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Contribuye con "Naturaleza y Racionalismo"

miércoles, 30 de julio de 2008

Abuso Infantil y Religiones.

¿Cómo aprende un niño cuestiones acerca de la vida? El niño nace con una cierta experiencia dentro del vientre materno (aunque todo recuerdo de ello queda en el subconsciente) y a medida que pasan los días, meses y años, va aprendiendo cosas acerca de su entorno, de la vida, de sí mismo y luego del cosmos.
En la mayoría de sociedades del mundo, y a lo largo de toda la historia, la educación de una persona en sus primeros años de vida tiene que ver con valores familiares, desarrollo de facultades motoras y mentales, y como elemento infaltable, una religión de por medio.
Casi ningún niño del mundo se salva de ésta educación religiosa. Desde pequeños se nos enseña a creer en Dios, a respetar sus leyes y a vivir como mandan las escrituras (que varían de acuerdo al lugar geográfico en el que hayamos nacido). Hasta aquí todo parece razonable. Pero, ¿esta educación religiosa aporta algo bueno al individuo y por consiguiente a las sociedades?
A continuación veremos que no es así, y que lo único que se consigue con ella es una visión negativa de este mundo, de nosotros mismos y de nuestra naturaleza biológica.
Desde muy chicos aprendemos acerca de Dios y de Satanás, personajes totalmente opuestos y que reflejan una visión polarizada y sesgada del mundo real: uno como representante del bien y el otro como representante del mal.
A medida que vamos creciendo estas ideas se van afianzando en nuestra mente y forman parte de nuestra ideología; hemos crecido siempre oyendo y aprendiendo eso. Esta cuestión de la vida espiritual y de que los muertos aún viven mediante su espíritu solo sirve para atemorizar a las personas, y no para dar realmente una esperanza de una vida más allá, como es la intención de estos conceptos. ¿Cómo así? Pues al creer en una vida espiritual, es que surgen los temores a los fantasmas, a los demonios, a los espíritus malignos y a lo que pueda haber en la oscuridad (que se diferencia del temor cauteloso a la oscuridad como prevención de alguna amenaza real, como depredadores, huecos en el suelo, y en general algo con lo que podamos dañarnos físicamente). Muchas personas temen quedarse solas en sus casas por temor a estas cosas, cuando en realidad nada de esto es real.
Y además, la idea del infierno como morada futura y eterna de los pecadores y de los que no hayan seguido a Dios y sus mandamientos como se debe, aumenta mucho más ese temor reverencial y que solo crea niños atemorizados y sumisos, para luego formar una sociedad de adultos supersticiosos, ignorantes y llenos de tabúes.
La Biblia, y los libros sagrados de otras culturas (o dogmas de cualquier tipo transmitidos de generación a generación) pretenden enseñar cuestiones morales y que ayuden al individuo y a los grupos más grandes a acercarse más a Dios y a ser mejores personas. Pero, en la realidad, esto no es más que una utopía, ya que las enseñanzas bíblicas y religiosas en general solo generan discriminación, ignorancia de la naturaleza, y paranoia colectiva, por no mencionar otros aspectos negativos. Basta un poco de ciencia para darse cuenta de las tremendas y terribles inconsistencias que existen entre los escritos “sagrados” y la naturaleza real. Tal fragilidad de las ideas religiosas y de los conceptos divinos y sobrenaturales en general, es tan obvia que todo el mundo debería decirse a sí mismo:

Me equivoqué todo este tiempo, me enseñaron algo que no era verdad; pues ahora me gustaría aprender cosas acerca del mundo de manera objetiva y racional.”

Sin embargo, todo lo contrario sucede, al menos en una cantidad considerable de personas. Ahora, la pregunta que surge como consecuencia de esto es: ¿Por qué motivo sucede de esta manera?
La respuesta es que después del adoctrinamiento extremo al que nos vemos sometidos desde que tenemos uso de razón (aunque algunas personas ―aún siendo adultas― nunca la alcanzan), se nos es difícil e incluso doloroso dejar atrás estas ideas y creencias. Muchas personas ya han construido sus vidas teniendo como base a las religiones o al menos a las ideas religiosas. El sufrimiento causado al abandonar estas ideas, o la idea de solo dejarlas, es tan grande que es preferible para ellas bloquear su mente ante los argumentos racionalistas.
Es por esto que considero, como muchos lo han planteado antes ya, que el adoctrinamiento religioso en los niños se puede catalogar como abuso infantil, e incluso si extendemos esto a la sociedad en general, se podría considerar como un abuso que atenta contra los derechos humanos e incluso hasta podríamos considerarlo como un auto-abuso en muchos casos, que sólo conlleva a producir individuos cada vez más atemorizados ante lo irreal, con mayor tendencia a creer en diversas cosas irracionales y subjetivas, y poseedores de una cuota de ignorancia cada vez más creciente.
La única solución ante este grave problema social es incrementar la educación y fomentar el pensamiento racional y escéptico; entender mejor los procesos biológicos que nos han convertido en lo que somos y, por último, entender de una vez por todas que este mundo sería mejor sin religiones y sin creencias absurdas que nos aten a una vida futura inexistente que nos distrae de la única y maravillosa vida que tenemos, la cual vamos construyendo nosotros mismos a base de actos y hechos.
El mejor legado que podemos dejarle a las generaciones futuras, es una sociedad más racional, mejor dotada para pensar por sí misma y para analizar cualquier idea existente de manera objetiva. Si sucediera esto, estoy seguro que se acabarían las guerras absurdas, la discriminación sin fundamento, los odios gratuitos y los dogmas irrefutables, inamovibles y “sagrados”.

martes, 29 de julio de 2008

El Origen del Pensamiento Religioso

Una pregunta que nos hemos hecho todos al menos alguna vez es la siguiente: ¿Qué implicaciones tiene el pensamiento religioso en las sociedades humanas? Es decir, casi desde que el ser humano hizo su aparición en el planeta existe el pensamiento religioso y mágico.
Pero, ¿cómo nació esta cosmovisión en el ser humano? ¿Qué factores influyeron en la aparición de este conjunto de ideas?
Yo creo que todo se puede resumir en tres fases. La primera fue la fase de asombro y maravilla ante la naturaleza. Hace algunas decenas de miles de años, cuando el ser humano vivía en tribus nómadas y la tecnología se encontraba aún en pañales, la vida transcurría en medio de peligros, muerte y exploración del mundo. Nuestro gran cerebro y nuestra capacidad de razonar y de hacernos preguntas de tipo filosófico aparecieron con nuestros primeros ancestros. La contemplación de la naturaleza empezó por esas épocas. Recordemos que el ser humano no sabía nada de lo que hoy sabemos; es decir, no conocía el funcionamiento de los diferentes procesos naturales ni los mecanismos biológicos, físicos y químicos que rigen a toda la materia. Ellos veían objetos como el sol y las estrellas y sentían un gran asombro y curiosidad; pero no se explicaban qué era lo que veían, ni por qué aparentemente se movía.
Entonces se dieron cuenta de que gracias al sol ellos tenían luz, comida, calor; gracias a él podían realizar sus actividades diurnas, y a la vez, se encontraban regidos por su presencia o ausencia. Al ponerse el sol, la actividad humana se veía reducida y surgían mayores peligros que los que habían a la luz del día.
Así, vieron que todas sus actividades dependían del sol. Y fue así como surgió uno de los primeros dioses: el Dios Sol. Esto pudo haber sucedido con muchos objetos o sucesos naturales: las lluvias, los rayos, los truenos, el mar, etc.
Esta primera etapa de asombro y reverencia llevaron a nuestros ancestros a fabricar explicaciones simples que explicaran tal maravilla, y fue ahí cuando las primeras ideas religiosas surgieron.
De todos modos, no olvidemos que nuestros primos los Neandertales habían desarrollado también un sentido de la religiosidad importante, al enterrar a sus muertos y cuidar sus restos como sagrados. Aunque esto pudo haber sucedido en una etapa posterior a la descrita.
La segunda etapa fue la antropomorfización de los dioses creados a partir de la naturaleza. Hasta este momento se tenían dioses abstractos y dioses materiales: fuerzas naturales y objetos naturales.
Pero luego surgió la necesidad de crearlos a nuestra imagen y semejanza, la necesidad de crear dioses con los cuales pudiéramos comunicarnos y en los cuales pudiéramos depositar nuestras esperanzas y temores: una especie de figura paternal.
Fue así como surgieron los primeros dioses antropomorfos. Dioses que tenían atributos humanos, representados mediante figuras humanoides y con carácter y personalidad definida. Un ejemplo de estos primeros dioses los encontramos en grandes culturas antiguas como la griega, la egipcia, y la hindú. En estas, los dioses representaban a fuerzas de la naturaleza o a algún objeto o animal, pero a la vez, poseían características claramente humanas. Esto surgió mucho antes de las grandes civilizaciones, pero es en éstas últimas en donde se pueden ver dioses más elaborados y acabados conceptualmente. Ejemplos de estos dioses son Anubis (cabeza de chacal y cuerpo de humano), Zeus (Dios antropomorfo que representaba al cielo y al trueno) y Ganesha (el dios con cabeza de elefante y cuerpo humano), respectivamente.
Y una última etapa la constituye la utilización de estos dioses e ideas para manejar el poder militar y del Estado.
Aquí ya podemos ver a minorías manejando grandes masas de gente bajo una religión en particular y bajo las leyes de uno a varios dioses. Esta característica se ha mantenido hasta nuestros días, incluso fundiéndose las tres etapas en una sola ideología.
Como hemos podido ver, estas tres etapas fueron apareciendo sucesivamente en el tiempo, pero una no reemplazó a la otra, sino que fueron añadiéndose a las ideas de la etapa anterior, formando ideas más complejas con el pasar del tiempo y con la evolución y deriva de estas ideas.
Pero algo importante que rescatar de todo esto es el hecho de que la explicación del origen del pensamiento religioso es razonable e históricamente comprobable y evidencia muy bien que Dios o los dioses de cualquier cultura no son nuestros creadores, sino que nosotros hemos sido los creadores de dioses durante miles de años.

viernes, 25 de julio de 2008

La Biología de la Homosexualidad

La homosexualidad ha sido durante mucho tiempo objeto de crítica destructiva, discriminación y abuso. De esto se han encargado exitosamente las diferentes doctrinas religiosas existentes a lo largo de la historia. Pero desde hace unos años, las causas de la homosexualidad han empezado a ser develadas.
Mencionaré dos factores que inciden en un comportamiento de este tipo, y ya que hablamos de religiones, centraré el tema en el ser humano. De todos modos, es conveniente mencionar que en el mundo animal existen miles de especies que muestran comportamiento homosexual. Se han observado y estudiado desde hace algunos años, pero incluso estos estudios han sido vetados por los más conservadores, afirmando que son ¡“comportamientos anticristianos”!.
Pero adentrándonos ya en el tema, haré un análisis de dos factores importantes: el factor biológico y el factor social y psicológico. Las causas biológicas tendrían que ver con alteraciones en algunos genes del desarrollo o algún otro factor que influya en el nivel hormonal, y el reconocimiento químico entre sexos. Se pueden notar también diferencias en la anatomía cerebral en una zona en especial en el cerebro, la cual varía de acuerdo al sexo. Los individuos homosexuales muestran en dicha zona, un mayor parecido al cerebro del sexo opuesto. De todos modos hay que tener en cuenta que la naturaleza no es perfecta, por lo que siempre vamos a encontrar individuos con algunas características que suponen desventajas en cuanto a la reproducción. Aunque aquí habría que acotar algo muy importante. Estudios recientes han llegado a la conclusión de que un grupo de genes son responsables de este tipo de comportamiento, pero lo interesante es que al parecer un incremento en la tasa de fertilidad va asociado con la homosexualidad; es decir, ambas al parecer se correlacionan positivamente.
Otra cosa que hay que tener en cuenta y que explicaría el hecho de que existan personas homosexuales y bisexuales, es el hecho de que la naturaleza en general es continua, es decir, los complejos sistemas ecológicos, así como los celulares y moleculares son continuos. Esto explicaría el hecho de que existan individuos bisexuales: la homosexualidad tiene niveles, por lo que una persona con un alto nivel de tendencia homosexual, por decirlo de una manera, va a tener inclinación exclusivamente hacia miembros de su mismo sexo, mientras que una persona que tenga un nivel bajo de tendencia homosexual va a sentirse atraído tanto hacia miembros de su propio sexo como hacia miembros del sexo opuesto.
Así como una característica como el altruismo presenta niveles variables entre individuos, la homosexualidad también los tiene.
Por otro lado, el factor social al que hice mención causa un efecto significativo al menos en algunas personas. Tiene que ver con traumas o experiencias en niños, lo cual podría crear conflictos internos y confusión. Todo esto sucede a nivel psicológico. Así que deberíamos recordar que el ser humano es una especie que se rige por los memes además de los genes, lo que explica el hecho de que un factor social altere el comportamiento cuando se encuentra relacionado a factores de otro tipo. De hecho, para que un individuo vea afectado su comportamiento sexual debido a motivos sociales y psicológicos, debe haber un ingrediente de todos modos asociado a estos, porque de lo contrario, es posible que el comportamiento homosexual no tenga lugar. Este requisito es que dicho individuo presente algún nivel de homosexualidad, quizás tan mínimo que en condiciones normales no afectaría su comportamiento: sería imperceptible incluso para él mismo; pero si este individuo sufre algún trauma psicológico es muy probable que esa tendencia se vea considerablemente incrementada.

Ahora, como siempre, viene al caso hablar de las implicancias religiosas acerca de este tema en particular. Las religiones consideran a los homosexuales como personas pecadoras e influenciadas por Satanás. Esto es algo que los homosexuales, ya sean varones o mujeres, han tenido que soportar durante siglos. Pero evidentemente, lo único que puede llegar a crear odios, resentimientos y discriminación, además de generar prejuicios con respecto a la moral de las personas, es una alta cuota de ignorancia. Y esto es lo que sucede con el pensamiento religioso: la ignorancia acerca de muchísimos temas naturales y la literalidad con la que se toman algunos escritos como la Biblia o el Corán, generan toda esta aversión hacia las personas homosexuales.

Si queremos un mundo justo y humanista, debemos primero conocer nuestra naturaleza y los procesos biológicos que la rigen para luego poder emitir alguna opinión acerca de cuestiones como la homosexualidad (entre otras) que tenga cierta validez y fundamento racional.
Las religiones, por el contrario, son desnudadas y derrumbadas cada vez más a medida que nuestro conocimiento aumenta. Como dijo Thomas Henry Huxley, "el nacimiento de la ciencia fue la muerte de la superstición". A lo cual yo añadiría: "...y además fue la base que pudo fundamentar y fomentar una lucha en contra de los abusos religiosos de cualquier índole".
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miércoles, 23 de julio de 2008

El Mito del Alma Humana.


Si pensamos acerca de alguna cosa que consideramos real y razonable, y que hemos concebido desde que éramos tiernos infantes, una de las primeras cosas que mencionaríamos sería el alma humana.
Durante años nos hemos detenido al menos un momento a pensar qué es lo que mueve nuestro ser, lo que nos hace ser nosotros mismos, quedándonos muchas veces sin respuestas materialistas y naturales ante tal cuestionamiento. Producto de este asombro y desconcierto inicial, concluimos que nuestra alma o espíritu es lo que nos hace ser seres humanos individuales y únicos, lo que nos hace ser “nosotros mismos”.
Pues, en este artículo explicaré algunas falacias lógicas de esta forma de pensar y algunos argumentos que hacen ver que lo que llamamos alma es una serie de procesos biológicos netamente materiales y naturales, moldeados por el proceso evolutivo.
Primero que nada, debemos analizar la concepción de alma o espíritu, y para ello utilizaré la definición religiosa de ésta palabra que la R.A.E. nos muestra:

Alma: En algunas religiones y culturas, sustancia espiritual e inmortal de los seres humanos.”

Es decir, el alma se considera como una energía. Los problemas de esta afirmación o suposición, han sido explicados en parte en uno de mis artículos anteriores dividido en dos partes: La Imposibilidad de lo Sobrenatural I y La Imposibilidad de lo Sobrenatural II. ¿Pero qué otras implicancias tiene el concepto de alma? Normalmente se considera que los humanos somos los únicos seres vivos poseedores de alma (según lo que las religiones nos dicen). Si este fuera el caso, y realizáramos un simple análisis evolutivo, empezarían a surgir las contradicciones. Veamos cómo es que sucede esto haciendo una regresión en el tiempo geológico. Supongamos que nos remontamos un poco hacia atrás en el pasado hasta llegar a nuestro antecesor más próximo: alguna especie de homínido bípedo muy similar a nosotros en cuanto a sus características generales. Asumimos que este homínido tiene alma también. Ahora retrocedamos mucho más hasta llegar a nuestros antepasados cuadrúpedos; por ejemplo, los insectívoros primitivos. Entonces asumamos que éstos también tienen alma. Ahora llevemos esta regresión hasta límites en los que la posibilidad de un organismo con alma ya se haría más difícil según la concepción que de ésta se tiene. Retrocedamos hasta nuestros ancestros bacterianos. ¿Una bacteria podría tener alma?... Asumamos que sí por el momento. Ahora retrocedamos a los primeros replicadores orgánicos, los precursores del ARN y el ADN. El alma en estas moléculas ya se hace más incompatible desde todo punto de vista. Y si vamos más atrás aún, llegaremos al límite entre el nivel atómico y el molecular. Pues, la pregunta del millón en este punto volvería a ser la misma: ¿una molécula o un átomo pueden tener alma?
Después de este simplificado y breve análisis nos damos cuenta de que para que el ser humano tenga alma, necesariamente ésta tiene que haber sido heredada de sus ancestros, y éstos ancestros tienen que haberla heredado a partir de sus ancestros, y así hasta llegar al origen de la vida. Otra posibilidad sería que ésta alma haya aparecido y evolucionado junto a las demás estructuras biológicas. Si esto último fuera tomado como respuesta, entonces no cabría darle al alma la etiqueta de “divino”, sino de natural. Una última posibilidad sería que el mismo Dios nos da el alma al nacer, pero sería aún más contradictoria, porque tendríamos que analizar primero la existencia de Dios (cuestión que tiene tanta evidencia y lógica como la del alma misma, es decir, nula) y preguntarnos en qué momento de nuestro desarrollo se nos “instala” el alma. Pero el problema de cualquiera de estas explicaciones es que simplemente no hay evidencia alguna de ninguna entidad o energía llamada alma; nada que cumpla las características o se acerque a algo parecido. Por el contrario, la explicación natural y materialista de este fenómeno es mucho más asombrosa y lógica, además de existir numerosas evidencias y estudios que apuntan en ésta dirección.
La complejidad del cerebro humano es realmente elevada. Los sistemas nerviosos en el mundo biológico son extremadamente complejos y aún misteriosos hasta cierto punto. Pero hay una frase que resulta ser muy cierta:

Que no sepamos la explicación de algo, no significa que eso no tenga explicación; sí la hay, simplemente que no la sabemos aún”.

Hoy en día, se conoce bastante acerca del funcionamiento cerebral, de la evolución de la consciencia (distíngase de conciencia) y de las interacciones neuronales y las respuestas que éstas producen ante las diferentes situaciones a las que se ve sometido el individuo. Sin embargo, aún no se conoce todo, por lo que muchas cosas siguen pareciendo asombrosas, y aún son objeto de estudio. Pero, como dije antes, muchos hechos apuntan hacia una sola dirección: el “yo” como producto de millones de complejísimas reacciones producidas en el cerebro humano. Esta capacidad que tenemos de analizar nuestro mundo, autoanalizarnos y filosofar hasta de cuestiones que van más allá de la imaginación común, son lo que nos hace ser humanos. El “yo” construido gracias a estas complejas interrelaciones neuronales es algo quizás difícil de entender para muchos, pero también algo mucho más cimentado en pruebas y experimentos que cualquier otra hipótesis que trate de explicar este fenómeno.
Para muchos, es más fácil pensar en algo relativamente simple como el alma como único candidato para albergar lo que llamamos “yo”; lo que nos hace seres individuales y únicos. La simplificación y las respuestas inmediatas y fáciles son, en muchos casos, las mejores respuestas aceptadas por el común de los seres humanos, y no se trata de criticar a la humanidad en el sentido estricto y negativo de la palabra, sino de entender por qué sucede esto. Quizás este facilismo sea (o haya sido) una ventaja adaptativa, una adaptación darwiniana útil para nuestros antepasados y seleccionada con el paso del tiempo hasta difundirse por toda la población humana. Pero lo que nos hace diferentes, es el hecho de darnos cuenta de que somos más que nuestros genes; es decir, nuestros genes y nuestro comportamiento, evolucionados y modificados durante millones de años, tienen limitaciones como todo sistema natural. Así que depende de nuestra consciencia y nuestra capacidad de razonar y analizar, para desligarnos de éstos impedimentos y estrechez de miras en cuanto a la naturaleza de las cosas. Aplicar la navaja de Occam es válido en muchas ocasiones, pero evidentemente, no siempre lo será. En este caso, la explicación más sencilla, que es la afirmación de la existencia del alma, no es la correcta.
Y para concluir este tema, del que habrían muchas cosas que decir, resumo mis argumentos: Primero están la falta de lógica y de sentido de un alma que evolucione junto con las estructuras biológicas, cuestión de la cual se desprenden preguntas fundamentales como ¿de dónde proviene dicha alma? ¿de qué está conformada dicha alma? ¿dónde se ubica espacialmente el alma? ¿acaso está en cada célula, sólo en el cerebro, o va más allá de nuestro cuerpo material (a manera del famoso fenotipo extendido de Dawkins)? Todas estas preguntas son incontestables bajo el punto de vista científico, y menos desde el religioso y metafísico, ya que estas dos últimas formas de pensar ni siquiera consideran aspectos biológicos ni lógicos.
Como segundo punto está la imposibilidad de tal entidad bajo el punto de vista de la materia y la energía; si no pertenece ni a una ni a otra, ¿entonces qué es? Tendría que ser una sustancia ajena a este mundo natural, pero el problema de ello es que si tiene relación con nuestro cuerpo material y está ligado a él de algún modo, entonces bien podría ser factible estudiarla y medirla; sin embargo tal cosa no ha sucedido jamás ni hay atisbo de que suceda nunca, simplemente porque la sola serie de suposiciones caen en muchas contradicciones.
Y por último, la abrumadora evidencia que suponen los numerosos estudios científicos acerca del cerebro y del comportamiento humano, así como la evolución de este último y la aplicación de los conceptos de la integradora biología evolutiva en este tema.
Se podría decir que el alma existe sólo en las mentes humanas, tal como sucede con el concepto de Dios. A menos que a la complejidad material que genera constantemente el cerebro se le decida llamar alma (como término práctico, más que como concepto literal), no hay justificación alguna para suponer su existencia.

domingo, 20 de julio de 2008

Humor Ateo II (Los Diez Mandamientos)

Otra gran performance del genial George Carlin acerca de los diez mandamientos. Magistral visión y conclusión. Disfrutenlo.


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domingo, 13 de julio de 2008

Humor Ateo I (La Religión)

Aquí les dejo un fragmento de una presentación del gran comediante George Carlin. Su estilo me gusta porque habla las cosas claras, pero con gran sentido del humor. Bueno, Uds. mismos véanlo.

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sábado, 12 de julio de 2008

Efecto Fundador y Cuellos de Botella en la Evolución.

El efecto fundador es un concepto acuñado por el célebre Ernst Mayr para referirse a aquellas poblaciones que han sido originadas por unos pocos individuos para luego alcanzar un gran número. Estos casos son muy comunes en varias islas oceánicas colonizadas por algunas poblaciones divergentes que constituían una pequeñísima parte de una población más grande. Debido a que las poblaciones colonizadoras tienen más probabilidad de presentar frecuencias génicas diferentes entre individuos, la deriva génica es mayor a medida que la población va creciendo. Esto produce una disminución considerable de la variabilidad genética dentro de la población.
Una cuestión que se cumple en las diferentes poblaciones biológicas es que, en una población grande la deriva génica es mucho menor que en una población pequeña. Por lo tanto, en una población grande la variabilidad genética va a ser alta, mientras que en una población pequeña, la variabilidad será muy baja.
Un fenómeno muy similar, pero causado por cuestiones muy diferentes es el llamado cuello de botella. Un cuello de botella ocurre, por lo general, cuando una población queda al borde de la extinción u y luego se recupera. Este es el caso de los guepardos (Acynonyx jubatus), los cuales en tiempos pasados quedaron al borde de la extinción total, pero que lograron sobreponerse en cierta medida. Debido a que el número de sobrevivientes fue muy pequeño, del orden de unos pocos cientos o miles, las poblaciones actuales de guepardos presentan tasas endogámicas muy altas, y de paso, corren un doble riesgo: la alta incidencia de expresión de alelos recesivos, lo cual podría traer consigo un incremento en patologías y otros males para la especie; y por otro lado, la alta dependencia de las poblaciones de sus presas potenciales: las gacelas. Como son animales especializados, en caso de que sus presas se extingan, no tendrán la capacidad de adaptarse con rapidez y efectividad a la nueva situación, por lo que corren el gran riesgo de extinguirse en su estado salvaje.
En el caso de las poblaciones humanas, se ha hablado siempre de historias como las de Adán y Eva, y similares, de acuerdo a las diferentes culturas que han existido. Estos relatos son, evidentemente, sólo mitos y leyendas, que nada tienen que ver con la naturaleza en sí.
Sin embargo, hay algo de cierto en estas historias. Una población sí puede originarse a partir de unos pocos individuos (incluso dos) y sobrevivir varias generaciones. El problema de esto, es la calidad de dichas poblaciones.
Si bien es cierto que una población puede originarse de dos o unos pocos individuos, constituyendo lo que se conoce como efecto fundador extremo, la calidad de la población en cuestión no será la mejor. En esta situación, la variabilidad genética dentro de la misma será muy pobre, lo suficiente como para impedir una adaptación o una respuesta frente a algún cambio brusco en el ambiente. Otra consecuencia, como ya se mencionó líneas arriba, es el incremento notable en la probabilidad de que aparezcan enfermedades recesivas perjudiciales en dichas poblaciones.
Un ejemplo claro del cuello de botella en humanos lo constituye el hecho de que en la actualidad, la variabilidad genética de la población mundial es mucho menor a la variabilidad en chimpancés o gorilas, por ejemplo. Esto quizás se debe a que en algún momento de nuestra historia evolutiva, sufrimos alguna merma considerable en número, ya sea producto de enfermedades pandémicas o de otros factores de tipo ecológico.
En algunas comunidades como los Amish estadounidenses y los Mlabri tailandeses, en las que existen tasas asombrosamente altas de endogamia y, por ende, de expresión de los alelos recesivos que causan enfermedades y males, se pueden evidenciar los dos procesos analizados en el presente trabajo: el efecto fundador y el cuello de botella, respectivamente.
En los Amish, son factores religiosos fundamentalistas los que han hecho que se formen comunidades aisladas tanto reproductiva como socialmente, de otras comunidades del país. En estas comunidades se evidencia principalmente un tipo de enanismo asociado a polidactilia muy raro en la población mundial, pero que aquí es relativamente común. Esto se debe a que, de los aproximadamente 20 fundadores de dicha comunidad, al menos uno era portador de un alelo recesivo de esta característica.
En el caso de los Mlabri, lo que ha originado tal escasez de variabilidad genética, es el hecho asombroso de que dicha comunidad fue iniciada por dos personas: un hombre y una mujer, o quizás una mujer y dos o tres hombres. Durante algunos siglos, esta comunidad se ha desarrollado en una especie de aislamiento geográfico y reproductivo, lo que ha causado asombrosos parecidos genéticos entre los individuos que la conforman. Lo que no se sabe a ciencia cierta es si dicha condición se ha producido como efecto de una disminución de la población en algún momento (cuello de botella), o por efecto fundador extremo, en el que los fundadores de la población emigraron hacia tierras nuevas y establecieron su propia comunidad, como es el caso de los Amish.
Como se puede ver, los cuellos de botella son sucesos relativamente frecuentes en la naturaleza. Constituyen sucesos naturales (y en ocasiones artificiales y sociales) y forman parte del gran conjunto de hechos naturales que determinan y han determinado los procesos evolutivos a lo largo de la historia de nuestro planeta.

miércoles, 2 de julio de 2008

¿Diseño Inteligente?

¿Es el Diseño Inteligente (DI) una hipótesis aceptable en términos científicos? ¿Tiene algún asidero estable y firme en los hechos naturales, o simplemente es un intento desesperado de parte del creacionismo para defender sus dogmas desde dentro del ámbito científico?
Primero hay que definir qué es el Diseño Inteligente. El DI renace hace unos pocos años basándose en las afirmaciones de William Paley, allá por el siglo XVIII. Paley usaba una analogía (muy famosa hoy en día y refutada ampliamente por Richard Dawkins en El Relojero Ciego) para explicar la existencia de un creador y su “marca” presente en todos los seres vivos.
Esta analogía consistía en lo siguiente:

Si uno va andando por el campo, y se encuentra un reloj, podemos asumir que éste ha sido previamente fabricado por un relojero. El reloj no apareció ahí de la nada. De la misma manera, todo lo que existe en el Universo ha sido, necesariamente creado por un ente superior, ya que la sola presencia de seres vivos y de material geológico y estelar, es evidencia de ello.”

Como podemos apreciar, el razonamiento utilizado por Paley es circular; no demuestra nada.
Esta explicación había caído un poco en el olvido, pero ya en las dos últimas décadas del siglo XX, se recogió el trabajo de Paley y el de otros creacionistas para armar lo que se conoce hoy como el DI.
Philip Johnson, William Dembski y Michael Behe, abogado, filósofo-matemático y bioquímico, respectivamente, son los tres mayores representantes del DI.
Lo que postula el DI es que la complejidad biológica existente es producto de la acción de un ser inteligente, el Creador. Para este menester, se acuñó un concepto: el de la complejidad irreductible. La complejidad irreductible se refiere a que una estructura biológica tiene un diseño y funcionalidad tales que si una sola pieza o parte de dicha estructura fuera removida, la estructura perdería su función por completo. Como ejemplo, mencionan al ojo humano. La pregunta que se hacen los creacionistas del DI es: ¿Acaso sirve medio ojo, o un cuarto de ojo? Y de este cuestionamiento basado en sus premisas (erradas, como veremos luego), surge el esperado ataque al proceso evolutivo.
Más o menos así es el razonamiento de los partidarios del DI: Como una estructura no puede funcionar si se extrae aunque sea una sola pieza, entonces el proceso evolutivo no puede darse por el simple hecho de que dicha estructura no puede admitir variante alguna, y mucho menos provenir de una estructura con complejidad menor.
En artículos anteriores, he tratado de argumentar y explicar por qué la hipótesis del DI no es científica y parte de una premisa errada. Estos artículos son La Evolución del Ojo y La Evolución del Flagelo Bacteriano.
Vayamos a la premisa principal de la que parte el DI: la complejidad irreductible. Esta complejidad irreductible, la cual implica un diseño inteligente, no es más que una ilusión de la naturaleza. El hecho de que podamos apreciar organismos muy bien adaptados a sus medios o estructuras que funcionan muy bien cumpliendo una cierta función, no quiere decir que estos organismos hayan sido creados deliberadamente por un ser inteligente ni que sus funciones sean únicas y perfectas. Ya hemos hablado en artículos anteriores acerca de la redundancia de las estructuras biológicas y de las imperfecciones que existen en todo ser vivo.
El error principal de los creacionistas del DI es tomar como base de todo su estudio y como punto de partida, la existencia de un dios creador. Es esta la verdadera causa de todo lo que viene a continuación. Ojo, que he dicho un dios creador y no un dios a secas, que son cosas muy diferentes. El primero es más parecido al Dios de la Biblia, mientras que el segundo tiene mayor similitud con un dios que está ahí, pero que deja que la naturaleza siga su curso.
Desde que se asume la existencia de un dios creador, como el dios bíblico, se tiene que asumir luego que todos los organismos están diseñados perfectamente y, por lo tanto, que el proceso evolutivo es una mera invención de un grupo de científicos.
Pero, ¿qué sucede con las evidencias? En E.E.U.U. ha habido una serie de juicios para determinar si la evolución se debe enseñar en las escuelas públicas o no. En muchos de estos juicios, los creacionistas del DI simplemente no daban respuestas satisfactorias ante las numerosas evidencias científicas que apoyan la evolución, así como tampoco daban una explicación de por qué los numerosos estudios e investigaciones en biología evolutiva podrían estar errados.
Como era de esperarse, este movimiento se encuentra muy bien financiado por la Institución Templeton, la cual apoya e incentiva a que se realicen estudios que tengan que ver con el creacionismo.
De hecho, es evidente que mientras haya influencia religiosa en países desarrollados como E.E.U.U. u otros, seguirán existiendo estas instituciones que no hacen mas que entorpecer la investigación científica de verdad.
Las implicancias de la hipótesis del DI van más allá de lo que podemos suponer, ya que no sólo influye en un debate cada vez más acalorado acerca de algo que ni siquiera debería estarse discutiendo. El tiempo y los recursos por parte de ambos bandos, están siendo utilizados en probar algo que, por un lado, ya está probado, mientras que por el otro, se realizan esfuerzos en vano por probar fehacientemente algo que parte de una premisa totalmente errada.
La forma de trabajar del DI, es evidentemente anticientífica. Por este motivo, no puede considerársele como una hipótesis científica. Sí es una hipótesis, pero para nada científica.

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