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lunes, 7 de junio de 2010

Análisis Evolutivo. La Naturaleza de la Selección Natural. Parte 3

La selección natural no es ni aleatoria ni progresiva.

La evolución por selección natural se caracteriza a veces como un proceso aleatorio, pero nada puede estar más lejos de la realidad. La evolución por selección natural no es aleatoria, ya que aumenta la adaptación al ambiente.
Sin embargo, como los ejemplos del VIH, de los pinzones y del panda demuestran, el proceso de selección no aleatoria está completamente libre de cualquier intencionalidad consciente. Realmente Darwin llegó a rechazar la frase acuñada “seleccionada naturalmente” porque la gente creía que la palabra selección implicaba un acto consciente o la elección por algún ser. No ocurre nada de esto.
Además, aunque la evolución tiende con el tiempo a aumentar la complejidad, el grado de organización y la especialización de los organismos, no es progresiva en el sentido de conducir hacia algún objetivo predeterminado. La evolución hace organismos “mejores” solo en el sentido de aumentar la adaptación a su ambiente. No hay una tendencia inevitable hacia formas más avanzadas de vida. Por ejemplo, las tenias actuales no tienen sistema digestivo y han evolucionado realmente para ser más simples que sus antecesores. Las serpientes evolucionaron a partir de antecesores que tenían extremidades. Las aves más primitivas del registro fósil tenían dientes.
Desgraciadamente, una visión finalista de la evolución tardará en desaparecer. Incluso Darwin tenía que recordarse a sí mismo lo de “nunca usar las palabras superior o inferior” cuando se discutían relaciones evolutivas. Es cierto que algunos organismos descienden de linajes antiguos y otros de linajes más recientes, pero todos los organismos del registro fósil y los que viven en la actualidad fueron adaptados a sus ambientes. Todos ellos son capaces de sobrevivir y reproducirse. Ninguno es “superior” o “inferior” respecto de cualquier otro.

La eficacia no es circular.

La Teoría de la Evolución por selección natural se critica a menudo (no por biólogos) de tautológica, o circular en su razonamiento. Es decir, después de revisar los cuatro postulados de Darwin, se podría decir “Desde luego, los individuos con variaciones favorables son los únicos que sobreviven y se reproducen, debido a que la teoría define como favorable la capacidad para sobrevivir y reproducirse.”
La clave para resolver el problema es darse cuenta de que la palabra “favorable”, aunque es una abreviatura cómoda, es falsa. El único requerimiento para la selección natural es que ciertas variantes lo hagan mejor que otras, como opuesto a las aleatorias. Siempre que un grupo no aleatorio de la población sobreviva mejor y deje más descendientes, se producirá selección natural. En los ejemplos que hemos analizado, la investigación no solo determinó qué grupos no aleatorios sobrevivieron a un hecho selectivo, sino también descubrió por qué se favoreció a dichos grupos.
En el presente también debería tener sentido que la eficacia darwiniana no es un valor abstracto. La eficacia se puede medir en la naturaleza. Se hace contando los descendientes que producen los individuos durante su vida u observando la capacidad de los individuos para sobrevivir a un suceso selectivo y comparando la actuación de cada individuo respecto de otros individuos de la población. Éstos son criterios objetivos, independientes y mensurables para estimar la eficacia.

La selección natural actúa sobre individuos, no sobre grupos.

Uno de los errores más persistentes sobre la selección natural, especialmente la selección en el comportamiento animal, es que los individuos realizan acciones por el bien de la especie. El autosacrificio, o comportamiento altruista, se da en la naturaleza. Los perritos de las praderas hacen llamadas de alarma cuando se aproximan los predadores, lo que dirige la atención hacia ellos mismos. Las leonas a veces cuidan cachorros que no son los suyos. Pero la selección no puede favorecer caracteres a menos que incrementen la eficacia de sus portadores en relación con la competencia individual. Si hay un alelo que produce un comportamiento realmente altruista, es decir, un comportamiento que reduce la eficacia del portador y aumenta la eficacia de otros, sería seleccionado fuertemente en contra. Como veremos en el Capítulo 10, se ha encontrado que todo comportamiento altruista que ha sido estudiado en detalle aumenta la eficacia del altruista, bien porque los beneficiarios del comportamiento son parientes genéticos muy próximos (como en los perritos de las praderas) o porque los beneficios son recíprocos (como en el cuidado de las crías en los leones).
Sin embargo, la idea de que los animales harán cosas para el bien de la especie está tan arraigada que consideraremos este punto una segunda vez. Consideremos de nuevo a los leones. Los leones viven en grupos sociales llamados manadas. Coaliciones de machos luchan para tomar posesión de la manada. Si un nuevo grupo de machos derrota en combate a los machos de la manada, los recién llegados matarán rápidamente a todas las crías. Estas crías no están emparentadas con ellos. Matar a las crías aumenta la eficacia de los nuevos machos, ya que las hembras volverán a ser fértiles de nuevo muy pronto y concebirán descendientes para los nuevos machos (Packer y Pusey 1983, 1984). El infanticidio está muy extendido entre los animales. Claramente, un comportamiento de este tipo no existe por el bien de la especie. El infanticidio existe, más bien, porque en ciertas circunstancias aumenta la eficacia de los individuos que lo realizan frente a los que no lo realizan.

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