Google
 

Contribuye con "Naturaleza y Racionalismo"

jueves, 21 de enero de 2010

Estrechez de Miras: Las Limitaciones de Nuestros Sentidos

Nuestra especie, Homo sapiens, es una especie perteneciente al orden de los primates y de gran éxito biológico, que gracias a sus capacidades cognitivas superlativas con respecto a las demás especies, ha logrado dominar en cierto sentido gran parte del ambiente natural, transformándolo y empujando a varias otras especies hacia condiciones de inestabilidad poblacional, e incluso hacia la extinción misma.
Sin embargo, a pesar de esta aparente dominancia y “superioridad” sobre otras especies, somos una de las especies de mamíferos con capacidades sensoriales más deficientes: visión de corto alcance, definición de imagen relativamente baja y percepción estrecha del espectro electromagnético; oído que no percibe frecuencias moderadamente bajas ni altas con respecto a otras especies; olfato pobre debido a la poca cantidad de receptores nerviosos para captar moléculas de olor; gusto pobre por razones similares a las del olfato. Al menos no podemos quejarnos del tacto, ya que poseemos zonas del cuerpo ricas en terminaciones nerviosas táctiles, como los pies, las manos y los genitales (aunque de todos modos hay animales que nos llevan ventajas asombrosas).
Y ni qué decir de ser muy lentos y físicamente débiles en comparación a la mayoría de mamíferos – teniendo en cuenta para esto que las comparaciones deben ser ajustadas proporcionalmente al tamaño del animal.
Con esto no pretendo dejar por los suelos la autoestima de nuestra especie; nada de eso. Simplemente quiero señalar que la arrogante idea de “la superioridad del humano sobre los demás seres vivos” no tiene fundamentos en los cuales apoyarse. Esta idea ha sido considerada prácticamente como una ley y un hecho inobjetable durante siglos, en parte gracias a las ideas religiosas que consideran que Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza (aunque siendo más preciso con los términos que utilizan los religiosos, Dios creó al “hombre” – y no al ser humano – a su imagen y semejanza, implicando esto la superioridad del hombre sobre la mujer, según los conceptos religiosos del monoteísmo).
Pero esto es harina de otro costal. Veamos de qué forma es que los seres humanos vivimos en un “mundo medio” sensorial como comenta el biólogo Richard Dawkins en alusión al por qué de nuestra percepción sesgada del mundo natural:

La razón por la cual nosotros hallamos cosas intuitivamente fáciles de entender y otras difíciles, es que nuestros cerebros son en sí mismos, órganos evolucionados: computadoras de a bordo, que evolucionaron para ayudarnos a sobrevivir en un mundo—usaré el nombre “Mundo Medio”— donde los objetos que importan para nuestra supervivencia no eran ni muy grandes, ni muy pequeños; un mundo donde las cosas o se mantenían inmóviles o se movían lentamente en comparación a la velocidad de la luz y donde algunas cosas muy probables, serían tratadas como imposibles…
…La ciencia nos ha enseñado; en contra de toda la intuición evolucionada, que las cosas aparentemente sólidas, como los cristales y las rocas, están realmente hechas casi completamente de espacio vacío. Lo que es mostrado mediante la familiar ilustración que representa al núcleo de un átomo como una mosca en medio de un estadio deportivo. El átomo más cercano está fuera del estadio. La roca más dura, más sólida y más densa, es “realmente” casi totalmente, espacio vacío; interrumpido únicamente por minúsculas partículas tan separadas las unas de las otras, que no deberían tomarse en cuenta. Entonces, ¿Porqué las rocas lucen y se sienten sólidas, duras e impenetrables?...
…Nuestros cerebros han evolucionado para ayudar a nuestros cuerpos a hallar su camino en el mundo en la escala que nuestros cuerpos operan. Nosotros nunca evolucionamos para navegar por el mundo de los átomos. Si lo hubiésemos; nuestros cerebros probablemente percibirían a las rocas como objetos llenos de espacios vacíos. Las rocas se sienten duras e impenetrables en nuestras manos, porque nuestras manos no pueden penetrarlas. La razón por la cual no pueden penetrarlas no está relacionada con los tamaños ni con la separación entre las partículas que constituyen a la materia. En vez de eso, tiene que ver con los campos de fuerza que están asociados con las partículas ampliamente espaciadas de la materia “sólida”.
Es útil para nuestros cerebros, construir nociones como la solidez e impenetrabilidad, porque esas nociones ayudan a nuestros cuerpos a navegar en un mundo en el que los objetos—que nosotros llamamos sólidos—no pueden ocupar el mismo espacio que otros objetos s
ólidos
.”


Siguiendo esta impecable lógica, podemos darnos cuenta de que nos encontramos “atrapados” en este Mundo Medio, percibiendo únicamente porciones pequeñas del Universo. Lógicamente, este resultado es perfectamente esperable si tenemos en cuenta procesos evolutivos y adaptativos, en lugar de cualquier tipo de diseño inteligente. Además, hay que tener en cuenta que tanto el rango como la amplitud de la percepción varían de una especie a otra.
Por ejemplo, nosotros no podemos ver porciones del espectro electromagnético correspondientes a la luz ultravioleta o, hacia el otro extremo, la luz infrarroja. Sin embargo, hay muchos animales que sí; hay algunos que tienen un abanico de percepción “corrido” hacia uno de los lados del espectro con respecto a nuestra percepción, mientras que otras especies simplemente nos rebasan por ambos lados.
Un interesante ejemplo de esto lo constituye una singular adaptación que podemos encontrar en las flores de Rudbeckia sp. Las especies pertenecientes a este género tienen pétalos amarillos y un disco central oscuro, como vemos en la imagen:

Estos colores son los que apreciamos los seres humanos con nuestra visión normal. Sin embargo, las abejas mielíferas tienen el espectro de visión corrido hacia la luz ultravioleta, por lo que ellas ven las mismas flores del siguiente modo:

Lo que sucede es que estas flores poseen flavonoles (pigmentos que absorben luz ultravioleta) en la porción de los pétalos que se encuentra hacia el centro de la flor. Esta estrategia de Rudbeckia es una adaptación para atraer a las abejas y que cumplan su rol de polinizadoras. Esta es una marca o guía que les sirve a las abejas para localizar el polen y el néctar presentes en la flor. Pero las abejas no tendrían tan fácil la labor de no ser porque ellas pueden ver los “colores” de la luz ultravioleta, a diferencia de nosotros los seres humanos.
Este es un claro ejemplo de coevolución; cambios independientes ocurridos en poblaciones de organismos diferentes que coexisten y que tienen de algún modo relaciones ecológicas importantes, y que suponen un beneficio para ambas especies.
Este es solo un ejemplo de cómo nuestros sentidos limitan nuestra visión del mundo natural, y cómo nuestra intuición primaria nos lleva a pensar que muchas cosas que forman parte de la naturaleza, pero que se encuentran fuera del rango de nuestro Mundo Medio, son inverosímiles o absurdas, aunque tales cosas hayan sido demostradas (y se encuentren aún sujetas a constantes y rigurosas pruebas), como por ejemplo el proceso evolutivo, la naturaleza finita del Universo, la relatividad espacio-temporal, los procesos que se dan en los agujeros negros, el tiempo geológico contado por miles de millones de años, entre otros fenómenos naturales.
Sin embargo, la ventaja de la ciencia con respecto a la percepción humana es que se sirve de tecnología avanzada que permite realizar observaciones de la naturaleza a escalas inalcanzables por la misma percepción humana: Básicamente espectrógrafos, técnicas de amplificación molecular, telescopios y microscopios (entre otros muchos aparatos y técnicas), para ver más allá de lo evidente, así como sensores acústicos de alta y baja frecuencia, para oír más allá de lo audible.
Esta estrechez de miras que es inherente a nuestra especie, y en general, a cualquier entidad biológica, nos tendría que hacer reflexionar acerca de muchas cosas de la vida diaria, como que no podemos fiarnos demasiado de nuestros sentidos primarios, ya que, como cualquier producto de la evolución, es imperfecto. Maravillosos y altamente complejos, pero imperfectos.
Muchos sonidos, imágenes, sabores, sensaciones táctiles e incluso olores pueden tranquilamente ser generados por nuestro cerebro – la mayoría de las veces constituyen eventos normales – y no representan necesariamente lo que ocurre en el mundo exterior a nuestro propio cuerpo. Por supuesto, también puede ocurrir que percibamos cosas que suceden realmente en el mundo exterior a nosotros, pero que las malinterpretemos o atribuyamos erróneamente a algo que no es.
Nuestra estrechez de miras natural no debe obnubilar nuestro entendimiento de la naturaleza, sino que, ya conscientes de dicha limitación, se hace necesario tener en cuenta siempre a los métodos científicos y los descubrimientos y estudios hechos por científicos, los cuales nos pueden ayudar a obtener interpretaciones menos sesgadas de las cosas. A fin de cuentas, la ciencia no es más que conocimiento, y no utilizar dicho conocimiento u obviarlo sería una gran necedad de nuestra parte.

miércoles, 13 de enero de 2010

Una Grata Sorpresa: Divinidad Explicada

Advertencia: Si aún no han visto la película Avatar y no quieren enterarse de qué se trata exactamente, es mejor que no lean este artículo hasta que la vean primero.


Hace unos días tuve la oportunidad de ver la película Avatar en la tranquilidad de mi casa. Antes de empezar a verla, confieso que no me llamaba mucho la atención porque me parecía que iba a ser una película más, del montón.
Sin embargo, la vi y me quedé gratamente sorprendido.
La película trata de un equipo de seres humanos que se han dedicado a estudiar el planeta Pandora; un planeta con vida muy parecida a la que hubo en la Tierra (ya que en el tiempo en que está ambientada la película, muchos seres vivos, incluidas las plantas, se han extinguido de nuestro planeta).
Este equipo es parte de un proyecto multimillonario financiado por una empresa terrícola que tiene como principal fin extraer un mineral carísimo que sirve como fuente de energía.
Y, un elemento que no podía faltar en una película de este tipo, lo constituyen una especie de humanoides llamados Na’vi y que habitan el planeta Pandora. Estos seres son parecidos a los seres humanos, aunque azules, y de unos 3 a 4 metros de altura. Viven en tribus y carecen de tecnologías avanzadas.
Un equipo especial humano de espionaje entra en acción y se infiltra en las tribus Na’vi utilizando cuerpos biológicos creados artificialmente y poseedores de una anatomía idéntica a los verdaderos Na’vi. La forma en que estos cuerpos son manejados es mediante unas máquinas similares a las cámaras de tomografía (como las que vemos en la actualidad) en las cuales los miembros humanos del equipo de espionaje se introducen y conectan sus cerebros – mediante dispositivos de tecnología avanzada de control remoto – a los cuerpos artificiales, dándoles vida y controlándolos como si se tratara de los propios cuerpos de los espías humanos.
El objetivo de esta misión es convencer a los Na’vi de que abandonen el área en la que se asienta su tribu, ya que debajo de ella se encuentran los mayores yacimientos del mineral precioso existente en Pandora.
La historia transcurre con varios elementos de acción, romance y algo de humor.
Pero el motivo principal por el que me decidí a escribir este artículo es el elemento totalmente novedoso y placenteramente naturalista que presenta este film.
Como ya dije más arriba, los cuerpos artificiales son manejados gracias a aparatos que transfieren eléctricamente las ondas emitidas por los cerebros de los espías humanos hacia los cerebros de los primeros. Hasta aquí, un detalle sobresaliente, ya que el mecanismo por el que esto sucede podría no haber sido explicado en otros films o por otros directores, o incluso la explicación hubiera sido algo más metafísica y espiritual, como en la típica “transferencia del alma”.
Pero el detalle más interesante y cautivador es el que comentaré a continuación.
Pandora, al ser un planeta con vida inteligente, lógicamente tiene también toda una historia detrás – una historia evolutiva con ancestros comunes – la cual no se menciona, pero se da a entender implícitamente en el argumento de la película. Además, posee seres que conviven con los Na’vi, equivalentes a las plantas y animales terrícolas, formando así, una compleja red biológica, con sus propias interacciones, ecología, adaptaciones, etc.
Los Na’vi (al igual que otros seres de Pandora, poseen un apéndice en la parte posterior de la cabeza, con una especie de fibras nerviosas, las cuales sirven para “conectarse” con estos otros organismos, permitiéndoles así manejarlos y de algún modo, conformar una unidad coordinada con ellos.
Por otro lado, los Na’vi, que viven en grupos tribales grandes, tienen un sistema de creencias mágico-religioso altamente complejo y relacionado fuertemente a la naturaleza. La entidad divina que veneran y protegen se llama Eywa, que es la que domina toda la naturaleza.
Hasta acá, todo concuerda con lo que conocemos comúnmente por creencia religiosa. Sin embargo, aquí viene la parte que me dejó encantado con la película: Todos los seres vivos han evolucionado en Pandora manteniendo lazos biológicos muy fuertes. Cada árbol tiene conectadas sus raíces con las de otros árboles, formando una compleja red similar a un sistema nervioso, aún más complejo que un cerebro humano, teniendo en cuenta la cantidad de relaciones existentes entre los miles de árboles y otros organismos existentes en Pandora. De esta forma, Eywa es nada menos que una especie de memoria colectiva formada por la conexión de todos estos árboles milenarios: una especie de cerebro del bosque. Como tal, Eywa almacena información de los ancestros y de todo lo que ocurre y afecta al bosque. Naturalmente, los Na’vi realizan ritos religiosos dirigidos a Eywa, la madre naturaleza, mediante una especie de rezos y cánticos a la vez que conectan sus apéndices a los apéndices de Eywa, conectándose en una especie de sinapsis nerviosa entre ambos y teniendo acceso a la información de los ancestros y del bosque: voces, cánticos, historias, etc.
Esta espiritualidad y religiosidad tan bien fundamentadas en cuestiones biológicas hacen de esta película una de las mejores de su género, al menos según mi apreciación personal.
Un sistema religioso fundamentado físicamente y con evidencia de su existencia es mucho más sólido que uno fundamentado en filosofías teológicas especulativas y altamente sesgadas por factores culturales, temporales, geográficos, entre otros muchos.
A pesar de que, por obvios motivos, el fenómeno religioso es tan interesante de investigar – tanto a un nivel cognitivo como cultural – es evidente que constituye un sistema que no representa bien a la naturaleza de las cosas. Sin embargo, una divinidad explicada como Eywa (una divinidad natural), sería algo sorprendente y realmente interesante de estudiar, ya que ahí podrían confluir tranquilamente campos de estudio como la biología y la teología, así como desarrollarse conjuntamente la espiritualidad y una filosofía naturalista.
En nuestra realidad eso no sucede, aunque si se diera una situación de este tipo, no habría razón por la cual ir en contra de ella; a fin de cuentas, constituiría un fenómeno natural, explicable, y real. Sería algo que podría brindarnos esperanza real, sabiduría y bienestar social, entre otras cosas.
Cuando muchos creacionistas y religiosos dicen que los agnósticos y ateos son necios y de corazón duro porque cierran su corazón a Dios, solo están protegiendo su sistema de creencias, mas sus afirmaciones no pueden estar más lejos de la verdad. La verdad es que no hay motivos para creer en ello simplemente porque no hay evidencias; y peor aún, toda la naturaleza muestra evidencias que sostienen firmemente la idea de que la religiosidad es producto de nuestra cognición y de nuestras estructuras sociales, y por lo tanto, de que Dios o cualquier otra divinidad concebida existe solo en nuestras mentes.
Sin embargo, los agnósticos y ateos pensamos como pensamos porque le damos más peso a las evidencias que brinda la naturaleza y el estudio de ella que a nuestros deseos y esperanzas personales.
Obviamente, si alguna vez se tuvieran evidencias incontrovertibles de la existencia de alguna divinidad, sería una necedad querer negarlo.
¿Quién sabe si en algún lugar del Universo existirá un equivalente de Eywa?
Una divinidad así, estaría limitada tanto espacial como temporalmente, y no explicaría todo lo que pretendemos explicar los humanos con nuestro concepto de Dios, pero sí sería algo real, tangible, y sorprendente. Local y limitada, pero divinidad al fin y al cabo.
Total, la religiosidad, la espiritualidad y las divinidades como las conocemos en nuestra cultura no tienen que ser conceptos universales, sino que bien podría existir algo local, pequeño y limitado, pero que sí ejerza realmente una fuerza positiva a la sociedad y al planeta en el que ésta “viva”.
Una Eywa sería algo grato de tener cerca: una divinidad positiva, que no daña sino que protege; que no exige veneración, pero sí respeto por la naturaleza y los demás; que contiene sabiduría y datos históricos reales; y lo más importante: que no distingue egoísta y arrogantemente a una especie por sobre las otras, sino que protege y rige toda la naturaleza por igual.

Visitas desde 28 de Mayo de 2010