidentemente está equivocado, ya que la moral y los valores que puedan existir en una sociedad son el producto de procesos de evolución del comportamiento. Todas las especies tienen comportamientos característicos y la mayoría poseen reglas de convivencia dentro de una comunidad específica. Así, la moral humana ha evolucionado gradualmente como parte del comportamiento de nuestra especie y ha adquirido características más o menos definidas dentro de las diferentes sociedades. El problema fue que, cuando las ideas religiosas surgieron, ambas se asociaron de una manera tal que, separarlas hoy en día, puede resultar imposible para muchas personas; lo que en verdad ha sucedido es que se ha creado una especie de falsa interdependencia, la cual es alimentada por la formación religiosa general existente en nuestras sociedades.
Con todo esto vemos que las doctrinas del cristianismo son contradictorias con la naturaleza misma y con el conocimiento científico; además sus implicancias en la vida diaria de las personas pueden convertirse en un grave obstáculo al desarrollo de las sociedades humanas, debido a que en lugar de buscar unión y eliminar los prejuicios existentes en base al mal entendimiento de la naturaleza en general, se genera discriminación e intolerancia basadas en preceptos religiosos primitivos altamente contradictorios entre sí y altamente contradictorios con el mundo natural.

jueves, 11 de septiembre de 2008

¿Esperanza para el Planeta?

Hace unos días encontré en casa uno de esos folletos que reparten algunas sectas cristianas, y me encontré con uno en particular que pertenecía al movimiento adventista que llevaba como título “Viva con Esperanza”.
Es común que le regalen a uno este tipo de folletos en la calle, y por eso en mi casa hay unos cuantos, los cuales a veces leo con detenimiento para ver qué cosas subjetivas, disparatadas, y alejadas de la ciencia se dicen en ellos.
Un artículo que me llamó la atención fue uno que se titulaba Esperanza para el Planeta. En él se habla del medio ambiente y la ecología, y los problemas que existen en la actualidad que afectan drásticamente a nuestro planeta. El artículo empieza hablando acerca de estos fenómenos tan conocidos por todos, como el calentamiento global, el efecto invernadero, la destrucción de la biodiversidad biológica, etc.
Correctamente se dice que las industrias y los estados han sido más cautelosos en los últimos años con el tema medioambiental y que han aportado de cierta manera en lo que se refiere al cuidado del mismo. Además se exhorta a la gente común a que cada uno aporte con su granito de arena para evitar más contaminación y la destrucción de nuestro ecosistema. Hasta ahí todo bien, ya que sirve para informar a la gente acerca de este gran problema y a la vez para promover el cuidado de nuestro planeta. Pero a partir de este punto empieza el esperado tema de fondo: la Biblia y Dios.
Justo a partir de la segunda mitad del artículo se empieza a hacer mención a un tema específico: que la esperanza del planeta reside en Dios y en lo que dice la Biblia. A continuación voy a citar un extracto en el que se hace mención a esto:

“En un libro reciente, los ambientalistas Ted Nordhaus y Michelle Shellenberger sugieren que la salvación del planeta está en la tecnología. En parte tienen razón; pero la gran esperanza viene de otra fuente. La Biblia presenta el sueño de un nuevo mundo con aire puro, agua vivificante e inagotable, naturaleza exuberante, ambiente perfecto. La Tierra será recreada de nuevo. Pero, quien va a hacer eso es Dios y no el ser humano. Dios es la verdadera esperanza para la crisis del planeta.”

Bueno, al menos se hace mención al “ser humano” y no al “hombre”.
De todos modos, lo que se dice en este párrafo podría sonar poético o ideal, pero está muy lejos de serlo. Las implicancias de este tipo de pensamiento pueden ser mucho más perjudiciales que beneficiosas, tanto para nuestra especie como para la situación del planeta en general. Si no es la tecnología y las decisiones humanas lo que pueden revertir (al menos en parte) la serie de problemas ambientales existentes en nuestros días, ¿qué otra cosa puede hacerlo?
Está bien, en la Biblia puede decir que el mundo por venir va a ser un paraíso hermoso y todo lo demás, ¿pero es que no se da cuenta la gente que ese libro es un conjunto de mitos, leyendas y poemas épicos? En resumen, la Biblia es un libro de mitología, comparable a cualquier otra mitología del mundo, ya sea la griega, la egipcia, la sumeria, la inca, etc. Y es evidente que no podemos basar decisiones tan importantes en mitos y leyendas. Hoy en día, nadie sensato pretendería realizar algún tipo de manejo en la naturaleza basándose en lo que decía Zeus a su pueblo, o lo que decía el Inti incaico; ellos sólo son parte de la mitología, de la cultura popular de los pueblos. Sólo son tradiciones y cuentos, nada más que eso. Lo mismo sucede con las concepciones religiosas actuales. Y no sólo hablo del cristianismo, sino de cualquier manifestación mágico-religiosa existente en cualquier parte del mundo.
En resumen, lo que nos dice el texto anterior, es que lo único que debemos esperar es que finalice nuestro paso por este mundo y esperar a ver el mundo que se nos ha prometido en la Biblia. En pocas palabras, dice que de nada sirve preocuparnos por nuestro planeta (al menos no tanto) ya que luego vamos a vivir en un paraíso, en el cual no habrán tales problemas.
Un poco más adelante nos encontramos con lo siguiente:

“En el Génesis, el primer libro de la Biblia, notamos el concepto de un jardín preparado para ofrecer una calidad de vida excepcional. Todo el ambiente contribuía para el bienestar. Con sus capacidades sensoriales, Adán y Eva debían apreciar las delicias del paraíso y vivir para siempre. Las cosas se arruinaron, como sabemos. Pero, en el Apocalipsis, el último libro de la Biblia, vemos nuevamente la promesa de un ambiente perfecto, con libre acceso a la fuente de vida.”

Pero, ¿acaso creen en verdad que la historia de Adán y Eva sucedió en realidad? En artículos anteriores ya he hablado de este tema, y he mencionado la imposibilidad de esta remota probabilidad. Además, no existe evidencia alguna que sostenga, aunque sea en forma vaga, la hipótesis de la existencia de Adán y Eva. Incluso, existen evidencias que sostienen firmemente sucesos reales totalmente diferentes, como la evolución biológica. Esto es una muestra más de la manera en que hemos dejado que los mitos se infiltren en nuestra cultura como si de realidades se trataran.
Una vez que invalidamos la hipótesis de Adán y Eva, automáticamente invalidamos la del Apocalipsis. Así, resulta evidente y claro que todo esto es una serie de mitos y profecías antiguas, sin más valor en la actualidad que el literario y arqueológico.
Pero esto no es todo. En el último párrafo del artículo leemos lo que sigue:

“Hay varias maneras de leer el Apocalipsis. Una de ellas es a través de la visión ecológica. En el libro, se presentan dos sistemas por medio del simbolismo de dos ciudades: Babilonia y la Nueva Jerusalén. Una ciudad es explotadora, opresiva e injusta; la otra es pacífica, libertadora y justa. En Apocalipsis 21 y 22, se retrata a la Nueva Jerusalén como una capital gloriosa, donde las categorías originadas por el pecado jamás entrarán. No hay explotación humana ni destrucción del ecosistema. El paisaje urbano, enriquecido por una arquitectura espléndida, es embellecido por una naturaleza exuberante, que incluye el árbol de la vida. Lo esencial para la vida se ofrece allí gratis. La ciudad eterna promueve la reconciliación, la justicia y la sanidad. Ese mundo increíble es para usted, que forma parte del sueño de Dios.”

Vayamos por partes. ¿Hay varias maneras de leer el Apocalipsis? ¡Por supuesto! Estoy totalmente de acuerdo con ello; cada uno le puede dar su propia interpretación al Apocalipsis y a cualquier libro de la Biblia en general, y así crear una interpretación más, sumándola así a las miles de interpretaciones existentes en la actualidad. Es muy cierto cuando se dice que el libro que más confusión ha generado a la humanidad es la Biblia. Un libro que es marketeado como el libro de la verdad única y absoluta y el libro que aclara cualquier duda, resulta que es el libro que más confusión y ambigüedad ha generado desde el momento de su creación y sus posteriores ediciones.
El gran problema de esta utopía basada en mitos y profecías primitivas, reside en el hecho de que cualquier gran urbe que posea tecnología, belleza, comodidad y progreso, necesariamente implica una serie de factores que quizás perjudiquen a la naturaleza misma y a las estructuras sociales, y esto de manera inevitable. Para que exista desarrollo tecnológico, deben existir industrias y fábricas; estudios científicos, etc. Si existen industrias, existe también contaminación de algún tipo, explotación de materias primas, empleo para la gente, etc. Y por último, si todo esto existe, también habrá explotación de la clase obrera y, por consiguiente, corrupción; explotación humana de la naturaleza y de otras especies con las que compartimos el planeta; sacrificio de algunos grupos para el beneficio de otros, etc.
Una sociedad perfecta como la descrita por el autor de tal artículo no puede existir, al menos, no bajo la situación que él mismo ha presentado.
También se dice que lo esencial para la vida está allí gratis. Pero lo esencial para la vida ha estado siempre presente en nuestro planeta. ¿Gratis? No. Cualquier individuo de cualquier especie debe luchar contra diversos factores para poder sobrevivir y obtener beneficios a partir de los elementos ya existentes en la naturaleza. Aún el ser humano tiene que luchar, aunque de modo un poco distinto a otras especies: trabajando, construyendo una sociedad mejor y más libre de intolerancia.
Y para concluir, lo criticable del artículo que he comentado es que no da ninguna esperanza real para los problemas de este mundo. Lo único a lo que se ha limitado el autor ha sido a contar una historia fantástica y utópica de algún paraíso creado por Dios para los humanos, y que disfrutaremos después de los últimos días de nuestra existencia en la Tierra. Entonces ¿de qué esperanza para el planeta se habla? Si la esperanza para el planeta es creer en dioses y promesas irreales, entonces las esperanzas reales y las soluciones posibles para nuestro mundo real se ven reducidas drásticamente, gracias a la ignorancia de la gente y a su aferro a una vida que solo existe en sus mentes; una vida utópica y contradictoria que sirve de escape a ésta vida real, a éste mundo en que vivimos y que debemos cuidar, o al menos, no perjudicar tanto.

martes, 9 de septiembre de 2008

El Pensamiento Religioso en los Niños

Cuando un ser humano nace, su mente se encuentra prácticamente en blanco. Toda la información de lo que hay y ocurre a su alrededor va ingresando al cerebro, utilizando para ello los sentidos, a través de los cuales se percibe el entorno. Así, se dice popularmente que un bebe es como una esponja: absorbe todo de manera fácil y rápida. El aprendizaje se da muy rápido y de manera muy efectiva. Gracias a esto, el nuevo ser humano aprende rápidamente cosas que le van a servir en su vida diaria, como comunicar sus sentimientos o necesidades a los demás, entender señales y gestos provenientes de otras personas, etc.
Evolutivamente hablando, el niño ha sido favorecido para comportarse de esta forma. Imaginemos un niño pequeño de hace 50000 años. Su grupo familiar vivía quizás en pequeños asentamientos, y se encontraban expuestos constantemente a los peligros de la naturaleza: depredadores, condiciones climáticas adversas, enfermedades, etc. Bajo tales condiciones, un niño que aprendiera lo que le era enseñado por sus padres u otros miembros adultos de su grupo tribal, le habría permitido probabilidades de sobrevivir mucho más altas que otros individuos que no aprendieran tan fácilmente. Así, el hecho de aprender y creer a ciegas lo que le era enseñado por otras personas, constituía una gran ventaja, que le permitiría sobrevivir y generar descendencia una vez llegado a la etapa reproductiva. Por el contrario, los niños desobedientes y muy escépticos habrían tenido mayores posibilidades de morir, y por lo tanto, no hubieran podido transmitir sus genes a las generaciones siguientes.
Si retrocedemos en el tiempo en la escala evolutiva, veremos que lo mismo sucede con casi todas las especies animales: existe un aprendizaje constante de las crías en base a lo que los adultos les enseñan y en base al comportamiento observado en los demás individuos, sobretodo en aquellos individuos mayores y más exitosos.
La diferencia entre otras especies de animales y el ser humano es que a partir de cierto momento fuimos capaces de transmitir ideas y conceptos a través del lenguaje hablado. Casi a la par que este último fue que nacieron los conceptos mágico-religiosos.
Por esto, el hecho de que los conceptos religiosos irracionales se expandan exitosamente por las poblaciones humanas fue un producto secundario de la capacidad de aprender y la característica, muy ventajosa, de creer cualquier cosa que le fuera enseñada por personas adultas. Así, hoy en día vemos que es un fenómeno ampliamente generalizado.
Pero, ¿en las sociedades actuales cómo debería ser criado un niño, en cuanto a este tipo de pensamiento? Para responder a esta importante pregunta tengamos en cuenta el hecho determinante de que la gran mayoría de personas posee algún tipo de creencia en lo sobrenatural y en lo divino. Millones de niños (y adultos) en cientos de países creen en alguna divinidad. Siendo los conceptos religiosos y sus implicancias tremendamente irracionales e incongruentes con la naturaleza en general, cabría esperar que lo mejor sería criar niños ateos. Sin embargo, la realidad social en la actualidad es mucho más compleja de lo que puede parecer a simple vista.
El problema de criar niños ateos es que dado que millones de niños que estudian en escuelas públicas y privadas han sido enseñados y adoctrinados para creer en Dios o su equivalente geográfico, un niño ateo sumergido en medio de un mar de niños creyentes sería el centro de las burlas y la discriminación por parte de los demás niños. Lo que generaría esto sería un trauma o resentimiento en el niño ateo, lo que podría resultar muy perjudicial.
Y es que algo resulta claro, después de analizar todo esto: adoctrinar a un niño tanto con ideas teístas como ateas resulta parte del mismo problema. Un niño tiene que ser guiado por sus padres y profesores, pero de forma tal que aprenda cosas útiles para su vida presente y futura, pero a la vez, debe desarrollarse en él cierto pensamiento crítico y escéptico. Porque la etapa de creer a ciegas sólo es temporal; sirve de manera exitosa en una etapa temprana de la vida, más no en las etapas siguientes. A partir de cierto momento un niño ya es capaz de crear sus propias ideas, verificar algunas cosas como ciertas o falsas y discriminar entre lo real e irreal. El problema central reside en que esa etapa de creencias a ciegas y falta de crítica se quede en sólo eso: una etapa temprana de la vida, y que no se convierta en un lastre que la persona tenga que llevar toda su vida.
Para lograr esto hace falta un incremento en la cultura general de las sociedades humanas; hace falta dejar de lado paulatinamente ideas irracionales y absurdas como si fueran ciertas; hace falta incrementar la capacidad de crítica y escepticismo desde etapas tempranas de la vida de la persona, y se debe enseñar a las personas a razonar y pensar por sí mismas. El problema en muchas escuelas y universidades es que el método de enseñanza no contribuye a tal tarea; más bien todo lo contrario sucede: se exhorta al niño a aprender de memoria y sin razonar, solo grabarse datos en la memoria y reproducirlos tal y como los ha aprendido. Tal cosa va a generar un decremento en la calidad de vida de los seres humanos, volviendo así al mismo círculo vicioso: ignorancia- discriminación- propagación de ideas mágico/religiosas- eliminación de la razón y el escepticismo –oscurantismo intelectual.
Si no queremos llegar a tal situación, debemos hacer algo para que el cambio sea gradual y de progreso hacia un pensamiento científico y racional generalizado y predominante.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Evolución: Un Hecho.

Duane Gish y colaboradores, en su libro Creación, Evolución y El Registro Fósil, afirman que la evolución es un postulado no comprobado y que constituye una teoría no científica debido a que “nadie ha observado la evolución en la naturaleza”. Se afirma también en dicho libro, que no existen formas fósiles de transición entre una especie y otra. Sin embargo uno de los ejemplos más conocidos y estudiados es el caso de los caballos. Se conocen fósiles de diferentes especies de caballos, anatómicamente diferentes entre sí sólo por algunas características, y que constituyen además, una sucesión temporal.
Si bien es cierto que el registro fósil es imperfecto, esto de debe a que el proceso de fosilización es muy poco común. Se tienen que dar un conjunto de condiciones necesarias para que este proceso se lleve a cabo, y muchas veces no se da así. Muchas veces se conocen fósiles incompletos y fragmentados. Sólo en algunos casos se conocen fósiles de formas intermedias, como en el caso de los caballos, de los elefantes, de las ballenas, e incluso de las aves.
En el caso del caballo (denominación general para este morfotipo), la característica mas notable en cuanto a la variación anatómica constituyen los dedos de las patas y en segundo lugar, los dientes. Los caballos actuales del género Equus, poseen unos huesos denominados metapodianos estiliformes, los cuales se sitúan flanqueando a los huesos metacarpianos o metatarsianos. Estos metapodianos estiliformes, se consideran como huesos vestigiales.
A lo largo de toda su historia, los vertebrados han poseído un plan básico de 5 dedos en cada extremidad, salvo en los primeros tetrápodos, existiendo variaciones en el número de dedos de acuerdo al grupo taxonómico al que pertenecía cada especie[1].
Los antepasados de los caballos actuales tenían más de un dedo en cada pata. En el Eoceno, existió el Eohippus o Hyracotherium, animal de dimensiones parecidas a las de un perro mediano actual. Poseía cuatro dedos en las patas delanteras y tres en las traseras, además de un aparato masticador apropiado para una dieta filófaga, con dientes triangulares y de corona baja. Más tarde, en el Oligoceno, apareció el Mesohippus, el cual era un poco más grande que el Eohippus. Este animal, se apoyaba en sus dedos medios, aunque tenía aún otros dos dedos, los cuales estaban reducidos. Su dentadura correspondía aún a una dieta filófaga. En el Mioceno apareció el Merychippus, el cual poseía el segundo y el cuarto dedos mas atrofiados que en Mesohippus, pero, a diferencia de sus antecesores, poseía dientes aptos para una dieta herbívora, con coronas más altas y mas apropiadas para masticar hierbas duras. Ya en el plioceno, apareció el Pliohippus, el cual había aumentado en tamaño con respecto a sus antecesores, y poseía también dentadura de corona alta. En el Pleistoceno apareció el género Equus al cual pertenecen el Caballo de Przewalski (Equus przewalski), todas las especies de cebras, los asnos y todas las razas de caballos domésticos de hoy en día. Todas estas especies actuales se caracterizan por poseer un solo dedo, habiéndose atrofiado los demás y quedando únicamente como reminiscencia los metapodianos estiliformes.
Una cosa debe quedar clara de todo esto: los fósiles existentes de estas formas primitivas del caballo, constituyen formas intermedias entre los antiguos condilartros y el Equus moderno. Una persona ajena al concepto de evolución puede ver este caso en particular y pensar que la evolución busca perfeccionarse y que se da en un sentido determinado. Pues hay que tener mucho cuidado con este tipo de conjeturas. La evolución no tiene un fin ni “busca” la perfección, sino que ocurre por selección natural, más precisamente por selección genética, seleccionando los genes ― o un conjunto de ellos ― que se adecuen a las condiciones dadas en un preciso instante en la naturaleza. La evolución tampoco implica un cambio de formas pequeñas a grandes, ni de simples a complejas necesariamente. Para ejemplificar esto, podemos tomar el caso de las aves y los cocodrilos respectivamente. Las aves descienden de una línea de dinosaurios saurisquios, proceso en el cual evidentemente ocurrieron disminuciones de tamaño considerables, aunque se pueden encontrar fluctuaciones entre las diferentes especies y las diferentes ramificaciones que se dieron en el transcurso de la historia evolutiva de este grupo. El caso de los cocodrilos refleja otro aspecto: Existen fósiles muy antiguos de cocodrilos y se puede observar que durante cientos de millones de años, hasta la actualidad, el modelo básico del cocodrilo se ha mantenido virtualmente inalterado. Esto evidencia una adaptación extraordinaria a las condiciones naturales y ambientales dadas en sus diferentes hábitats. El modelo estructural de los cocodrilos simplemente no ha necesitado ser modificado, con respecto a las condiciones del medio, lo cual constituye un caso excepcional de adaptación a lo largo del tiempo.
Ahora, ¿por qué razón digo que la evolución no tiene un fin ni “busca” la perfección? Pues porque una especie, con un modelo estructural dado (como un cocodrilo), podría estar muy acondicionada a un ecosistema en especial, o a un clima determinado (por ejemplo, los Manglares de Tumbes); pero si se le varían las condiciones drásticamente, lo más probable es que dicha especie se extinga o que su supervivencia quede gravemente amenazada (por ejemplo, que se traslade a un cocodrilo de los manglares a una zona desértica).
Con esto vemos que la perfección no existe, ni se busca siquiera, sino que los organismos se van adaptando a las situaciones dadas en el medio en el que habitan, y es así como actúa la selección natural: va “seleccionando” a los individuos (en realidad actúa sobre los genes, pero es el individuo el que integra toda esta selección de genes en una sola entidad, en la que se pueden visualizar estos cambios genéticos) que se adapten mejor y que tengan la capacidad de sobrevivir para tener descendencia y esparcir sus genes a las generaciones sucesivas.
Muchos creacionistas como D. Gish, sostienen que los evolucionistas ven a la evolución como “procesos naturales mecanicistas debidos a propiedades inherentes a la materia inanimada”. Pero pregunto yo, ¿si no se da gracias a las propiedades de la materia (entiéndanse como propiedades químicas, físicas, fisicoquímicas, bioquímicas), entonces en base a qué propiedades se puede dar, teniendo en cuenta que estamos formados de células, y ellas de biomoléculas, y ellas de moléculas simples, y ellas de átomos? Me pregunto una cosa: ¿para qué estudiamos tanto los procesos físicos, químicos, biológicos? y, en general, ¿para qué estudiamos a la ciencia, si un grupo de personas que creen ciegamente en el contenido de un libro del cual no tienen pruebas de su veracidad ni del origen que dicen que tiene, pretenden negar los hechos mediante argumentos incomprobables y fantásticos? ¿Es que acaso no quieren ver las evidencias? Que significa entonces, ¿que Dios hizo algo y nos puso pistas y huellas de algo que nunca sucedió?
Un argumento en contra, que proponen los creacionistas acerca del origen de la vida a partir de materia inorgánica, es la siguiente: Si la vida se originó de la unión de moléculas al azar para formar moléculas más complejas y luego células vivas, ¿como es que ahora y durante los miles de millones de años siguientes no se ha seguido produciendo eso?
La respuesta es simple para una persona que conoce algo de ciencia: Cuando se originó la vida no habían factores limitantes tales como los hay y hubieron pocos millones de años después de formarse la vida: los microorganismos. Ahora no se da la formación de vida a partir de moléculas inorgánicas, debido a que los microorganismos se encargan de digerirlas e introducirlas a sus procesos metabólicos. Desde la aparición de las bacterias, todo el planeta está poblado de ellas, evitando la generación de nueva vida a partir de materia orgánica. Esa es sólo una de las razones por la que ya no se produce más dicho proceso. Quizás otros motivos de que ya no suceda este tipo de acontecimientos, sean el clima y las condiciones atmosféricas. De hecho, la proporción de los gases presentes en la atmósfera en la actualidad y hace miles de millones e años es totalmente diferente.
El tema del origen de la vida y de la diversificación de esta en cientos de formas y tamaños, es motivo de amplia discusión dentro del ámbito científico, y esto debido a diversos motivos. Pero lo que sí resulta inaceptable es proponer como alternativa a las teorías científicas, algún tipo de creacionismo facilista, simplificador y tergiversador de la naturaleza real.

[1] Basado en el origen de los vertebrados. El plan básico existente en los orígenes de los vertebrados no era uno solo, sino que existieron varios en la transición de los peces a los anfibios. Habían especies pentadáctilas, y otras de 6, 7, 8, 9, 10 o más dedos. Al final, el modelo pentadáctilo, por alguna razón, tuvo éxito, siendo hoy el plan básico existente entre los vertebrados.
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