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miércoles, 21 de enero de 2009

La Irracionalidad del Paraíso Eterno.

La idea del paraíso eterno, el cual Dios pone a disposición de todo humano que haya cumplido en la vida terrenal sus preceptos y una serie de mandamientos y comportamientos acordes con los dogmas religiosos, no es más que un concepto lleno de contradicciones y situaciones irracionales y paradójicas.
Primeramente, un Dios que crea un mundo en el que de antemano sabe que hay dos grupos marcados: la gente que irá al infierno y la gente que será “salva” e irá al paraíso, no puede ser otra cosa más que un Dios malvado, que considera su creación como una diversión o una especie de circo personal.
Pero para los fines de este artículo, obviaremos esto último, y nos centraremos en el concepto de paraíso eterno.
¿Qué entendemos por paraíso eterno? Según las creencias religiosas, una persona que ha llevado una vida buena (en relación a lo que dichas creencias consideran “bueno”) y que ha respetado las leyes de Dios, al morir merece estar en un lugar hermoso, libre de pecado, libre de sentimientos negativos, en donde todo es perfecto. Ese lugar se conoce como paraíso. El paraíso es eterno, porque si lo que se ha hecho en la vida terrenal es bueno, la persona gana el derecho a estar por toda la eternidad en dicho paraíso.
Hasta aquí, el concepto puede parecer sensato, sobretodo a los creyentes. Sin embargo, veremos que es un concepto lleno de contradicciones y absurdos.
Primeramente, el paraíso supone que hay paz absoluta. Esta sola suposición trae consigo una cascada de consecuencias: al haber paz absoluta significa que no hay desacuerdos entre las personas (más precisamente, entre las almas); si no hay desacuerdos en absoluto entonces quiere decir que el pensamiento que cada persona poseía antes de morir, ya no es el mismo. Es decir, la esencia única de la persona se pierde al morir. Si la esencia de la persona se pierde al morir, entonces quiere decir que la persona ya no es la misma. Incluso, viéndolo más profundamente, se podría decir que las almas presentes en el paraíso eterno son una especie de robots, sin pensamiento propio y sin diferencias de opinión entre ellos.
Toda la forma de pensar, las opiniones, los conocimientos, los gustos y preferencias, los sentimientos, etc., se pierden en el dichoso paraíso. De no suceder así, entonces tendríamos un paraíso en el que las personas opinarían diferente (tal y como lo hacían en vida), preferirían cosas diferentes (tal y como lo hacían en vida), sentirían cosas diferentes (tal y como lo hacían en vida), etc.
Esta perfección que se supone es característica del paraíso, supondría que todos piensen igual y que todos sean idénticos en cuanto a las características emocionales. De lo contrario, la perfección se rompería.
Después de imaginar este hipotético escenario “paradisíaco”, las palabras del Dr. Weirde resultan muy apropiadas:

Si pensar libremente por uno mismo es un boleto seguro al infierno, las conversaciones en el cielo deben ser terriblemente aburridas.”

Y es que este concepto de paraíso eterno es extremadamente absurdo y paradójico, ya que se supone que debería ser un lugar en el que uno se sienta a gusto, y desarrolle su potencial espiritual al máximo. En lugar de esto, tenemos robots espirituales idénticos y sin personalidad. Si eso es lo que los creyentes piensan que Dios desea para ellos, pues deberían pensarlo detenidamente.
Por otro lado, los “malos” van al infierno, en donde se quemarán y sufrirán por la eternidad. Yo me pregunto si un espíritu inmaterial puede sufrir a causa del fuego; incluso me pregunto de qué manera puede sufrir un espíritu y para qué desearía el absolutamente bondadoso Dios que sus hijos sufran de la forma en la que él describe. ¿Acaso no son el paraíso eterno y el infierno, premio y castigo respectivamente, absolutamente injustos para cualquiera? ¿Acaso una vida de a lo sumo 100 años es suficiente para juzgar en dónde y en qué condiciones estará una persona por la eternidad? ¿100 años vs el infinito?
Y es que los simples conceptos de paraíso eterno e infierno eterno llevan consigo consecuencias lógicas altamente conflictivas entre sí.
Resulta evidente la tremenda falacia que constituyen las creencias religiosas, que en todo caso, sirven para dar falsas esperanzas o temores infundados acerca de nuestra naturaleza. Y lo peor de todo ello es que se basan en conceptos arcaicos y endebles, totalmente alejados de la realidad y de la naturaleza humana.

sábado, 17 de enero de 2009

Las Barbaridades de la Biblia.

Dentro de nuestra sociedad, cuando uno habla de moral y de sabiduría, uno de los primeros libros que se vienen a la mente es la Biblia. Usualmente se piensa en la Biblia como un libro lleno de moral absoluta, justicia, amor y enseñanzas sin igual. Sin embargo, cuando uno se aventura a leer la Biblia al detalle y más ampliamente, sin limitarse a lo que los sacerdotes o pastores nos dicen que leamos, el libro sufre una metamorfosis extrema: pasa de ser el libro de amor y sabiduría al libro de las barbaridades y la inmoralidad, o en el mejor de los casos, la falsa moral.
Por ejemplo, en Éxodo 32, 25-34 podemos ver una muestra de la actitud inmisericorde y vanidosa de Dios:

Y viendo Moisés que el pueblo estaba desenfrenado, porque Aarón lo había permitido, para vergüenza entre sus enemigos, se puso Moisés a la puerta del campamento, y dijo: ¿Quién está por Jehová? Júntese conmigo. Y se juntaron con él todos los hijos de Leví. Y él les dijo: Así ha dicho Jehová, el Dios de Israel: Poned cada uno su espada sobre su muslo; pasad y volved de puerta a puerta por el campamento, y matad cada uno a su hermano, y a su amigo, y a su pariente. Y los hijos de Leví lo hicieron conforme al dicho de Moisés; y cayeron del pueblo en aquel día como tres mil hombres. Entonces Moisés dijo: Hoy os habéis consagrado a Jehová, pues cada uno se ha consagrado en su hijo y en su hermano, para que él dé bendición hoy sobre vosotros. Y aconteció que al día siguiente dijo Moisés al pueblo: Vosotros habéis cometido un gran pecado, pero yo subiré ahora a Jehová; quizá le aplacaré acerca de vuestro pecado. Entonces volvió Moisés a Jehová, y dijo: Te ruego, pues este pueblo ha cometido un gran pecado, porque se hicieron dioses de oro, que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito. Y Jehová respondió a Moisés: Al que pecare contra mí, a éste raeré yo de mi libro. Ve, pues, ahora, lleva a este pueblo a donde te he dicho; he aquí mi ángel irá delante de ti; pero en el día del castigo, yo castigaré en ellos su pecado.”

Lo primero que podemos ver es la actitud vanidosa y ególatra del dios bíblico, pero lo más chocante y la actitud más inmoral que él mismo dictamina es un genocidio de inocentes. ¿Para qué? Para nada, pues supuestamente era una especie de sacrificio que serviría para resarcirse del pecado cometido. Pero más adelante Dios le dice a Moisés que en el día del castigo, ellos pagarán por su pecado.
Aquí hay algo contradictorio con la idea popular de un dios absolutamente bueno y misericordioso, ya que Dios insiste con terquedad en que el pueblo pagará por el pecado (que no fue más que adorar a otros dioses, lo que da una muestra de cómo se origina la intolerancia hacia otras religiones con otros dioses) a pesar de ya haber cumplido el pueblo con el genocidio que él mismo ordenó.
Conclusión: Dios absolutamente absurdo y rencoroso.
En un caso aún más sorprendente, se narra la muerte de una persona que violó el mandato del día de reposo:

Estando los hijos de Israel en el desierto, hallaron a un hombre que recogía leña en día de reposo. Y los que le hallaron recogiendo leña, lo trajeron a Moisés y a Aarón, y a toda la congregación; y lo pusieron en la cárcel, porque no estaba declarado qué se le había de hacer. Y Jehová dijo a Moisés: Irremisiblemente muera aquel hombre; apedréelo toda la congregación fuera del campamento. Entonces lo sacó la congregación fuera del campamento, y lo apedrearon, y murió, como Jehová mandó a Moisés.”

Números 15, 32-36.

En este pasaje, claramente el pueblo no está seguro de qué hacer con el hombre, pero vino el buenísimo de Dios y puso las cosas en su lugar: muerte para el hombre. Esta actitud podríamos clasificarla como propia de un ente sediento de sangre, vengativo y absolutamente intolerante. ¿Aquel hombre hizo mal a alguna otra persona? Evidentemente no. Su única falta fue realizar una actividad que Dios no contemplaba digna de hacerse en el día de reposo. Lo que Dios quería era que lo adoraran. Conclusión: Dios absolutamente vanidoso.
En Romanos 13, 1-7, encontramos una muestra clara de obediencia absoluta a la autoridad:

Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos. Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo. Por lo cual es necesario estarle sujetos, no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia. Pues por esto pagáis también los tributos, porque son servidores de Dios que atienden continuamente a esto mismo. Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra.”

Este pasaje no puede ser más claro: la autoridad es la autoridad, y si no se le obedece, se comete un pecado contra Dios. ¿Qué mejor excusa que ésta podría utilizar cualquier administrador del poder para manejar al pueblo a su antojo? Obviamente este pasaje fue “diseñado inteligentemente” para fines políticos. Si no obedeces, Dios te castiga. Ese es el lema necesario para mantener las aguas calmas y las mentes críticas dormidas.
Conclusión: Dios absolutamente injusto y estrechamente vinculado con intereses políticos.
Por último, en Lucas 3, 7-9 hay un ejemplo en el que se muestra el infierno como castigo eterno para los que no cumplen lo que manda Dios:

Y decía a las multitudes que salían para ser bautizadas por él: ¡Oh generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis a decir dentro de vosotros mismos: Tenemos a Abraham por padre; porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras. Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto se corta y se echa en el fuego.”

Primer punto a considerar aquí: el arrepentimiento. La Biblia resalta la culpa como parte inherente del ser humano, y lo único que hay para combatirla es el arrepentimiento. Todo ser humano lleva una culpa innata (según la Biblia) y por ello hay que arrepentirse. ¿Pero, arrepentirse de qué? Tal parece que lo único importante es arrepentirse de los pecados en general (sin especificar qué pecados), es decir, lo que importa es convertirse en seres sumisos y subyugados; sin culpa real innata, pero arrepintiéndose de cosas que no se han cometido. En todo caso, lo que quiere decir el dios bíblico es que hay que arrepentirse simplemente de haber nacido, ya que el pecado nace irremediablemente con uno y la culpa acompaña nuestra vida entera.
Y la segunda cosa a considerar es lo que se dice en el último párrafo del pasaje mencionado: “el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto se corta y se echa en el fuego”. Esto quiere decir que todos ya estamos condicionados de antemano. Desde el momento que existimos el hacha está puesta sobre nosotros, y depende de si somos buenos o malos para que esa hacha nos corte o no. ¿Acaso eso no es una tortura psicológica? En caso de que seamos malos, el hacha nos cortará y nos iremos al infierno, en donde seremos torturados eternamente. Habría que pensar nada más cómo es que un espíritu inmaterial se puede quemar en el fuego físico. Por otro lado, el concepto de “ser malo” se vería condicionado según lo que Dios considere malo, lo cual, como ya hemos visto, es altamente contradictorio, variable y absurdo, situándonos entonces en una situación de constante condicionamiento y gran incertidumbre.
Conclusión: Dios torturador e inquisidor eterno.

Después de todo esto, resumiendo, tenemos a un Dios absolutamente absurdo y rencoroso, absolutamente vanidoso, absolutamente injusto y estrechamente vinculado con intereses políticos, y torturador e inquisidor eterno. Entonces, ¿de qué se habla cuando se menciona a un Dios absolutamente misericordioso, absolutamente bondadoso y absolutamente sabio? Si uno compara al Dios que se conceptualiza popularmente y el Dios bíblico, parecería que fueran dos personajes totalmente distintos y opuestos. El dios bíblico dista mucho de la bondad, la misericordia y la sabiduría.
Lo más probable es que la gente extraiga lo más conveniente de la Biblia para formar su idea de Dios, y dejar de lado lo malo, como si no existiera. Aún así, tienen el atrevimiento de declarar a la Biblia como el libro de mayor contenido moral y de sabiduría de la historia de la humanidad.
Habría que preguntarles en qué se basan para afirmar eso.

martes, 13 de enero de 2009

Bus Ateo: ¿Resultado del Temor a Dios?

Como ya muchos saben, hace unas cuantas semanas, se inició una campaña atea en Inglaterra (que pretende extenderse hacia varios países, incluyendo algunos de habla hispana), en la que se utilizaron buses de servicio público para publicitar un anuncio: “Probablemente Dios no existe, deja de preocuparte y disfruta la vida”. Este singular anuncio forma parte de una campaña que llama a la reflexión de las masas, sobretodo de los creyentes. El objetivo es claro: “elevar las conciencias” de las personas en aras del librepensamiento.
Sin embargo, la campaña tiene sus detractores, muchos de los cuales alegan que “la campaña responde al temor de los ateos hacia Dios”, e incluso que “los ateos se preocupan demasiado de algo que ellos dicen que no existe, por lo que es prueba de que de todos modos creen en Dios”. A esto, no queda más que decir que son declaraciones absurdas.
Un caso particular, es el de la Sra (o Srta) Elsa M. Rodríguez, que publicó un artículo en el diario El Nuevo Herald, titulado Arremetida Atea, el cual concluye de este modo:

Los anuncios de ahora negando la existencia de Dios también deben haber costado mucho dinero. El objetivo del anuncio, sin embargo, no lo entendemos, porque si de verdad como ellos pregonan Dios no existe, ¿por qué tienen que aclararlo tanto? Yo por mi parte, que confieso no ser teóloga, estoy convencida, después de ver esos autobuses negando a Dios, que ''el tiro les salió por la culata'' a los propulsores del mismo. Ellos dicen que Dios no existe, pero están demostrando que le temen. ¿Por qué temer a algo o Alguien que no está?

Después de leer este artículo, respondí al diario, y enumeré las razones por las cuales un ateo se ocupa de Dios y las religiones, que considero son las siguientes:

1. Las principales religiones se han formado inicialmente para responder preguntas profundas de nuestra existencia y de la existencia del Universo, pero simplemente muchas de esas preguntas ya han sido contestadas por el quehacer científico y las que aún no han sido respondidas, lo serán en el futuro. El problema es que las religiones se han politizado mucho, habiendo estado bastante relacionadas a los gobiernos y dictaduras de turno durante siglos. Por este motivo, ahora dan respuestas acerca de la naturaleza totalmente erradas y llenas de prejuicio y de ideas mal entendidas. Esto, consideramos los ateos, es perjudicial para los seres humanos individuales, como para las sociedades. Las religiones además, siempre han protagonizado cruentas guerras, genocidios, segregación, intolerancia, actitudes misóginas, opresión, falsas esperanzas, entre otras muchas cosas.

2. Dios, como concepto de ser todopoderoso y omnisapiente, no posee ninguna evidencia de existir. Y digo yo, de existir Dios ¿por qué se escondería de esa manera, dejando que los humanos se autodestruyan? ¿siendo Él todopoderoso (al menos como se le conceptualiza) qué es todo esto entonces?¿un circo, una diversión para él? ¿de qué libre albedrío hablan si supuestamente Él es omnisapiente? Es decir, si Dios supiera todo, entonces no tendría sentido el libre albedrío: sería todo predestinado y con un rumbo fijo e inamovible. Además, Dios no explica nada en la naturaleza, sino que solo sirve como agente favorecedor de conformismo, falsa esperanza, subestimación de esta vida (nuestra única vida), etc. Y ojo que me refiero al concepto de Dios, ya que si Dios existe, existe únicamente como concepto.

Por estas razones, los ateos pensamos que mediante la razón y el análisis crítico, se pueden ver las tremendas incongruencias que la Biblia y los conceptos religiosos en general significan. Además, los ateos deseamos un mundo en el que no haya intolerancia, segregación, persecución por no pensar igual, aprovechamiento de los pobres e ignorantes, oscurantismo intelectual, limitación de la curiosidad y el librepensamiento, y muchas otras cosas que las religiones (movidas por conceptos como el de Dios o Satanás, ambos entes ficticios) siempre han promovido y realizado activamente, mediante censuras públicas, inquisiciones, cruzadas, genocidios, caza de brujas, etc.
Volviendo a lo de los buses, no es que los ateos le temamos a Dios. ¿Cómo podríamos temer a un ser imaginario? De lo que se trata esto es de hacer pensar a la gente, de hacer que sean capaces de analizar las cosas mediante pruebas y mediante lógica simple, y por último, lograr que la gente deje de comportarse como ovejas, las cuales sirven de muchas maneras para el beneficio del pastor, y piensen por sí mismas.

De esta manera concluí el comentario a la Sra/Srta Rodríguez. Espero que sirva no solo para ella, sino para cualquier persona que plantee los mismos argumentos que ella.

sábado, 10 de enero de 2009

Lo Negativo de Creer.

La acción de creer ha sido siempre considerada en la mayoría de sociedades como una de las mayores virtudes morales que pueda tener una persona. Usualmente se habla del “don de la fe” o de la “virtud de creer”.
El que no cree, no es bien visto, ya que le falta este componente esencial que le permite fundamentar sus valores en algo, y ese algo se llama Dios. Claro está que afirmar lo anterior es totalmente erróneo, ya que los valores y la moral no se fundamentan en la conceptualización o aceptación de ningún ente sobrenatural, sino que tiene sus raíces en factores comportamentales-evolutivos. En la Biblia se hace mención a esta asociación de fe y valores morales en numerosos pasajes, siendo uno de los más conocidos Juan 20, 24-29:

Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino. Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. El les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré.
Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron
.”

Este pasaje se refiere a la aparición de Jesús a sus apóstoles unos días después de su crucifixión. ¿Por qué tendrían que ser bienaventurados los que creen y malditos los que desean evidencias? Evidentemente, según el concepto bíblico en general, creer es bueno y dudar es malo. Sin embargo, en la vida real, a pesar de lo que mucha gente piense, resulta que la duda es lo que mueve a seguir investigando y aprendiendo; la duda es la fuente de todo conocimiento, ya que si no hay duda, se establecerían dogmas inmóviles inmunes a cualquier acopio de nueva información útil y real. Por otro lado, creer podría parecer bueno en cierto modo, pero analizando mejor lo que significa realmente “creer” o tener fe, vemos que tiene implicaciones más negativas que positivas.
Creer significa anular todo pensamiento crítico, toda curiosidad, todo atisbo de pensamiento científico. Creer implica entonces, limitar la curiosidad y, por lo tanto, privarse de conocer mejor la realidad.
Por ejemplo, creer en Dios, significa no ver, o no querer ver, la realidad de las cosas. Creer en Dios implica delegar parte de la responsabilidad propia a Él. Uno cuando reza, pide a Dios que le ayude en diversas cuestiones. Ello es peligroso en varios sentidos. ¿Por qué? Pues porque inconscientemente limitamos nuestro esfuerzo (o al menos tendríamos más posibilidades de hacerlo) al realizar cualquier actividad, ya sea intelectual o física. Normalmente las personas se esperanzan en que Dios les pueda ayudar. Pero la idea de que en caso de emergencia Dios podría darnos una mano, es algo muy negativo, porque estaríamos poniendo parte de nuestra responsabilidad en una entidad inexistente. Ser ateo, aparte de muchas otras cosas, implica tomar toda esa responsabilidad sobre uno mismo y ser conciente de que cualquier acto, cualquier logro o fracaso, cualquier situación en la que nos encontremos, responde exclusivamente a lo que nosotros hagamos. Si logro cumplir mis objetivos es por mi esfuerzo y no porque algún ente me dio una mano. Del mismo modo, si fracaso en algo, no puedo decir que “todo sucede por algo”, o que “Dios sabe lo que hace”, porque dicho fracaso responde a lo que uno mismo hace.
En resumen, “creer” o “tener fe” únicamente limita nuestras posibilidades y nuestro potencial intelectual, laboral y afectivo; mientras que dudar constituye la semilla del conocimiento. “El que nada duda, nada sabe”, leí por ahí. Lo cual es muy cierto, ya que el conocimiento se va construyendo en base a pequeñas dudas, interrogantes o incertidumbres. Sin estas interrogantes, no habría nada que motivara al ser humano a investigar la naturaleza e ir más allá de lo que nunca antes se ha ido.

sábado, 3 de enero de 2009

La Esperanza en la Vida Eterna.

Una de las funciones principales y genuinas por las cuales surgió el pensamiento religioso fue el efecto paliativo y esperanzador que ella tiene. No hablemos en este caso de cuestiones político-económico-sociales que posteriormente afectaron y afectan aún enormemente a las instituciones religiosas y la gestión de sus ideas y doctrinas. Para este artículo simplemente voy a tener en cuenta el efecto paliativo que puede tener la religión con respecto a muchas situaciones que afectan la vida personal de los seres humanos. Y más precisamente me centraré en el efecto esperanzador que supuestamente tiene la religión con respecto a la vida eterna.
Cuando fallece un familiar o alguna persona cercana al entorno personal, la religión puede servir de consuelo, suponiendo que la persona que ha fallecido se encuentra bien y viviendo una etapa sin dolor alguno, a la espera de que llegue el gran día en el que vivos y muertos se encontrarán en una vida eterna; un paraíso maravilloso en el que solo el bien y la felicidad reinarán eternamente. Esta idea aparentemente es innegablemente buena y efectiva a la hora de sucesos penosos como el que he mencionado.
Sin embargo, ¿qué es lo que realmente hace esta idea? Primeramente, supone una felicidad asegurada, o al menos, la esperanza de alcanzar dicha felicidad y dicha vida eterna junto a los seres queridos. El aparente beneficio de esta idea se ve trastocado cuando analizamos algunas cosas no tan aparentes para muchos creyentes. El simple hecho de esperanzarse en una vida después de la muerte, llena de belleza, hace que esta vida pierda gran valor desde la perspectiva del creyente. ¡Por supuesto! Si el creyente sufre la pérdida de familiares y lleva una vida con algunas cosas dolorosas, en vez de luchar por sacar adelante su vida, se concentra con todas sus fuerzas en una vida eterna inexistente. Este pseudopaliativo no es nada beneficioso por una simple razón: la vida eterna después de la muerte no existe, mientras que la vida material sí. Sin embargo, al pensar de esta forma, una vida se está desperdiciando y se está dejando de desarrollar todo el potencial que tiene, al seguir el camino de la espiritualidad y el abandono de esta vida con la finalidad de llegar a la otra.
Y este serio problema también tiene otra clase de perjuicios: puede ser utilizado, o mejor dicho, es utilizado para justificar la pobreza extrema y la riqueza extrema, es decir las desigualdades extremas (coincidentemente las autoridades políticas y religiosas que se sirven de estas ideas religiosas para gobernar mejor y tener al pueblo aletargado, se encuentran en la cima de dicha desigualdad, y hablo de políticos, curas, muchos pastores de diferentes grupos religiosos, etc.).
También puede ser utilizado para convencer a la gente de participar en cruzadas religiosas, inquisiciones, luchas en nombre de la fe, etc. Y esto último queda muy claro: si la vida eterna queda asegurada peleando por Dios o un tipo de creencia en concreto, ¿por qué no hacerlo? Total, es una vida de menos de 100 años vs una vida infinita.
Sin embargo, las instituciones religiosas aprovechan bien la creencia que la gente tiene al respecto. Las personas están tan concentradas y ensimismadas con el objetivo de la vida eterna, que descuidan sus vidas reales, sin darse cuanta de que las esperanzas que ellos depositan en una vida irreal, podrían invertirlas en esta vida. ¿Por qué no tener esperanzas en esta misma vida, si sabemos que tenemos tiempo por delante aún? ¿Por qué no preocuparnos por esta vida tanto o más aún que dicha hipotética vida espiritual eterna? Sin embargo, el pensamiento de las masas es muy claro, por ejemplo, cuando increpan al ateo diciéndole:

Sin religión no hay esperanzas para nada, la vida no tendría sentido ya. Sin Dios, la vida pierde sentido ya que no tendríamos esperanzas de todo lo bueno que se nos promete en la Biblia y que nos promete la palabra de Dios y la de los profetas.”

Pero yo me pregunto ¿Por qué no habría de haber esperanza alguna? ¿Por qué no tener esperanzas reales en cosas reales como todo lo que puede suceder en nuestra vida presente? Y la respuesta, lamentablemente es que los creyentes no quieren esperanzas terrenales, sino lo que quieren es un tipo de esperanza en lo infinito y lo mágico.
Un ateo sí tiene esperanzas, sueños, metas, objetivos; un ateo ama, llora, siente, se preocupa. En resumen, un ateo tiene las mismas cualidades emocionales que un creyente. La única diferencia es que el creyente quiere vivir una vida que no es la suya, mientras que el ateo se ha dado cuenta de que esta vida es la única y es maravillosamente rica en vivencias y en intercambios emocionales con muchas otras personas.
Otra cosa que me pregunto es por qué las manifestaciones de Dios en la vida real son nulas. Entender por qué una persona creyente puede tener esperanzas en una vida posterior a esta, cuando en esta vida suceden tantas cosas que no sucederían de existir alguna divinidad, es un tanto difícil.
Si Dios existiera realmente, no creo que haga esperar a los productos de su creación, a sus hijos amados, a alcanzar una vida eterna, para la cual hay que hacer sacrificios, hay que sufrir, y hay que soportar una vida en la que él no actúa en lo más mínimo.
Con esto no quiero dar una imagen desoladora de nuestras vidas; simplemente quiero mostrar que dedicar tiempo, esfuerzo y recursos en algo que no existe y que es perjudicial para la vida terrenal real, es algo sin sentido.
Lo que hay que hacer es preocuparse por esta vida, preocuparse por aprender cada día más de las experiencias, entender mejor a las demás personas, vivir mejor y más felices, procurar no perjudicar a otros, y lo más importante: dejar de hacer daño a otras personas y a nosotros mismos mediante la idea de que esta vida no es tan valiosa como la que viene después. La vida es hermosa, pero no perfecta. Una vida infinita no permitiría que nos diéramos cuenta de lo valiosa que es la vida per se. Una vida finita como la que tenemos sí nos permite valorar las cosas apropiadamente.
El sufrimiento, el dolor, la congoja, la tristeza, la culpa y otros sentimientos negativos, no deberían ser parte de la religiosidad humana, sino todo lo contrario. Depende únicamente de nosotros.

viernes, 2 de enero de 2009

Acerca de la Aparente Perfección en la Naturaleza.

Uno de los argumentos más populares de todas las formas de teísmo, es el argumento de diseño inteligente en la naturaleza o su aparente perfección.
Cuántas veces hemos escuchado a la gente decir cosas como “la naturaleza es perfecta”, “el cuerpo humano es perfecto”, “la naturaleza muestra relaciones altamente complejas, lo cual refleja la existencia de algo superior”.
Esta aparente perfección es tomada como ejemplo de la grandeza de Dios: su supuesta gran capacidad creadora y la perfección de su “obra”.
Sin embargo, responderé brevemente a dos de las afirmaciones más mentadas, y veremos que lo que existe en la naturaleza es solo una ilusión de diseño.

El cuerpo humano es perfecto.
Es muy común en las conversaciones caseras diarias, tocar el tema de la biología del cuerpo humano. Lo más usual que podemos escuchar es “todo existe en nuestro cuerpo por algo”. Esta afirmación implica que toda estructura y todo sistema en nuestro cuerpo tiene una función asignada por alguien (Dios) para el correcto funcionamiento de la fisiología humana. Y es lógico, hasta cierto punto que la gente piense así. Cuando uno analiza someramente el funcionamiento del cuerpo, puede deducir -a partir de toda su complejidad- su perfección y su diseño impecable. Sin embargo, esta deducción es errónea. Pongamos un ejemplo para ilustrar mejor esto.
La sangre sirve para transportar oxígeno a todas las partes del cuerpo y a la vez como depurador. Evidentemente sin sangre, o con una cantidad por debajo de la cantidad crítica, una persona morirá. Ahora, la sangre está compuesta por diferentes tipos celulares, cada uno de ellos con una función diferente y a la vez complementaria: los glóbulos rojos poseen hemoglobina (con oxígeno u oxihemoglobina; y sin oxígeno –con altas concentraciones de dióxido de carbono- o carboxihemoglobina), transportando el oxígeno a donde se requiera y eliminando dióxido de carbono en exceso; los glóbulos blancos se encargan de defender el cuerpo, es decir, constituyen parte del sistema inmune de la sangre; y las plaquetas o trombocitos que se encargan principalmente de la coagulación de la sangre para cerrar heridas. A su vez, existe una interrelación entre estos componentes sanguíneos, conformando un sistema muy complejo. Si a esto le sumamos otros factores como la relación entre la circulación y la respiración, el factor termorregulador de la sangre, entre otros procesos fisiológicos, es muy probable que la sorpresa y maravilla nos embarguen y nos hagan decir “el cuerpo humano es perfecto: toda esta complejidad, interdependencia y funcionalidad solo pueden ser obra de un ser inteligente, es decir, Dios”.

La naturaleza es muy compleja, lo que evidencia la existencia de Dios.
Algo similar pero visto en otra escala es lo que sucede, ya no con el cuerpo humano específicamente, sino con la naturaleza en general. Existe un delicado equilibrio dentro de los sistemas biológicos/ecológicos. Unos sistemas son más flexibles que otros, pero todos guardan un cierto grado de “equilibrio”.
Por ejemplo, la cadena trófica es muy compleja y guarda íntimas relaciones entre todos los seres vivos ya que existe una estrecha interdependencia de todos los niveles: las algas y plantas obtienen energía y nutrientes del Sol y del suelo; los animales herbívoros obtienen sus alimentos de las plantas que consumen; los animales carnívoros lo hacen de los herbívoros de los que se alimentan; adicionalmente, cuando todos estos seres vivos mueren, los microorganismos del suelo se encargan de descomponer la materia orgánica y después de varios procesos edafológicos transforman toda esta materia en nutrientes minerales, los cuales son luego capturados por las plantas, completando así el ciclo.
Una vez más, si apresuramos nuestras deducciones, muy probablemente diremos que “la naturaleza es sabia” o que “todos los componentes en la naturaleza están inteligentemente colocados en donde están por Dios”.

Conclusión.
Estos dos casos, demuestran simplemente una cosa: obtener respuestas rápidas y debidas a la impresión y la intuición más básicas, conducen por lo general a obtener respuestas erróneas de lo que es la naturaleza. Si ahondamos más en nuestras observaciones y en la búsqueda de evidencias, veremos que la perfección en la naturaleza es solo una ilusión: una ilusión de diseño; una ilusión de que alguien (Dios) puso cada cosa en su sitio con precisión de relojero suizo.
Lo que sucede en ambos casos es que el proceso evolutivo ha “moldeado” a todos los organismos vivientes, creando una asombrosa ilusión de diseño. ¿De qué forma? Recordemos que dentro de un cuerpo hay estructuras que han estado funcionando juntas durante millones de años, y que además, los individuos que han sobrevivido hasta la actualidad son los que por diferentes motivos se adaptaron mejor a las condiciones cambiantes del medio ambiente. Cuando digo que han funcionado juntas, me refiero al “diseño”, el cual está determinado en gran parte por los genes.
Lo que ha sucedido es el producto de la coadaptación de las estructuras a lo largo de muchísimas generaciones. Es por esta razón que todo encaja de una manera casi perfecta.
Lo mismo sucede con las relaciones interespecíficas: la ilusión de diseño está dada por la coevolución de las especies dentro de un ecosistema dado.
Pero incluso en estos sistemas altamente complejos y altamente coadaptados/coevolucionados, existen imperfecciones. Dichas imperfecciones son la materia prima de los cambios evolutivos. Para mencionar algunos ejemplos de dichas imperfecciones en el cuerpo humano, tenemos: los sentidos poco desarrollados, problemas de columna debidos al bipedismo, dificultad al momento del parto debida a la estrechez de las caderas (debido al bipedismo), mayor riesgo de ser afectados por los rayos ultravioleta del Sol, debido a nuestra falta de pelo, entre otros muchos ejemplos.
Entonces, lo que debemos hacer es dejar de ver a la naturaleza como perfecta y creada por un dios que puso todo en su lugar, para pasar a ver a la naturaleza como rica en diversidad de formas, de funciones, potencialidades para cambiar y adaptarse, y por último, interdependencias enormes debidas a los procesos de coadaptación/coevolución.
Esta visión de la naturaleza debería ser capaz de causar mucho más maravilla y asombro que un mundo totalmente determinista en el cual todo ya está dicho y en el cual todo es inamovible. Pero principalmente, debemos ver a la naturaleza como es y no como queremos que sea.
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